Hace veinte años, los británicos The Prodigy se convirtieron en punta de lanza de la escena post-rave, tendiendo puentes entre punk, rock y electrónica. Ha pasado el tiempo, pero aquel espíritu amenazante y macarra permanece vivo en “The Day Is My Enemy” (XL/Popstock!, 15). Para comprobarlo, nada mejor que su próxima actuación en el FIB 2015.

Fue el pasado mes de enero cuando Liam Howlett se vino arriba para reivindicar la importancia de The Prodigy, soltando en The Guardian aquello de que su banda merecía un reconocimiento al nivel de Oasis o Blur. En realidad es un discurso que el líder de la banda de Essex lleva manteniendo, con más o menos matices, desde hace años. “No es que sienta que estemos infravalorados, me importa una mierda todo eso; lo que realmente dije es que la gente siempre está hablando del brit-pop, pero no de lo importante que fue en aquel momento, y sigue siendo, la música electrónica, no sólo mi banda. De todas formas, ¿dónde está ahora el brit-pop? Nosotros aún estamos aquí, y la única manera de permanecer es haciendo buena música”. Ahora, además, no va de farol, porque “The Day Is My Enemy” suena sucio, agresivo y peligroso; The Prodigy en modo ataque, de forma tan violenta como hedonista. “Supongo que todo surge de las tensiones dentro de la banda y también de lo que está pasando a nuestro alrededor; así funcionan las cosas cuando estamos juntos en el estudio”. Este disco llega después de superar unos cuantos momentos complicados y también de que hace tres años desechara cinco temas que no iban en la buena dirección, arrancando de nuevo para recuperar el pulso, siempre con Liam Howlett como actor principal, aunque esta vez el concurso de Maxim y Keith Flint también haya sido determinante. “Es verdad que algunas veces, especialmente cuando estamos empezando con algo nuevo, me gusta encerrarme en mí mismo, pero después es un trabajo en grupo. Este álbum fue escrito de manera diferente al anterior, en el sentido de que grabamos primero muchas de las partes vocales e hicimos sesiones en directo en el estudio en vez de sentarnos a mirar la pantalla de un ordenador”.

De esa necesidad de sentirse vivos, de transmitir la rabia y no sólo contarla, surge este nuevo trabajo de los autores de “Music For The Jilted Generation” (94) o “The Fat Of The Land” (97). También ahí se encuentra la raíz de un corte como “Ibiza”, apuntando directamente a esos DJ’s cuya única preocupación parece ser la de mantener su estatus de superestrellas. “Jodidos vagos que se hacen llamar DJ’s y no son más que simples manipuladores de iPod. Están más preocupados de su bronceado y de agitar las manos en el aire que de otra cosa… ¡Estúpidos!”. El mensaje se completa con la presencia de Sleaford Mods, de quienes Howlett no duda en decir que hablan su mismo lenguaje. “Al principio no sabía muy bien si lo que estábamos haciendo sería para nosotros, para ellos o para un nuevo proyecto, pero en cuanto lo terminamos estaba claro que no era una colaboración aleatoria y descontextualizada, sino que encajaba en la atmósfera de este álbum”.