Cada vez más cómoda con la vestimenta electrónica que ya aparecía en “Ceremonia”, La Bien Querida culmina el tríptico que se inició en octubre del pasado año con la publicación de “Premeditación”. Después vino la oscuridad de “Nocturnidad” y, finalmente, la explosión de “Alevosía”, echando el broche a esta historia de amor total. Hablamos de su cuarto álbum en una entrevista en dos actos, primero con Ana Fernández-Villaverde y después unos minutos más con David Rodríguez.

Cuando se publicó “Premeditación” comentabas que la idea de presentar el álbum en tres maxis tenía que ver, entre otras cosas, con la intención de que no ‘muriese’ demasiado pronto. Al margen de eso, ¿este formato ha condicionado también el resultado, el fondo del disco?

Una vez que estaba claro que lo íbamos a sacar en tres maxis, lo siguiente fue elegir el título. Como en los anteriores discos, yo quería palabras. Y no era tan fácil. Se me ocurrió esto de “Premeditación, nocturnidad y alevosía”, que además encajaba por muchos motivos. Los títulos también te sugieren un tipo de arreglo. Queríamos que cada maxi tuviera autonomía propia, pero que juntos formasen un todo.

Si “Nocturnidad” es el más oscuro, el último, “Alevosía”, parece casi una liberación…

Sí, es más abierto y con un toque épico. Viene a resumir toda la aventura del personaje.

En cuanto al sonido, parece claro que continúa el camino iniciado en “Ceremonia”, aunque con más matices…

Sí, totalmente. Es un poco más sofisticado. “Ceremonia” era más monocromático y éste es más abierto. Sigue siendo tecno-pop, pero más abierto.

¿Dirías que La Bien Querida ha encontrado su sitio, el traje con el que mejor se siente?

Sí, de momento sí. Pero tanto a David como a mí nos gusta estar todo el rato hacer cosas diferentes. Nos aburrimos de nosotros mismos y queremos innovar. No sé, eso del artistismo.

En “Alevosía” me ha sorprendido especialmente “Música contemporánea”. Siempre has señalado a Battiato como una de las referencias de La Bien Querida, pero nunca se había explicitado tanto…

Sí, sí, seguro. Cuando escribí esa canción me inspiré en Franco Battiato, directamente.

¿Antes a lo mejor resultaba impensable un tema así en un álbum de La Bien Querida?

Eso es. El hecho de dividir el disco y crear microsonidos nos daba un poco más de libertad, pero siempre con la idea de que al juntar las distintas partes tuviera cierta unidad. Creo que pasan cosas, mientras que en “Ceremonia” estaba todo más condensado. Es más divertido; o mejor, más entretenido. Es algo así como presentación, nudo y desenlace, hasta que explota.

La sensación es que, una vez encontrada la vestimenta, no os importa demasiado que se vean las costuras. Si algo tiene que sonar a Battiato, a New Order o Gary Numan, para qué ocultarlo, ¿no?

Creo que sí. Eso es lo que pienso. Esto ha pasado siempre. Siempre te vas a inspirar en cosas que ya se han hecho. Igual que luego a alguien le puede parecer inspirador lo que yo he hecho, vete a saber.

Volviendo a “Nocturnidad”, antes ya había cierto punto de mala leche en algunas canciones, incluso en “Fiesta”, como ocurría en “Sentido común”, pero ahora no sólo es eso, sino un tono amenazante, visceral, y eso que “Crepúsculo”, con ese punto de copla, no está tan lejos del esquema que dominaba en “Romancero”…

Sí, antes era más pop, y aquí hay cero amabilidad. Me dejé llevar. Pensé que “Nocturnidad” iba a ser un fracaso absoluto, que no iba a gustar a nadie, pero me tenía que arriesgar, porque me apetece hacer cosas diferentes. Salem fue nuestra mayor inspiración en este maxi. Intento no repetirme, aunque desde fuera lo mismo piensas que es muy parecido. Pero al final es que cada uno tiene una linea y es casi inevitable, no te puedes despegar de eso. He tratado también de cantar un poco diferente, por ejemplo en “Ojalá estuvieras muerto”, que suena más aguda, como gritando; “Muero de amor” es más épica; y en “Vueltas”, que es bastante histriónica, hago una especie de falsete, que me apetecía. Tampoco es que yo sea una gran cantante, pero defiendo mi canción. Queríamos que este disco fuese como un viaje en el que pasasen cosas. Hay menos guitarras eléctricas, y en cambio hay mucho sintetizador, porque por ejemplo “Geometría existencial” está hecha entera con sintes.

El equipo sigue siendo el mismo, con Sergio Pérez (Svper) de nuevo en las mezclas. ¿La clave está en moverse por terreno conocido?
Es que Sergio es muy importante. Es una especie de cadena: yo hago las canciones, David las arregla, Sergio las mezcla y luego Yves las masteriza. Funcionamos como equipo. Nos fiamos unos de otros. David y yo nos compenetramos muy bien, porque tenemos gustos musicales parecidos.

A la hora de afianzar este sonido, ¿ha tenido también algo que ver el buen resultado de los directos en la gira de “Ceremonia”, con el apoyo de Frank Rudow?

Es verdad que estamos más cómodos así. También es que empecé en la música con “Romancero”, tenía cero experiencia, y había cosas que salían bien, otras veces mal… Y ahora con Frank es que se implica más, es otro rollo.

¿Cómo te sentiste al hacer en acústico “Romancero” el pasado mes de diciembre, en una fiesta de Mondo en Siroco?

Era un reto. Habíamos publicado ya “Premeditación”, y el nuevo maxi iba a salir pronto, pero queríamos hacer algo diferente. Como en su momento fue disco del año con Mondosonoro, se nos ocurrió tocar el “Romancero”. Por cuestiones de logística, no se podía montar con banda, así que dije: “Lo hago sola”. Es que antes no tenía ni idea. Ahora estas más segura, aunque el respeto al público y a salir a escena no se te va nunca.

Sin hablar necesariamente de las letras y su significado, sí siento curiosidad por cómo trabajas en ellas. ¿Cómo es tu labor en ese sentido?

Me salen directas, no lo puedo evitar. Trabajo de una forma bastante metódica. Por las mañanas me levanto pronto, me siento con unos folios y empiezo a escribir. Luego cojo una frase de un lado, de otro. Y sigo componiendo con la guitarra, aunque esta vez con alguna variación, sobre todo en “Nocturnidad”. Por ejemplo, en “Crepúsculo” saqué una melodía con bajo y lo hice a partir de ahí.

Al entrar, casi lo primero que he visto es el tríptico de “Premeditación, Nocturnidad y Alevosía”. Recuerdo que alguna vez habías hablado de la estrecha relación que para ti existía entre música y pintura, en el sentido de composición, temática, cromatismo, armonías… ¿Esto se hace ahora mucho más real?

Bueno, es ya que nos metíamos en esto de hacerlo en tres partes, pensé en la idea de hacer un cuadro y dividirlo. Que fuera una obra de arte total; que estuviera la música, la pintura y luego también el cine, con los vídeos de Juanma Carrillo. Pero lo primero son las canciones. Estaba trabajando en una serie de bosques, con esa connotación mágica que tienen, y me encajaba, así que me puse a hacer uno específico para este disco. Luis Calvo siempre me estaba animando, porque me decía que las portadas las tenía que hacer yo, que la gente lo va a valorar, pero era un poco reacia. Al final le he hecho caso.

Terminamos con “Muero de amor”, la canción que el cierra “Alevosía”. Tiene un estribillo muy poderoso, va creciendo hasta que explota. ¿Qué puedes decir de ella?

Es como una canción clásica, inspirada en las de Manuel Alejandro, como las de Raphael o las que cantaba la Jurado. Ese es el origen, pero luego es la que a David más le costó a la hora de vestirla, porque no queríamos los típicos arreglos, así que pensamos en un rollo Depeche Mode. Estaba claro que iba a ser la última, que iba a cerrar la trilogía. Dudamos un poco a la hora de elegir en single, pero al final a “Música contemporánea” la veía más pop, y ésta es más canción. Si quieres David te explica un poco más.

Segundo acto. Ana abandona el salón para estar pendiente de su niña. La conciliación de la vida laboral y familiar, ya saben. David Rodríguez entra en escena.

– ¿Qué tal, qué quieres saber?

(Por no aburrir con las preguntas, vamos directamente a las respuestas)

El sonido

“Ceremonia” estaba hecho con dos cacharros. Y éste empezamos de forma parecida, con el mismo método, también porque es más fácil así, y es más cómodo hacerlo tú que tener que llamar a más gente. Sobre todo por un tema de comodidad. Hay mucha gente que funciona de esta manera, sin irse al estudio. En realidad nunca tuvimos un formato de grupo normal, porque el primero y el segundo, aunque son pop-rock, no están hechos como si fuésemos una banda. Incluso Kanye West graba en casa con un sampler, se lo lleva al mejor del mundo para las mezclas y la masterización, y suena de puta madre. Además, tenemos la ventaja de que, aunque yo soy un poco descuidado y cutre, Sergio Pérez es una máquina con las mezclas y lo hace subir todo como la espuma. Si todo el proceso lo acabara yo no sonaría tan mainstream o tan indie-mainstream. Luego, a raíz de que a Ana se le ocurrió lo de este nombre, pensé en dar una diferenciación. Que “Premeditación” tuviera un palo, “Nocturnidad” con un rollo más oscurito y la producción en esa línea; y Alevosía ya con otro punto más abierto. “Ceremonia” era una apuesta por el sonido tecno más puro, aunque hibiera algún ramalazo post-punk, y en este en cambio hay más escapes, más pop-rock, no es tan ortodoxo. Hay otros colores y otras formas.

Los arreglos

Estamos cuarto con cuarto. Ana me lo enseña, yo lo trabajo y le suele gustar. Si no, descartamos la canción casi directamente. Pero me suele decir que sí a todo. 

“Ojalá estuvieras muerto”

La idea es que fuese violenta, que diese una ostia. Pero ningún reparo; teníamos miedo si acaso de quedarnos cortos. La mezcla de Sergio está de puta madre, pero si hubiese sido más bestia tampoco habría pasado nada.

¿Y el ‘speech’ final?

Era una base que tenía yo para otra canción, y al la juntamos con otro tema de Ana. A final dejé ese ‘speech’ original. Es de una letra que tenía yo; la cambié un poco para adaptarla, aunque en realidad no se entiende, y así tiene un punto más de misterio.

“Muero de amor”

Es la que más nos ha costado. No rehuimos del tópico: si hay un momento de subidón de batería, pues lo ponemos. Incluso yo le decía a Ana que tenía que haber un solo de guitarra a lo Axl Rose, pero no me dejó. Ella veía la canción con un rollo Manuel Alejandro. Le di muchas vueltas, porque tiene un ritmo de tres por cuatro que no me daba mucho juego. Y empecé a fijarme en cosas: en OMD y “Maid of Orleans”, algo así, para darle épica.

Influencias

A veces intentas ser original y no vale la pena, porque parece que estás escondiendo la canción a la gente. Y con Ana lo que hay que hacer es sacar la canción arriba, que se entienda la letra, que siga su rollo y que llegue su mensaje. Si lo escondemos con vanguardismos y rollos raros, creo que mal vamos. El público de Ana al final lo que quiere es oír cómo canta al amor y esas cosas.

Nuevo público

“Romancero” en su momento tuvo mucho impacto. En cambio diría que estos últimos discos están gustando más a los críticos que a la gente en general, porque creo que conectáis con el mensaje musical mío, que es un poco pureta; suena vanguardista, pero al final es pureta; te recuerda a cosas de hace años, como a Gary Numan, el tecno-pop de OMD… Todo eso que escuchábamos cuando éramos jóvenes y nos ponía las pilas.

El acústico de “Romancero” (y un toque hipster)

Lo del acústico en Siroco estuvo bien, un poco lo que ya suponía. Que sería un karaoke, pero bueno, era una celebración. Ana tiene un público muy fiel que canta las canciones, y eso es súper guay, te hace sentir importante. Si hubiera seguido con el sonido de la maqueta, un poco más trabajado, hubiera funcionado igual. Ana tiene prejuicios, como tenemos todos, preferencias musicales, porque igual le gustaban cosas más modernetas, y eso yo se lo puedo dar. Lo puedo meter porque tengo ese toque hipster. O no, que ahora no se lleva, ya es antiguo, ahora estamos con Podemos, así que el siguiente lo mismo lo tenemos que hacer en plan Ismael Serrano o algo así.