Cuando un primer disco se encarama de manera unánime a lo más alto de las listas de lo mejor del año, las dudas surgen de forma inevitable de cara al segundo asalto, “Fiesta”, y más en una época en la que lo que ayer fue novedad mañana puede haber pasado de moda. ¿Continuidad o ruptura?¿Miedo a la repetición?¿Rancheras o palmas flamencas? Las respuestas, bajo estas líneas.

Han pasado dos años desde que se publicara “Romancero” (mejor álbum de 2009 para MondoSonoro, entre otras publicaciones), un disco sobresaliente que no solo puso en el mapa a La Bien Querida, sino que lo hizo desde la cumbre, convirtiéndose en referente de una carrera que no hacía más que empezar. Durante este tiempo, además de disfrutar de las canciones de Ana Fernández-Villaverde, hemos dedicado no pocas conversaciones a divagar sobre el que sería su segundo álbum, incluyendo en las elucubraciones el amago de un EP de sonido kraut que por ahora permanece aparcado. “Creo que este no era el momento”, comentaba Ana, profundizando en la explicación casi de inmediato, tras una breve pausa que podríamos considerar valorativa. “No quería romper completamente para hacer algo que fuera muy distinto, porque entonces la gente acaba despistándose. Tenía claro que ‘Fiesta’ debía ser una continuación de ‘Romancero’, aunque con un tono no tan acústico, sino un poco más eléctrico. Pero lo de romper… ¡Si acabo de empezar! No tengo una trayectoria como para pensar en romper con nada”. Se incorpora entonces a la conversación, que tiene lugar una tarde de febrero en casa de la propia autora de “9.6” o “De momento abril”, un febril (los rigores del invierno, claro) David Rodríguez, que continúa haciéndose cargo de la producción. “La idea era dar más fuerza a las canciones, con un tamiz menos ‘arty’. Este disco tiene más pegada, no digo un sonidazo en plan Beyoncé, que ojalá, sino con más nervio, porque a lo mejor el primero pecaba un poco de languidez. Pero al final es cuestión de matices, porque lo mismo nosotros pensamos eso y la gente ve otra cosa. Pero vamos, que tampoco somos Sun O)))”. Valga la exageración como ejemplo de que, aunque algunas cosas han cambiado, otras no, algo que queda claro en “Hoy”, tema elegido como primer single. David continúa con su explicación, ahora casi más en diálogo con Ana que respondiendo a las preguntas. “Tampoco entiendo mucho lo de si es o deja de ser una continuación. Tú estás haciendo canciones que tienen una melodía muy clara, porque a lo mejor se nos puede ir la olla, pero en definitiva vas a ser tú cantando. Otra cosa sería que te cambiase la voz, pero ya tienes una edad, ¿no? Igual el próximo disco se puede hacer de una forma más monocromática, buscar un traje a medida en vez de varios, pero ya veremos, no es algo que nos quite el sueño”. (Ana) “También hemos pensado en el directo, que fuese más enérgico”. Un punto este último en el que prometen notables avances después de que sus actuaciones no siempre estuviesen al nivel de su debut. (Ana) “Piensa que cuando salió ‘Romancero’ yo no tenía ninguna experiencia, nos metieron en festivales y casi no habíamos tocado en salas. Lo pasaba fatal, hasta tenía que tomar ansiolíticos”. (David) “Pero no solo tú, sino que era un tema del grupo. Hemos ido cubriendo el expediente, pero creo que ahora hemos mejorado bastante. Vamos a ver qué tal sale”. De vuelta al debate continuidad versus ruptura, la confrontación recuerda también a la que se vivió tras la publicación de “Romancero” entre quienes defendían el sonido del álbum y aquellos que añoraban la desnudez de la maqueta. (David) “Eso pasa muchas veces: cuando escuchas una canción por primera vez es cuando más te llega, por más que luego pueda estar mejor grabada. Tiene ese punto romántico del descubrimiento. De todas formas, lo de la producción es cosa de ella. Yo soy el primero que piensa que lo mejor es Ana con la guitarra, pero no quiere”. (Ana) “Puede que a los partidarios de la maqueta ya no les guste, pero es así”. (David) “También con la producción intentas elegir en cierto modo a quién te quieres dirigir, porque si buscásemos un rollo heavy para las canciones lo mismo llegaríamos a otro tipo de gente”. (Ana) “Vale, pero al final el público es el que te elige”.
Disputas al margen, lo que ofrece menor discusión es que estos nuevos temas muestran a su protagonista con mayor seguridad (y hasta mala leche) frente a la vulnerabilidad de “Romancero”. “Tengo los ases, los reyes y las damas, y hago lo que me da la gana”, canta en “Me quedo por aquí”, después de que en “Sentido común” despachase un rotundo “a veces solo me tranquilizaría pegarte muy fuerte”. Todo ello al tiempo que los estribillos se presentan de forma más nítida. Si hablamos de lo primero, Ana lo tiene claro: “Estaba más fuerte, porque la música me ha devuelto mucha confianza en mí misma, y eso se nota en las letras”. Y en cuanto a lo segundo, un sí pero no (y viceversa). “He intentado buscar más estribillos, porque siempre tiendo a esquivarlos; trato de hacer canciones que no parezcan vulgares, y al final parece como si en todo eso el estribillo las vulgarizara un poco, cuando no tiene por qué ser así. Algo que me encantaría también es escribir letras más abstractas, con diferentes lecturas, como las de New Order, por ejemplo, que me gustan mucho. Pero me cuesta, porque si no veo un significado claro no la doy por buena, además de que tengo muchísimo miedo a repetirme. Hay veces que estoy escribiendo y pienso ‘ay, de esto ya he hablado antes’, porque en el fondo es la misma temática del amor, pero desde distintas perspectivas”. Metidos de lleno en este segundo álbum, el pop de La Bien Querida da cuenta de su versatilidad, ya sea mezclando vals y ranchera (“Lunes de Pascua”) o tirando de aires flamencos, como ocurre en el mismo arranque de “Noviembre”. (David) “Yo pensaba más en Tangerine Dream o Animal Collective. Lo de las palmas fue un añadido final, pero es una canción con el ritmo que usan ellos, para seguir con la cabeza”. Un trabajo de producción que alcanza igualmente a “Monte de Piedad”, uno de los temas de la primera maqueta, que se recupera ahora en forma de marcha de Semana Santa, algo que resulta aún más llamativo cuando a pocos pasos del portal de la casa de La Bien Querida en Madrid hay una tienda de imaginería religiosa, de cálices a casullas y de misales al santoral completo. ¿Religiosidad? ¿Folklore? (Ana) “Yo diría que es más bien fetichismo, además de que está dentro de la cultura de nuestro país y que siempre me gusta conservar un cierto toque popular. Lo de ‘Monte de Piedad’ surgió viendo una procesión en la calle Santiago, cerca de la plaza Mayor de Madrid. Incluso paramos a uno de los músicos de la banda para preguntarle. Estábamos en la gira de ‘Romancero’ y ya entonces decidimos que uno de los temas del nuevo disco lo haríamos así, aunque todavía no sabíamos cuál. Luego añadí unas frases más, porque siempre me había parecido que a esa canción le faltaba algo”. (David) “Con el tema de los arreglos hay cosas que tenemos muy claras y otras que van saliendo. Buscamos ciertos patrones, ideas de grupos que nos motivan, algo así… A veces se trata de jugar con los sonidos más que con los géneros, como en lo de esa ranchera que al final acaba siendo un vals. Tiene su gracia, aunque a lo mejor hay quien no se la encuentra. Es lo que decía Julian Cope, que los clichés valen para todo”.