El mismo Sánchez, de nombre Carlos, que durante años tocara la guitarra en Mercromina y más tarde sustanciara Gonzo junto a lo más granado de la escena post-Surfin Bichos albaceteña, a través de este “Esta tierra hostil” ha cogido de las solapas a todas sus influencias y referentes sonoros los ha metido en una inédita mezcladora y ha dado a luz un disco en el que sobre todo se lo pasa jodidamente pipa.

Ciertamente La Mancha es tierra baldía, como reza su primer disco hostil y en solitario, pero, ¿de verdad se pueden establecer paralelismos entre esa América profunda, que brota del crudo y verdadero sonido de Honky Tonky Sánchez, y los escasos arpegios que se pueden adivinar en un barbecho manchego? “Solo tienes que echarle un vistazo para darte cuenta que no, pero siempre me ha encantado esta llanura y los cambiantes cielos que la cubren”. El mismo Sánchez, de nombre Carlos, que durante años tocara la guitarra en Mercromina y más tarde sustanciara Gonzo junto a lo más granado de la escena post-Surfin Bichos albaceteña, a través de este “Esta tierra hostil” ha cogido de las solapas a todas sus influencias y referentes sonoros los ha metido en una inédita mezcladora y ha dado a luz un disco en el que sobre todo se lo pasa jodidamente pipa. “Digamos, que es el disco que he querido hacer desde que era un niño, y ahora con toda una vida de influencias y un mundo propio, ha llegado el momento de hacerlo. Y no creas que ha sido un puto camino de rosas, ni lo es. Tendré que seguir manchándome el traje y tragando arena, pero no pienso morder el polvo”. En estas nuevas hostilidades sonoras y terrenas ha contado con los mejores músicos que ha entendido para ello y todos estaban, no casualmente, en plena llanura abisal y manchega. “He tenido la gran fortuna de cruzarme con enormes músicos a lo largo y ancho de este camino. Todo el mundo no cocina igual, todo el mundo no ama igual, no bebe igual, no folla igual, no siente igual, no cree igual. Por eso es necesario todo este mundo de músicos, para entender este pequeño mundo de canciones; y daba la casualidad, de que ese extraño mundo estaba en Albacete”. Es irremediable sentir a Tom Waits en algunos de los temas del disco, pero también a Johnny Cash. Incluso hay ratos en los que parece que Chet Baker respira y tose cerca. “Me encantaría pasar una mañana en el taller de chatarra de Tom, con todos sus chismes e instrumentos extraños, me arremangaría bien, y esperaría que el maestro me dijera qué debo hacer. Cuando amaneciera, iría a ver a mi gran amigo, músico y torero Carlos Flan. Le llevaría churros y café, a su garaje, su tumulto de coches. Le contaría todo lo que he visto y nos reiríamos como posesos”. A la hora de descubrir cómo compone su cancionero de sangre, sudor y lágrimas Sánchez no duda. “Siempre he pensado que quien manda es la canción. Keith Richards dice que las canciones estaban en el aire, esperando, y que unas veces las pescas tú y otras veces te pescan ellas a ti. Creo en esa manera de pensar y de pescar”. Así es como las canciones tienen vida propia, son como mamíferos sin sexo determinado. “Algunas son bastante zorras, y te piden de todo, otras sin embargo son más complacientes, más agradecidas y se conforman con muy poco. Cuando me piden arreglos de vientos o coros gospel, me las hacen pasar putas y hacen que me vuelva loco. Para conseguírselo, me comporto de una manera más exigente y eso me hace ser ‘De la piel del diablo’”, que será -por cierto y en exclusiva mundial para Mondosonoro- el título de su segundo disco. Temas como “Lucky Man” parecen demostrar que por fin Dios –si lo hubiera o hubiese- cree de nuevo en Sánchez y aunque los guiños a lo crápula, lo fronterizo y límite son una constante en sus letras, parece que en el universo de HTS a la felicidad se llega siempre por el sur; y por ello debe ser que esos mismos textos saben casi más a Lorca y a los Panero que al sempiterno y recurrente Bukowski.