El espíritu de Concha Piquer sobrevuela por los surcos del nuevo trabajo de la catalana Maria Rodés. En “Maria Canta copla” deslumbra por su particular adapatación de clásicos inmortales de nuestro cancionero popular y sale mucha más que airosa.

A diferencia de lo que sucede en Francia, con la chançon, y en Alemania, con los lieder, por aquí no se tiene en gran estima la copla, a la que en general se asocia con lo arcaico. Puede que eso cambie (un poco) gracias al nuevo disco de María Rodés. La pongo en un pequeño compromiso, sin pretenderlo, cuando le pregunto si el término “cantautora” la define. Tras pensárselo, resuelve que no. Tampoco el de “adaptadora”. “Sería una mezcla. A mí me interesa combinarlo todo”, dice. “Aunque ha sido un experimento y me he divertido mucho, haciendo este disco me he dado cuenta de que me llena más hacer música propia”.

De título autoexplicativo, en “María canta copla”, la ex componente de Oniric combina las guitarras españolas y las eléctricas, los sintetizadores con ancestrales bandurrias y castañuelas, para dar forma a una música que no es propia pero a la vez sí, ya que alude a ese lado telúrico y goyesco que, para bien o para mal, los nacidos aquí llevamos dentro. “Hace seis años tuve la idea de hacer un disco de canciones populares gracias al cine, como ‘Moon River’”, explica María. “Ricky Falkner, el productor de mi primer disco en solitario, me dijo que por qué no lo hacía con canciones de aquí, como ‘Pena, penita, pena’”. No conectando ella con las artes de Quintero, León y Quiroga, María dejó la idea en barbecho; recuperada hace unos meses (“analizando, más madura, las letras y armonías de algunas canciones, encontré maravillas”), de su incubación ha germinado un disco en el que también se oyen, actualizadas, cosas tan arrebatadas como “Tatuaje”, “Tengo miedo” o “El día que nací yo”. “Soy una persona muy dramática y, sí, con algunas sí, quizá en el peor de mis días. El motor creativo de estas canciones no se aleja tanto del que me sirve a mí para hacer las mías”. Con todo, “en alguna hay un poco de ironía, quizá muy sutil; era complicado abordarlas sin un punto de comedia, no en la voz sino en algunos arreglos”.

María, que en vivo intercalará estos temas con los de su repertorio habitual, dice ver éste como un disco-bisagra. “En la vida tiendo al cambio fuerte y a la búsqueda. Siento que estoy en un cambio de etapa y he llegado a verlo como un final del drama y la pena como fuentes de inspiración en mi carrera”. ¿Y tras la catarsis? “No sé. Puede que siga igual [risas]”.