Tras flirtear con la idea con varios discos conceptuales, la banda de Nueva Jersey Titus Andronicus se lanza de cabeza a la ópera rock con un trabajo sobre la locura y los limites del genio que bien podría considerarse biográfico. Su nombre, “The Most Lamentable Tragedy” (Merge/Popstock!, 15).

“Quizás se trate precisamente de eso: ¿qué hay más punk que hacer una ópera rock, hoy en día?”, se pregunta Patrick Stickles al otro lado del teléfono, antes de lanzarse a una inspirada (hay que reconocer que el tío sabe hablar) y airada (y que habla como si estuviera cabreado, aunque no directamente contigo) perorata (sólo consigo hacerle tres preguntas en más de veinte minutos de conversación) sobre qué es y qué no es punk. Habla tan rápido y con tal convicción en plan rompehielos que no tengo tiempo de decirle que claro, Patrick, si aquí todo estamos de acuerdo: el punk es romper con las convenciones, ir en contra de lo que se supone que debes hacer. Y eso es justo lo que hacen Titus Andronicus.

“Si lo tuyo es esa cultura de peluche, banal y con fecha de caducidad, perfecto, pero eso no nos interesa como grupo”

Su nuevo disco, “The Most Lamentable Tragedy”, es, directamente, una ópera rock, algo directamente kamikaze en la era de las listas de reproducción prefabricadas para cagar más blando, el modo shuffle y los artículos sobre las cien canciones que definieron el año aquiéncoñoleimporta. “Por supuesto que es una decisión totalmente consciente. Si lo tuyo es esa cultura de peluche, banal y con fecha de caducidad, perfecto, pero eso no nos interesa como grupo, no es nuestra historia y éste no es tu disco. Hacer una canción para subir a Youtube no nos interesa, no nos interesa hacer temas cuya única función sea satisfacer momentáneamente a la gente y ayudarles a pasar el rato”. Por eso su música aúna dos extremos a menudo poco relacionados: la urgencia y la rabia del punk con una intencionalidad que va más allá del simple berrido para reivindicar el papel del larga duración como obra de arte. “No queremos hacer politonos para el móvil. Queremos comunicar algo que no cabe en el espacio de un single de tres minutos, queremos hablar de algo que es imposible resumir en ese espacio”, explica. Aunque no puede decirse que sus canciones no funcionen de forma individual, si no todo lo contrario. “Pero es como ver escenas sueltas de una película. Las escenas pueden o no funcionar de forma individual, pero lo que importa es que cuando las juntas el total es más que la simple suma de las partes”. Una regla que también vale para el último trabajo de su banda, un disco que huye de gratificación inmediata y exige cierto compromiso al oyente, algo de cada vez más inaudito en el mundo del rock’n’roll. Algo muy punk, de nuevo. Y que se joda quien piense lo contrario.