Da la sensación de que todo lo que ocurre en torno a The Jesus And Mary Chain o, lo que es lo mismo en torno al tándem formado por los hermanos Jim y William Reid, lo hace por inercia. Más aún después de hablar con el primero de ellos, quien nos atiende -con su proverbial tono amable pero poco proclive a devanarse los sesos- por teléfono desde su casa de Shaldon (Devon), una bonita localidad en la costa sur del Reino Unido.

“Damage And Joy” (Artificial Plastic Records/ADA/Warner, 17), disponible a partir del 24 de marzo, es su primer álbum en casi diecinueve años, pero han llegado a él más por insistencia de su propio entorno que por una sólida determinación. Al menos han tenido el olfato y el oficio de despachar un trabajo sumamente consistente con material compuesto a lo largo de los últimos diez años y que en ningún momento suena a caricatura de sí mismos. Los artífices de que aquella deflagración de ruido blanco y melodía incandescente que volteó la escena rock británica en la segunda mitad de los años ochenta retienen parte del mojo, aunque sea a base de parchear inteligentemente con retazos sonoros legados de su propio pasado un tapiz que, sobre todo, suena a los clásicos The Jesus And Mary Chain. Brian Young a la batería, Phil King al bajo y Youth (Killing Joke, U2, The Verve) a la producción dan forma a una colección de catorce canciones en la que destaca sobremanera la aportación femenina de Isobel Campbell (inevitable acordarse de Hope Sandoval y aquel Sometimes Always cuando uno escucha Song For A Secret), Sky Ferreira, Bernadette Denning (novia de William) y Linda Reid (hermana de ambos, de cuyo álbum al frente de Sister Vanilla en 2007 se recuperan y remozan ahora dos piezas). Hasta una relectura del “Song For a Secret”, facturado por Jim Reid en solitario en 2005, tiene su hueco aquí. Una digna faena de reciclaje, en cualquier caso. Autorreferencial, pero digna. El 29 de abril lo presentan en la Razzmatazz de Barcelona y el 30 de abril en La Riviera de Madrid.

“Nos olíamos que surgirían problemas entre nosotros dos en el estudio, y así fue cómo surgió la idea de que nos vendría bien un productor”.

Se ha venido publicando hasta ahora que el material del que se nutre Damage And Joy empezó a escribirse en 2007. Hay incluso una canción que se remonta a 2005, “Song For A Secret”, que fue tu primer single en solitario y ahora recuperáis para darle otro barniz. También “All Things Must Pass”, de 2008, una canción que fue vuestra aportación a la banda sonora de la serie “Heroes”. Cuando tuve la oportunidad de hablar contigo hace un par de años, me comentaste que el principal problema era que teníais diferencias entre tu hermano y tú sobre cómo enfocarlo. ¿Cómo lo habéis resuelto?
En realidad no era exactamente un problema, para serte sincero. El principal inconveniente es que nos creaba algo de nerviosismo meternos en el estudio juntos, teníamos miedo a que las cosas no salieran bien y nos quedáramos estancados durante dos meses en el estudio. Y no podíamos parar de discutir. Supongo que yo mismo tampoco estaba muy por la labor de volver al estudio, aunque William diría que sí. A mí me pesaba mucho aún el mal recuerdo de cuando grabamos “Munki” (1998). No me hice a la idea hasta que todo el mundo empezó a animarnos a volver a grabar.

Supongo que habréis tenido que hacer criba y dejar canciones fuera.
Sí, de hecho planeamos hacer otro álbum con algunas de las canciones que se quedaron fuera. Si este disco funciona bien, la gente da muestras de estar interesada en él y hay razones para grabar, tenemos canciones más que suficientes para hacer otro. Pero es mejor ver primero cómo nos va con este.

No sé hasta qué punto un título como “Damage And Joy” pretende resumir los aspectos negativos y positivos de mantener un proyecto durante tres décadas junto a un hermano con quien la relación no siempre es fácil…
Es la traducción literal del alemán schadenfreude (algo así como el sentimiento de alegría creado por la infelicidad del otro). Pero en realidad no tiene mucho que ver con lo que comentas. William lo vio escrito en algún lugar y le gustó. Le pareció una buena forma de expresar lo que tienes cuando compras un disco de The Jesus And Mary Chain: obtienes algo de daño y algo de alegría. Y eso parece que nos resume bien.

El álbum ha sido grabado en Londres, en Dublín y en Granada, donde está el estudio de Youth (Killing Joke, U2, The Verve) ¿Por qué habéis decidido contar con él a la producción? El álbum suena muy diverso. ¿Se ha encargado de producirlo entero?
Sí, más o menos. Tampoco es que hubiéramos decidido trabajar específicamente con él. Nos olíamos que surgirían problemas entre nosotros dos en el estudio, y así fue cómo surgió la idea de que nos vendría bien un productor. Alguien a quien pudiéramos implicar para resolver y desatascar el trabajo si teníamos problemas. Se lo explicamos a Alan McGee, y como él conoce a Youth desde hace muchísimos años, inmediatamente nos lo sugirió. Nos lo presentó, le explicamos nuestros problemas, y estuvo encantado de verse involucrado.

¿Ha aportado algo al sonido de The Jesus And Mary Chain, al margen de esa labor casi de gendarme entre vosotros dos?
Toca el bajo a lo largo de todo el disco, pero aparte de eso es muy fan de The Jesus And Mary Chain, y tenía una inclinación natural a tomar elementos de cada uno de nuestros álbumes del pasado e incorporarlos a este. Creo que ha recuperado cosas de cada uno de los periodos de la banda, y se las ha apañado para que todas ellas estén representadas en este disco.

“El ruido y el desparrame son importantes para nosotros, pero también lo son la melodía y la dulzura”.

Justo eso es lo que iba a decirte. Este disco no recuerda a ningún álbum en concreto, sino que parece una síntesis de toda vuestra carrera previa.
Esa era un poco la idea, aunque tampoco me gusta mucho planear cómo va a sonar un disco nuestro. Tuvimos que trabajar sobre la idea de que sería un álbum clásico de The Jesus And Mary Chain, eso sí.

Da la impresión de que hay un equilibrio muy conseguido entre la faceta más cruda y agresiva de vuestra música, temas como “Get On Home”, “All Things Pass” o “Mood Rider”, y la más pop, melódica e incluso dulce, como la que muestran “Always Sad, The Two Of Us” o “Black And Blues”. ¿Lo ves así?
Es probable. Como te decía, la idea era hacer un disco clásico de The Jesus And Mary Chain. El ruido y el desparrame son importantes para nosotros, pero también lo son la melodía y la dulzura. Todo ello va cogido de la mano.

Es el álbum de The Jesus And Mary Chain que cuenta con más colaboraciones externas, y todas ellas por parte de mujeres. En seis de sus canciones. ¿Sentíais la necesidad de feminizar vuestra música o de encontrar ese contrapunto femenino en muchas de ellas?
En un momento de su gestación pensamos en la idea de hacer un álbum de duetos. Pero luego pensamos que, si iba a ser nuestro primer disco en más de dieciocho años, lo conveniente era incluir las mejores canciones que tuviéramos. Así que desechamos la idea del disco de duetos y simplemente elegimos las canciones que creíamos que representaban mejor a la banda en este momento. Cuando pensamos en las colaboraciones, escribimos una lista con la gente con la que queríamos contar. Quien canta en “Song For A Secret” y “The Two Of Us” es Isobel Campbell. En “Black And Blues” es Sky Ferreira, con quien contactamos porque Bobby Gillespie nos lo sugirió. En “Can’t Stop The Rock”, es mi hermana Linda. Y quien canta en “Always Sad” es la novia de William, Bernadette Denning.

Isobel Campbell es de Glasgow, prácticamente como vosotros (East Kilbride). ¿La conocíais?
No, no la conocíamos personalmente de nada. Siempre he sido fan de su forma de cantar. Me gusta su música y me parecía una opción obvia. La llamamos para preguntarle si le gustaría cantar en ese par de canciones y afortunadamente lo hizo.

Hablando de canciones concretas, hay dos momentos en el disco que llaman la atención porque creo que introducen pequeños puntos de fuga en vuestro sonido, aunque sigamos hablando de un trabajo que suena a The Jesus And Mary Chain por los cuatro costados. Uno de ellos es War On Peace, que empieza perezosa, al estilo de canciones como Almost Gold (Honey’s Dead, 1992) y luego acaba acelerando el ritmo con esa cadencia motorik tan propia del krautrock…
Para mí es difícil de ver, porque al final siempre suena a The Jesus And Mary Chain. Si suena a algo distinto, también me parece bien, siempre y cuando a la gente le guste (risas).

La otra es “Simian Split”, que tiene un ritmo más fracturado de lo habitual, con muchos cambios, y está salpicada de guitarras disonantes y anárquicas…
Sí, eso es William fumando demasiados porros…

Supongo que con la salida de este álbum os debéis sentir algo liberados, habiendo puesto punto final a la celebración nostálgica que supuso la gira del treinta aniversario de “Psychocandy” (Blanco y Negro, 1985), ¿no?
En realidad nunca me cansé de tocar de nuevo Psychocandy. Me preocupaba al principio, pero luego acabé divirtiéndome. Sí, está claro que hay un componente de nostalgia en recuperar un disco que tiene treinta años, pero al mismo tiempo fue una forma de tocar en directo canciones que nunca habíamos abordado en un escenario en su momento, porque además cuando salió Psychocandy algunos de nuestros conciertos eran caóticos, muy poco musicales, por lo que aquel disco no tuvo una buena traducción al directo en 1985. Así que aquella gira fue más una celebración de aquella música, más de lo que lo había sido nunca. Hubo mucha gente que estuvo detrás nuestro para convencernos, no era algo que impulsáramos nosotros desde un principio, pero al final me alegro de que lo hiciéramos.

De hecho, la mayoría de bandas que empezaron a editar discos en la misma época que vosotros suenan ahora mucho mejor de lo que lo hacían entonces. Al menos tienen un sonido más pulido y, diría, profesional. Pienso en Pixies (quienes versionaron vuestro “Head On”), por ejemplo.
Bueno, aprendemos a domesticarnos (risas). Cuando eres joven tienes menos experiencia, peores equipos de sonido, bebes demasiado… a estas alturas uno sabe mejor qué es lo que funciona y qué es lo que no funciona.

Hace un par de años decías que odiábais casi toda la música que sonaba por la radio en los años ochenta. ¿Hay música actual que te resulte excitante?
Para serte sincero, la verdad es que no escucho muchas bandas nuevas estos días. Tengo docenas y docenas de discos, y no siento la necesidad de escuchar más cosas. Siempre me pongo cosas que tengo desde hace décadas.

¿Es porque te da pereza o porque crees que el rock ha perdido su capacidad para regenerarse y ofrecer algo nuevo?
Creo que el rock es una forma de arte que ha sido explorada y a la que no creo que se pueda añadir más. Todo gira en ciclos, y cuando llegas a mi edad habiendo escuchado todo lo que yo he escuchado, al final tienes la sensación que de todo vuelve a donde había comenzado. ¿Para qué vas a escuchar a tantas bandas que suenan a Joy Division cuando puedes disfrutar de los originales?

¿Aprecias una gran diferencia entre la industria musical de hoy en día y la de hace veinte o treinta años?
La de hoy es irreconocible. Yo no entiendo cómo funciona. Bueno, en realidad tampoco lo entendía entonces, cuando comenzamos. Pero hoy es todo aún mas confuso, no sé cómo interpretarlo. Es como si la música fuera a morir. Básicamente, si el futuro de la música es el streaming y los músicos no van a cobrar por hacerla, llegará un momento en el que no valdrá la pena seguir escribiendo canciones. Si no puedes editar álbumes, o tienes que resignarte a que tu música se difunda gratis, no entiendo cómo la gente va a llegar a ella y conocerla.