La sorprendente facilidad para las melodías que Hugo Sierra siempre ha desplegado allá por donde ha pasado (primero en Margarita, más tarde en los efímeros Prisma En Llamas) se manifiesta de nuevo en su proyecto más personal, con el que ahora debuta en largo con A ninguna parte (Sonido Muchacho), después que hace tres años ya diese cuenta de su potencial en el EP Tiene mucha fuerza. Guitarras cristalinas, pop con ecos a The Cure, Julian Cope o Pegamoides, y un horizonte en el que tanto la melancolía como la luz se reúnen en este primer álbum de Sierra.


Han pasado tres años desde que se publicó el EP Tiene mucha fuerza; no sé si pensabas que el disco al final se iba a hacer esperar tanto, porque ya entonces hablabas de la posibilidad de que saliese más o menos rápido…
Bueno, sí que esperaba haber sacado el disco hace un año, pero es verdad que con el EP he tocado bastante, hemos tenido bastante actividad, y eso me ha hecho ir retrasándolo. Al final era una cuestión de fijar una fecha, que es lo que nos ha hecho ponernos las pilas para rematarlo.

En estas canciones te acompañan Clara Collantes (El Día Después), Arturo Hernández (Juventud Juché) y Antonio Castro (Charades), que en realidad llevan tocando contigo casi desde el principio. ¿Cuándo se incorporan a este proyecto?
Cuando saqué el EP me fui con Christian Pallejà a grabar en Barcelona, de hecho ni siquiera tenía el nombre del grupo ni pensaba tocar en directo. Y ya es allí con las maquetas cuando montamos aquellas cuatro canciones y decidí que el proyecto se iba a llamar Sierra; con esas me vine a Madrid y cuando tuve la primera mezcla, que se la pasé a colegas, empecé a recibir un montón de feedback. Lidia Damunt quería sacar el disco y también Manu de Los Punsetes, y me llegaron ya propuestas para tocar en directo. El primer concierto fue para un evento que hacían unos amigos con Brian Hunt y su chica en aquel entonces. Rápidamente me puse en contacto con Clara y ella vino encantada de la vida, así que luego hablando con Arturo y Toño acabamos de montar la banda.

¿Esa estabilidad en el grupo ha hecho que haya cambiado la concepción de Sierra, que nació de una manera muy personal, tomando tu propio apellido?
Es verdad que sigue siendo un proyecto muy personal, y de hecho me gusta la idea de tener el control creativo de las canciones; es algo que ellos además respetan perfectamente. Pero a la vez ya somos un grupo, como un ente; nos llevamos todos muy bien, cada uno aporta mucho y están muy comprometidos. Me siento muy a gusto y también muy afortunado de haberles encontrado, porque no es fácil tocar con gente que no conoces y que de repente ya lleves tres años. Al estar en contacto con ellos hay ciertas cosas que han podido cambiar, pero en esencia la realidad es la misma.

¿Os sorprendió la buena acogida que tuvo ese primer EP y el recorrido que ha tenido?
Sí, eso nos ha sorprendido a los cuatro, porque hemos estado dos años y medio viviendo, a nivel musical, de ese EP. Hemos tocado un montón, la gente se lo ha pasado súper bien y que cuatro canciones puedan tener una trayectoria tan larga hoy en día es bastante chulo.

¿Las canciones de A ninguna parte surgen en esa misma época?
Hay tres de ellas que sí nacen al poco de sacar al EP, que son Lala, Aléjate, Te destrozaré, me pillan en ese momento vital. Hacerlo fuerte es un poco posterior y el resto ya sí que son todas de este año prácticamente, aunque muchas parten de ideas que vienen de atrás.

“No me veo como esa persona ya pasada y de vuelta de todo”

Después de que lo primero que conociésemos de Sierra fueran canciones tan directas como Tiene mucha fuerza, La chica del cohete o Golpes, ¿te preocupaba que para este álbum no salieran de una forma tan inmediata?
Sí, sinceramente sí he sentido un poco de presión. Porque es verdad que con el EP se generó bastante ruido y aun siendo un grupo pequeño venía mucha gente a los conciertos, la gente se sabía las canciones de pe a pa… Sí sentía cierta responsabilidad de partir de ese listón que se pone de repente. En algún momento me he metido mucha presión a mí mismo, pero luego, una vez que te pones a trabajar, tienes que olvidarte de eso, o al menos intentarlo, para hacer las cosas lo mejor posible, y de una manera súper sincera.

A lo mejor no a la primera, pero poco a poco sí aparecen melodías muy claras y estribillos como el de Amiga extraña
Sí, yo creo que en algunas canciones he ido trabajando sobre el estilo o la idea que tenía en el EP, mientras que en otras he querido salirme de ahí por no repetir ideas. Por ejemplo, Amiga extraña, si no hubiese existido Tiene mucha fuerza y no estuviese ahí esa referencia, creo que sería una canción que está bastante bien para presentarme como Sierra. O también A ninguna parte, que es más sencilla, pero a nivel de estructura es diferente, porque toco otro tipo de notas, más mayores, y creo que puede funcionar muy bien cuando la hagamos en vivo. Pero es inevitable tomar como referencia el EP, más aún cuando ha funcionado bien. No es que haya sido el pepinazo del siglo, pero sí he percibido la repercusión que ha tenido. Es que me han llegado comentarios de colegas que conocen a un taxista que les ha hablado de mí, cosas que a este nivel te sorprenden… Y luego hay sellos grandes, dentro de la independencia, que se han interesado por mí.

Hablando de sellos, ¿por qué te decides al final por Sonido Muchacho?
Primero, porque conozco a Luis, y segundo porque creo que fue el más listo de todos; fue muy claro y vino con una propuesta en firme. Yo tenía muchas dudas porque sí me habían tirado la caña bastantes compañías, y la mayoría muy interesantes, pero conozco a Luis desde hace tiempo y además le tengo mucho aprecio, hemos tocado juntos con La Estrella de David, así que al final quedé un día con él a comer y ya le dije que contara conmigo, que no le iba a dar más vueltas.

Después de tanto tiempo, porque han pasado ya 12 años desde que saliesen las primeras canciones de Margarita, ¿en algún momento has tenido la sensación de estar un tanto ‘viciado’ y de vuelta de todo?
No. Es cierto que tengo experiencia, no lo puedo evitar porque ya llevo muchos años y he vivido bastantes cosas, pero me siento con la misma ilusión y con esa inocencia de querer hacer canciones guays, pasármelo bien y que la música siga aportando algo a mi vida que no me aportan otros momentos cotidianos. No me veo como esa persona ya pasada y de vuelta de todo. De hecho, siempre estoy buscando dentro a ver si puedo sacar otra cosa, si se me ocurre otra movida… Nunca estoy conforme con lo que tengo, y eso me hace no pensar en la posibilidad de estar cansado, sino en lo siguiente que voy a hacer.

Desde el principio hay algo muy identificable en Sierra, empezando por las letras. Por un lado hay un punto casi de resentimiento y por otro, en canciones como No eres increíble, aparece la luz dentro de la negación, que es algo que se repite en varios momentos del disco… ¿Es algo que buscas de forma premeditada?
Es como que inevitablemente pongo una parte melancólica y otra luminosa, no sé exactamente por qué, si es por temor o porque soy así, apoyándome por un lado en una cierta melancolía por el recuerdo, y a la vez en la vida para poder avanzar. No es algo que trabaje conscientemente, sino que me siento cómodo así. Por ejemplo, en esta grabación me he dado cuenta de que me siento cómodo haciendo canciones a un tempo concreto, pero de forma inconsciente. Y esto es igual. Luego la intención que he tenido con el disco, que también arrastro desde el EP, es que me gustaría hacer canciones buenas y que perdurasen dentro de un tiempo, que la gente identificase una época de sus vidas con estos temas. No sé si lo conseguiré o no.

Dentro de esa melancolía, A ninguna parte puede tener un punto de partida muy ochentero, pero a la vez has buscado un sonido más contemporáneo…
Esa es mi idea, y de hecho cuando fui al estudio le comentaba a Cristian que mi manera de cantar y de componer puede recordar a los 80, pero es que eso es algo que me ha pasado hasta con Margarita, y la música era completamente distinta, pero quería estar aquí y ahora, mirando hacia delante. No quiero proyectar una nostalgia, sino que estoy en el mundo, que no estoy escuchando a Nacha Pop todos los días; que sí, los conozco y me gustan algunas de sus canciones, pero tengo la misma inquietud que cuando tenía 15 años. Y por eso quería que mi disco fuese una obra contemporánea, aunque mi música no sea lo último de lo último, porque tampoco me sentiría cómodo con eso ni es plan de impostar nada. Tenía claro que iba a grabar otra vez con Cristian en Caballo Grande, porque entiende muy bien cuáles son mis preocupaciones y mis inquietudes; él ha ido montando todo en su cabeza desde que sacamos el EP, se ha ido anticipando.

Cuando salió el EP, Lidia Damunt hablaba del acento Pegamoide de las canciones. ¿Has tenido la sensación de que esa referencia, al ser un nombre que todo el mundo conoce, ha podido llegar a marcar la manera en que la gente ha podido llegar a Sierra?
Sí, puede ser. También ocurre que cuando tienes un proyecto y sacas la primera referencia, lo que se diga en esa hoja de promo, lo vas a arrastrar un montón de años. Recuerdo con Margarita que cuando estábamos con el primer single alguien escribió que era una mezcla entre Superchunk y Fugazi, y eso nos persiguió toda nuestra carrera, estuvimos 14 años de vida del grupo con esa referencia. Entiendo que ahora puede pasar algo parecido, pero no me importa, me parece bien; lo que espero es que la gente que lo escuche ponga su propio criterio.

Es curioso, porque al final hay un hilo que une Sierra con Margarita, aun siendo proyectos tan distintos, y sobre todo con Prisma en Llamas…
Sí, sí, es así. Yo me veo identificado en todo lo que he hecho. Veo una lógica en toda mi carrera; visto a bote pronto son proyectos muy dispares, pero la esencia está ahí.

El disco se cierra con Lala, que es quizá la más diferente al resto, con una textura más electrónica…
Lala es una canción que le escribí a mi madre, que se llama Laura, pero toda su familia la conoce como Lala. La compuse nada más salir el EP, una noche que estaba en mi cuarto jugueteando con la guitarra. La he tocado alguna vez en directo y me cuesta mucho, porque al final es muy íntima, e incluso grabándola me emocionaba. Es un regalo a mi madre. Luego Cristian la dio una vuelta y ha quedado así, con ese aire electrónico.

“Me gustaría hacer canciones buenas y que perdurasen dentro de un tiempo, que la gente identificase una época de sus vidas con estos temas”

¿Sueles tirar de situaciones cercanas para las letras?
Sí, de hecho Sierra lo arranqué con la idea de hablar desde lo más profundo de mí, de una manera muy clara, y no esconderme en grandes metáforas ni ejercicios de estilo. Con esa idea he seguido, también porque la música me ayuda a entender las cosas, la vida en general. Me cuesta mucho exponerme al mundo, e incluso entender las cosas; puede que esto suene un poco ridículo, pero es así. Siempre he intentado hablar de lo que conozco.

Madrid aparece en La noche criminal en una especie de la relación amor-odio, y no sé si también en No quiero ser un hombre… ¿De qué estás hablando en esta canción?
Bueno, hablo de no sentirme identificado con nada, ni siquiera con el hombre como género. Son ese tipo de cosas o dilemas que uno tiene en su vida y que son difíciles de contar. Hablo de que echan a gente de la capital, pero no pensando estrictamente en Madrid, sino en todos aquellos a los que han marginado por no sentirse parte de una masa. En el momento en que en la sociedad no eres como el resto, tienes una especie de estigma, ciertas condenas. Este año lo hemos visto en un montón de cosas, como en el autobús hablando de las personas transgénero. No quería hacer una canción social, sino explicar cómo me siento yo muchas veces, porque desde pequeño me ha costado mucho identificarme con el hombre. Por cómo hemos sido en general y también con las mujeres. Pero al final no lo puedo evitar: me levanto, tengo que afeitarme y hago pis de pie.

Esa sensación de desapego aparece también en varias canciones del álbum… ¿Dirías que es el hilo conductor de A ninguna parte?
Sí, incluso la portada, en la que salgo de espaldas, va por ahí. Hay varios temas que están impregnados de una manera u otra por esa idea de no sentirme identificado con muchas cosas que pasan en el mundo, sobre todo en el mundo moderno, y que me preocupan. Me siento con una cierta distancia e intento meterme con mucha piel en todo para entenderlo. Por eso salgo de espaldas y con unos claveles, porque realmente no quiero decir que doy la espalda al mundo, porque sí estoy interesado por la vida y por las personas, pero me siento lejano a muchos patrones que se siguen actualmente, que se han asimilado culturalmente y que nos hacen convertirnos a todo en lo mismo. A ninguna parte, cuyo título me venía muy bien para el disco, es un tema que parte de una frase que me apunté en mi cuaderno de letras: “Las cosas crean cosas y las mentiras destruyen cosas”. Creo que la mentira es muy destructiva, aunque sean sólo palabras, pero tiene un efecto degradante con el tiempo que uno no puede tocar. Quería escribir sobre eso.