En 2016, Rufus T. Firefly se tuvieron que enfrentar a la salida de dos pilares del grupo de amigos de Aranjuez que había decidido formar un quinteto musical 10 años antes. Peligró su continuidad, pero vieron que les quedaban cosas por decir después de haber empezado a recoger los frutos de muchos años de trabajo gracias a Nueve (Lago Naranja Records, 2014). Víctor Cabezuelo (voz, guitarra y teclados), Julia Martín-Maestro (batería) y Carlos Campos (guitarra) optaron por recomponerse junto a Rodrigo Cominero de Sonograma (teclados) y Miguel de Lucas de Mucho (bajo) para continuar con Magnolia, disco que debería entrar en las listas de lo mejor de 2017 y que supone un paso más allá en su concepción del noble arte de la música. O, más bien, un viaje, para el que contamos con Cabezuelo como guía.


Magnolia es un viaje lisérgico en toda regla, se veía venir desde ese Río Wolf inspirado en Jeff Buckley y como homenaje a Led Zeppelin. ¿Qué o quiénes os han guiado en esta grabación?
Como dices, es un viaje, y está planteado como un viaje hacia dentro de uno mismo. Y cuando viajas buscando cosas luminosas y bonitas, de repente encuentras cosas increíbles que han pasado en tu vida, como Jeff Buckley, Pink Floyd, Radiohead y películas como Pulp Fiction, Mi vecino Totoro, etc. Queríamos coger todas esas cosas bonitas que teníamos dentro y hacer un disco. Todo es muy psicodélico y lisérgico, y a veces llegar hacia dentro de uno mismo requiere cierta ayuda, y la psicodelia digamos que es una vía bastante guay para ello.

¿De dónde salen esas texturas, esas baterías, esas guitarras? Parece ser que hay unas cuantas maquetas de cada canción.
Como teníamos todo el tiempo del mundo para hacer este disco y no teníamos ninguna prisa por sacarlo, queríamos estar muy seguros del mensaje que iba a transmitir y cómo queríamos que fuera ese mensaje. Teníamos muy claro que queríamos juntar una base setentera muy orgánica y muy clásica, rollo Pink Floyd o Led Zeppelin, con cosas más modernas como MGMT o Apparat. Por ejemplo, Magnolia tiene 10 versiones diferentes. Probábamos con acústica, con ritmos más oscurillos… y el mensaje no llegaba. Al final, encontramos el camino en los setenta, que es pura psicodelia, y a través de ahí han salido todos los temas del disco. Ha sido una búsqueda muy amplia del envoltorio adecuado para poder contar las canciones, y por eso de repente hay como 40 demos. Pero al final creo que hemos conseguido transmitir lo que queríamos, que es lo importante.

¿El último disco de Mucho ha sido una influencia?
Hombre, por supuesto que ha tenido que ver. Lo que hicimos con Mucho –donde Cabezuelo toca teclados y guitarra– creo que fue muy importante para todos los miembros del grupo a nivel personal. Nos quitamos los prejuicios y decidimos hacer las cosas de otra manera, y todo eso nos ha afectado a nosotros y a nuestra forma de ver la música. Y en este disco hay mucho de Mucho, porque están Martí (Perarnau) y Miguel (de Lucas) que han hecho un trabajo muy importante. Todo suma, y lo que ha pasado ahora con este disco de Rufus seguro que también influirá en lo que pase en el siguiente de Mucho.

Sois como una gran familia de grupos que trabajan juntos, que se echan una mano en sus respectivos discos. ¿Cómo es trabajar con Manuel Cabezalí (Havalina) en su faceta de productor?
Manu es un miembro más de Rufus, lo que pasa es que no sale en las fotos. Siempre ha tocado guitarras y arreglos, en este ha tocado más, y yo lo considero fundamental. De hecho, no me plantearía trabajar con otro productor. Podríamos añadir uno más, pero Manu tiene que estar, porque para mí es la pieza que nos ata un poco a la realidad y la objetividad. Puedo tener 40 demos de las canciones y no estar seguro de cuál es la mejor, y él me dice, “Víctor, vamos a llevarlo por aquí, en lugar de 250 pistas vamos a meter 220, que te estás pasando”. Manu es muy guay en ese sentido, porque tenemos la confianza para poder decirnos la verdad, y es muy difícil que un compañero músico te diga “eso es una mierda, tío, cámbialo”. Mola que Manu me lo pueda decir, se lo agradezco mucho, y ojalá podamos hacer un montón de discos más.

“Nos creemos que los festivales son representación de algo de lo que pasa en la música de este país, y no representa ni al 0,1%”

Este disco viene marcado por los cambios en vuestra alineación. ¿Cómo os ha afectado y cómo os habéis reorganizado?
Nos ha afectado mucho, porque este grupo empezó como un grupo de amigos que se juntaban para tocar. Somos amigos de Aranjuez de toda la vida y lo que hacíamos era ir a un local y tocar, ese era el origen y la esencia. El año pasado Alberto y Sara lo dejaron, y, de repente, esa esencia quedaba un poco desvirtuada. Pero, por otro lado, Julia y yo estuvimos hablando, y pensamos, “tenemos muchos amigos músicos, vamos a cambiar seres queridos por seres igual de queridos, y podemos seguir haciendo lo mismo”. Y, efectivamente, Miguel y Rodrigo han sabido entender muy bien la filosofía del grupo y estamos igual de encantados. Me da pena porque me gustaba mucho tocar con Alberto y Sara. Nunca se sabe lo que va a pasar, igual al final hacemos un grupo todos juntos y esto es una gran familia.

¿En algún momento peligró el grupo?
Sí, en cuanto acabó la gira de Nueve y Alberto y Sara se fueron, lo primero que se me pasó por la cabeza fue, “Esto ya no es Rufus”, porque lo habíamos hecho entre los cinco y de repente nos quedamos medio huérfanos. Pero todavía teníamos cosas que decir y era un poco feo para toda la gente que se ha volcado con este grupo durante tantos años decir de repente, “hasta luego”. Me veo con la responsabilidad moral de hacer música para devolver a la gente en forma de canciones todo ese agradecimiento que tengo dentro. Lo hablé con Julia y Charlie, llamamos a Miguel y Rodrigo, y decidimos tirar para delante mientras haya algo que decir. Igual el año que viene se nos ha agotado todo y se acabó, pero creo que hay Rufus para rato.

En Magnolia hay mucho cine: Tsukamori (Mi vecino Totoro), Cisne Negro, Pulp Fiction, El Halcón Milenario… ¿Cuál es la más especial?
Magnolia tiene más que ver con un pequeño gran viaje lisérgico, y quería hacer una similitud entre sustancias psicodélicas y las flores. Pero es verdad que Magnolia es una película increíble y pensando en un título de una flor, fue la primera que me vino a la cabeza. Además me parece una palabra muy bonita de leer y de ver, y creo que defendía bien el espíritu. En realidad, muchas de ellas no han sido muy premeditadas. Por ejemplo, la de Pulp Fiction, había una frase de esa película que quería meter en una canción sí o sí desde hace un montón de años (“Estoy a mil jodidas millas de estar bien”) y cuando escribí la letra entera e hicimos la canción, no se iba a titular así, porque no tiene nada que ver, pero, ya que estábamos… Y la llamé así porque era un homenaje auténtico a la peli. Cuando ponemos títulos lo hacemos pensando de otra manera, no de lo que habla la canción, sino intentando hacer una especie de metáfora. Nunca ponemos de título el estribillo de una canción, es algo que nos da un poco de pereza.

Un alegato en defensa del amor, el arte y la naturaleza, y en todos los aspectos del disco, porque hasta “florece”. ¿Todo formaba parte de la idea original?
La verdad es que Julia se ha currado el diseño de una manera increíble. Le pasé unos textos sobre las canciones y el concepto general, y ella me lo devolvió en imágenes. Veo perfectamente todo lo que le expliqué en los cuadros que ha hecho, todo muy psicodélico, son viajes, y ha llevado el concepto al extremo. Por internet vio un disco que “subía” y se puso a hablar con fábricas, y al final encontró una en Manchester que nos lo podía hacer a medida. Es un curro flipante. El disco viene con una especie de tripi que está bañado en esencia de magnolia y cuando lo abres huele un montón. No sé lo que pasa cuando lo chupas, pero habrá que probarlo… Ya que estamos, vamos a hacerlo bien. Sale muchísimo más caro que un disco estándar, pero también es verdad que haces un objeto especial, y creo que se trata de esto, de dejar algo bonito.

Y se va a traducir al directo, ¿tenéis algo pensado ya?
Vamos a intentarlo, que sea un pequeño viaje y que la gente que venga a vernos se olvide de sus mierdas aunque sólo sea por una hora y haga un pequeño viaje hacia dentro y piense en cosas bonitas. Ojalá podamos llevarlo a cabo. Y vamos a comprar mucho ambientador de magnolia y lo vamos a echar antes del concierto (risas).

Podríais repartir los tripis.
Si puede ser antes de tocar, mucho mejor (risas).

¿Crees que se está volviendo a cuidar el envoltorio de un disco? ¿O es sólo en un sector?
Yo creo sinceramente que la industria del disco está totalmente acabada. Entonces, lo único que puede aportar algo en ese sentido es hacer obras diferentes, otro concepto, no un disco con canciones, sino otra movida. Es una apuesta para una minoría de freaks, pero creo que esos freaks tienen derecho de poder disfrutar de algo así. Y me encanta la gente que hace conceptos cuando hace música, no sólo hits. No sé lo que es un hit, no he hecho un hit en mi vida y tampoco me interesa. Yo quiero contar una cosa y la quiero contar de la manera más bonita posible, nada más.

Vais a sacar un vinilo con dos temas de 20 minutos cada uno. ¿De qué va eso? ¿Qué pensáis vosotros del renacimiento del vinilo?
Es un ritual. Martí y yo somos muy románticos de la música y creemos mucho en esto. Yo me pongo el vinilo de The Dark Side of the Moon en casa con la luz bajita y literalmente vuelo. Y eso sólo se puede hacer con ese objeto, y es algo guay que me gusta defender. Lo que planteamos con este vinilo es que todas las canciones estarán en dos canciones. Hemos hecho un edit sin pausas, el orden es un poco diferente, se van mezclando las canciones entre sí y todo está fusionado en una canción en la cara a y otra en la cara b. Es el disco pero llevado al concepto más extremo.

¿También va a florecer?
Lo hemos intentado, pero ya era un desembolso muy gordo y hemos tirado por otro lado. No va a florecer, pero igual también sorprende.

“No sé lo que es un hit, no he hecho un hit en mi vida y tampoco me interesa”

Andáis en otros proyectos, colaboráis con otros grupos, os movéis mucho. ¿Cómo veis la escena madrileña? ¿Hay cabida para los géneros menos populares?
En realidad, yo flipo con la escena madrileña, porque es riquísima, y parece que está aflorando un poco más el garaje, pero hay de todo, y hay miles de grupos en Madrid. El problema que tenemos es que estamos enfocando todo tanto a los festivales que nos creemos que los festivales son representación de algo de lo que pasa en la música de este país, y no representa ni al 0,1%. Es algo que me da muchísima rabia. Hay grupos increíbles en Madrid, y no me quiero ni imaginar lo que hay fuera. Ojalá nos demos cuenta de esto y empecemos a defender lo que pasa dentro de los núcleos y a hacerlo un poco más grande. Hay gente que me deja alucinado cuando toca y cuando escucho sus discos, y me parece increíble que lo estén haciendo en un local pequeño de Almendralejo, por ejemplo. No sé, estoy muy orgulloso del momento musical que estamos viviendo ahora mismo, a pesar de todo.

Hicisteis un programa de radio con Martí en defensa de la calidad musical, pinchando una variada selección de bandas, con más o menos visibilidad (Lázaro, Egon Soda, Tuya, Viva Suecia, etc).  ¿Qué pasa para que haya proyectos que tarden 10 años en despegar, otros que no funcionan si no es por crowdfunding, etc?
Generalmente, lo que pasa es que aguantamos los grupos que somos muy cabezones y muy pesados. Lo que pasa con un grupo los 10 primeros años, normalmente, es que nadie le hace ni caso y ese es el principal problema por el que la música no se puede desarrollar. No tienes ningún apoyo, tienes que creer en ello mucho más que en ti mismo. Tienes que dejar todo tu esfuerzo, tu vida social y tu amor en la música que haces para que a lo mejor luego vayas a Zaragoza a tocar y vayan dos personas a verte. Y luego tienes que volver el domingo a casa para prepararte para trabajar durante la semana en algo que odias para poder seguir tocando. Me hicieron una entrevista en la que me dijeron, “¿Qué? Te ibas ahí al jardín a tocar la guitarrita, y de trabajar, nada”. Es una broma, pero es una broma que me toca muchísimo las pelotas. He estado un año y medio levantándome a las nueve de la mañana y parando de tocar a las diez de la noche para componer este disco, sin parar, todos los días, no me he ido de vacaciones. Yo creo que es un curro, y es un curro muy digno. Otra cosa es que la gente no lo vea así, pero yo no tengo la culpa de cómo lo vea la gente.

¿Quizás sea mejor que funcione así, con el apoyo directo de la gente? Ese éxito instantáneo, de un día para otro, no es de fiar…
Si ahora te metes en Facebook, todos lo estamos petando, ¿no? Todos tenemos una foto con el público detrás. A mí me gustaría que empezáramos a subir fotos con la realidad, la misma foto pero con las 10 personas que han ido a verte. Tenemos que empezar a cambiar ya el concepto este de que hay petarlo ya, ser un grupo de éxito. Creo que la música es otra cosa, es sentimiento, transmisión de sentimientos. Si el objetivo de tu vida como músico es petarlo, vete a tomar por culo, con todos mis respetos. Creo que no tiene nada que ver con el arte. No sé cuál será la fórmula para hacer esto, pero, evidentemente, un grupo como Rufus no podría sobrevivir sin el apoyo de la gente, y me gusta mucho que ese apoyo sea directo. Me gusta mucho habernos saltado todas las discográficas y poder hablar con ellos y ofrecer nuestro trabajo directamente. Quizás va por ahí la cosa, que le den a la industria ya, ya han tocado mucho los huevos a la música durante muchos años. Me gustaría que el arte llegara a la gente directamente y que no pasara por manos turbias.

¿Preferirías llegar a mucha gente o llegar a menos pero que se acerca a vosotros por interés y no por moda?
Lo que preferiría es ser honesto en cada disco que estoy haciendo, y a quien le llegue, me sentiré muy agradecido. No busco nada en ese sentido. Tenemos la gran suerte de que está llegando, no sé cómo, pero está llegando. Desde que hemos sacado este disco nos llegan mensajes todos los días, desde México o Perú, que nos dicen que lo están escuchando por la playa y van llorando. Si hemos conseguido eso nosotros, que somos unos chavales de Aranjuez y tocamos en un local que literalmente es una pequeña cuadra, creo que lo puede hacer todo el mundo. Lo que hay que hacer es creer en ello y no esperar nada de nadie, simplemente mover tú tu proyecto, y si alguien te dice que es una mierda, te vas por otro lado y sigues caminando. Creo que van por ahí los tiros. El problema es que a lo mejor esperamos que de repente nos llegue un contrato millonario y nos digan “Os voy a sacar el disco, lo voy a distribuir por todo el mundo y lo vais a petar”.

En 2016 se cumplían 10 años de la formación del grupo. Aunque no os guste hablar de expectativas, ¿con qué soñabais cuando empezasteis?
Cuando empezábamos, con 19 años, lo que queríamos era ser los Smashing Pumpkins. Luego te das cuenta de que sólo hay unos Smashing Pumpkins, y menos mal que nos dimos cuenta, pero empezamos a pensar que podíamos ser nosotros. Podíamos hacer canciones, coger cosas de los Smashing que nos flipan, coger cosas de los Beatles y pasarlo todo por nuestro filtro, darle mil vueltas en nuestro local y hacer algo diferente. Y con esa filosofía hemos llegado hasta aquí.

¿Cómo os planteabais el futuro en la música? El panorama ha cambiado radicalmente.
Me estoy viendo en mi primer concierto y la verdad es que no pensaba en nada, sólo que tenía libertad y que estaba feliz de poder hacer esto. Y es exactamente lo mismo que pienso ahora. Como la industria siempre me ha dado un poco igual, soy uno de los afortunados que piensa así, disfrutamos del camino y del paisaje y estamos muy felices de todo lo que pasa. A pesar de que sea tan complicado, lo hacemos honestamente, y todo va guay si lo haces así.

Hoy Rufus T. Firefly comienza su gira de presentación de Magnolia. Estas son las fechas confirmadas hasta el momento:

3 marzo – MURCIA – Sala Muzik (Microsonidos).
4 marzo – HUESCA – El Veintiuno.
24 marzo – CÓRDOBA – Sala Hangar.
25 marzo – TOLEDO – Sala Pícaro.
7 abril – ZARAGOZA – Sala Vivalavida.
8 abril – SEGOVIA – Winter Indie City.
13,14,15,16 abril – BENICASSIM – Sansan Festival
22 abril – MADRID – Sala Ochoymedio Club.
29 abril – ZAMORA – Avalon Café.
4 mayo – BURGOS – Museo de la Evolución Humana.
5 mayo – SANTANDER – Sala Summum.
18 mayo – BARCELONA – Sala Sidecar. Entradas
19 mayo – VALENCIA – Sala Wah Wah.
23 junio – ISLA CRISTINA – Festival Anfirock.
13, 14,15 julio – CALDAS DE REIS – Festival PortAmérica.
18, 19 agosto – BURELA – Festival Osa Do Mar.