“We Prefer To” (Gandula/Foehn, 17), reafirma –por si era necesario– al quinteto como uno de los más imprevisibles entes creativos que se han gestado en Barcelona en los últimos tiempos. Y también uno de los que recogen mayor número de parabienes en la prensa foránea.

La bendita indefinición sonora de su propuesta, especializada en el cuerpo a cuerpo que generan unos vivificantes directos que pueden tener lugar en cualquier entorno y circunstancia, sube la apuesta y pasa de pantalla con doce magnéticas nuevas composiciones grabadas en Denton (Texas, Estados Unidos), con la coproducción de Matt Pence y Scott Solter. Al habla con Adriano Galante y los suyos para que nos detallen las razones detrás de este tercer álbum.

Este es vuestro primer disco en Gandula, tras facturar el anterior en Foehn. ¿A qué se debe?
Hemos decidido continuar con Foehn y sumar fuerzas con Gandula. “We Prefer To” se coedita entre Seward, Gandula y Foehn, además se distribuye en librerías por Arrebato Libros. Cuantos más seamos y más nos ayudemos mutuamente, mejor que mejor. Todos los grupos que publica Gandula (Za!, Sara Fontán o Big OK) nos encantan y compartimos con ellos muchas de nuestras costumbres al organizar conciertos, grabar discos, hacer giras…

¿A qué se debe un título tan bartlebyano como el que habéis escogido? ¿Creéis que la sociedad actual nos obliga a no permanecer anclados en la pasividad?
La famosa frase bandera “I would prefer not to” del Bartleby de Melville ha sido manoseada en exceso, y se ha repetido hasta la saciedad en libros, conferencias, teorías, películas, cursos, canciones, objetos… Seward se identifica con el opuesto contrario desde nuestros inicios. Nosotros preferimos tomar partido, defendemos la acción directa y no la resistencia pasiva.

Seguís empleando estrategias promocionales muy poco usuales, como el pack que contiene un té creado por vosotros, la caja de cerillas y la baraja de cartas donde aparecen las letras del álbum, junto a los detalles para descargar el disco y citas de gente que ha visto y escrito sobre Seward y una especie de manifiesto que te lleva a la web para solicitar la descarga del disco. ¿Creéis que ser fan o seguidor de Seward requiere de un punto de militancia por parte del receptor, o simplemente se trata de darle un plus que quizá no encuentra en otros proyectos más -digamos– convencionales?
El formato de “We Prefer To” pretende llegar al público de otra manera y estar disponible en más espacios que los que podría alcanzar un vinilo: librerías, cafeterías, centros de creación, fruterías… La leyenda de Seward como banda esquiva, hermética y huidiza es una mentira con todas las letras. Somos exigentes en muchos aspectos, sí, y críticos, pero sobre todo somos accesibles y cercanos. Nos gusta que la relación con el público sea más directa y estable. Nuestras canciones están repartidas en todo tipo de plataformas y en múltiples formatos. Nuestras publicaciones, además, siempre han venido acompañadas de descarga digital. Tenemos una página web donde se encuentra toda la información que se necesite sobre Seward. Si quieren encontrarnos, también pueden contactar con nosotros personalmente, uno por uno, y no con el CM de turno.

¿Cómo explicáis que la mayor parte de halagos por parte de los medios provengan de fuera? ¿Creéis que hay una mayor receptividad por parte del público o los medios de fuera del estado? ¿O tenéis la impresión de que vuestra propuesta será mejor entendida allí?
La propuesta de Seward se entiende de muchas maneras. Nuestros públicos son verdaderamente dispares en cuanto a edad, procedencia o gustos. Unos bailan cuando tocamos en un festival de madrugada, otros se concentran inmóviles cuando tocamos en teatros, otros se sienten incómodos cuando miramos a los ojos… A otros les genera rechazo total que juguemos tanto con las dinámicas de las canciones, o que nos movamos y nos riamos demasiado mientras tocamos. Las reacciones de la prensa funcionan de la misma manera. No tenemos ninguna queja de la prensa estatal. Hemos tenido una buena relación con la mayoría de medios desde que empezamos en 2010 y nunca hemos contratado a una agencia de prensa ni pagado un solo anuncio para ello. De la misma forma, los halagos extranjeros son fruto del esfuerzo de salir de gira gracias a la confianza de las personas con las que trabajamos, apostando por convertir esos lugares a donde vamos en lugares comunes.

Os ha vuelto a producir Matt Pence (Midlake, John Grant), junto a Scott Solter (St. Vincent, Two Gallants, Dirty Projectors) en su estudio de Denton (Texas). ¿Seguís considerándole una especie de miembro adicional de la banda?
La gran diferencia de este disco con los anteriores es que hasta ahora Matt Pence sólo había mezclado en la distancia las canciones que habíamos grabado por nuestra cuenta en estudios de aquí. Llevábamos seis años queriendo compartir el proceso completo con Matt. We Prefer To se grabó íntegramente durante veinte días en su estudio de Denton, en Texas, con la compañía excelente de Scott Solter, habitual de los trabajos de Pence. Nosotros solemos producir todas las canciones previamente y sin agentes externos para poder llegar a los estudios y grabarlas en directo todos a la vez. En este sentido, la apuesta de Matt y Scott ha sido de carácter estrictamente sonoro y no ha afectado a la forma original de las canciones. Sin embargo, la personalidad del sonido es tan importante para nosotros como las canciones, los instrumentos o las letras, así que sea como fuere siempre involucramos al cien por cien a quienes trabajan con nosotros para que aporten su visión como si fueran uno más en Seward.

Comentábais la última vez que tuve ocasión de entrevistaros que “el momento actual en el que vivimos merece de nuevos términos, de sentirse representado por un folklore del presente y no tanto por estilos de otras generaciones”. ¿No creéis, en todo caso, que si algo escasea en el presente del rock es precisamente el censo de nuevos estilos con los que identificarse, y que las generaciones más jóvenes suelen desechar las guitarras en aras de otras corrientes (como el trap, el electro latino o el manido reggaetón)?
Llamamos “canción libre” a lo que hacemos con Seward no sólo porque transformemos constantemente las dinámicas, ritmos y frecuencias de nuestras canciones, sino porque también utilizamos todo tipo de instrumentos en nuestros conciertos y discos. Elementos que vienen de estilos completamente ajenos a las guitarras: decenas de pedales, electrónica de todo tipo, cientos de samplers… Nos vemos influidos por todo tipo de estilos y todos en Seward venimos de tocar y tocamos o producimos músicas muy distintas en países de toda clase. En Seward puede sonar Gran Combo de Puerto Rico, un sampler de las Brigadas Internacionales o un interludio que mezcla a Debussy con Sinatra, Facundo Cabral y Saul Williams. Podemos invitar a Balago, a beGun, a R de Rumba o a Anton Maskeliade a reinterpretarnos en una serie de remixes aunque aparentemente no compartamos tendencias sonoras ni ellos tengan algo en común. En un concierto de Seward puede aparecer Kase O y rapear sobre una de nuestras canciones o una asociación de vecinas de El Prat y cantarse una copla con nosotros.

Sobre vuestros directos: ¿cambia mucho la forma que toman las canciones sobre el escenario respecto a lo que ofrecéis en los surcos de vuestros discos? ¿Se podría decir que, como en el caso de Swans (por poner un ejemplo), las canciones crecen sobre las tablas y adaptan formas distintas?
Las canciones crecen sobre las personas y se adaptan a ellas de maneras siempre distintas. Llevamos casi ocho años defendiendo la música como arte escénica más allá de la mera sucesión de canciones. Cada paso y cada gesto que uno da en un escenario tiene la misma importancia para la música que un acorde o un fragmento de un estribillo. La resistencia activa y en perpetua mutación de la música, de los lugares donde tiene lugar y de las distintas percepciones de quienes tocan y de quienes escuchan nos inspiran constantemente para seguir adelante con Seward. Por mucho empeño, tiempo o dinero que se invierta, sea la banda que sea, es imposible que las canciones se toquen o se escuchen de la misma manera de un concierto a otro, o que suenen igual que en un disco por mucho que se graben en directo o no. La presencia y participación activa o pasiva del público en cada concierto y las características del lugar donde se celebra afectan absolutamente a la música en todo momento, tengan los músicos, los técnicos y el público la actitud, la profesionalidad, el equipo y la predisposición que tengan.

Se me hace inevitable trazar un paralelismo entre el funcionamiento que lleváis como banda, autogestionario en muchos aspectos y propenso a una comunicación muy directa con el público, y la tremenda capacidad de organización de parte de la sociedad civil catalana en las últimas semanas, a veces incluso de forma paralela a las instituciones, llegando allá donde estas no llegan. Sé que lo vuestro es música, y lo otro es política (aunque mucho habría que debatir en torno a si se puede desligar ambas cosas), pero no me resisto a preguntaros si sois optimistas o pesimistas, si no creéis que cualquier iniciativa basada en el contagio espontáneo, al margen de los poderes públicos, está destinada a morir en la orilla o -por el contrario- a pervivir de una manera o de otra, aspirando a transformar la realidad.
Música también es política. No podemos obviar cómo la política en su sentido más amplio afecta totalmente a cómo hacemos, escuchamos y compartimos músicas. Seward somos venezolanos, argentinos, españoles, canarios y catalanes. Todos hemos sufrido, hemos visto sufrir o sufrimos personalmente dictaduras, crisis económicas, exilios… Y todas las graves consecuencias que esas tres cosas pueden generar. Pensar la música como ese don sagrado o como ese vaivén ocioso ajeno a todo lo demás es un aquelarre infantil y peligroso. Nuestra ausencia digital crítica y constructiva, la manera de organizar conciertos y de tocarlos, de tratar con el público o de gestionar colectivamente el grupo han tenido siempre mucho en común con movimientos sociales de transformación. Es más, hace un año y medio que participamos en el impulso de la Unión Estatal de Sindicatos de Músicos y hoy en día coordinamos el Sindicat de Músics Activistes de Catalunya, además de haber organizado junto con otras asociaciones la campaña No Callarem contra la censura y el macro-concierto a favor de Valtonyc, Cassandra, Elgio, Strawberry, Abel Azcona y otros encausados por ejercer su derecho a la libertad de expresión. Seward entona hoy “We Prefer To” al tiempo que “No le deseo un Estado a nadie”. La capacidad de organización, de apropiación de la política y de respuesta colectiva contra la injusticia y la violencia de estos últimos meses en Catalunya, Dakota, Galicia, México o Murcia no puede ser nada más que una muy buena noticia.