Cronómetro en mano los gallegos han apurado hasta la última décima de segundo para firmar su ya ansiado segundo álbum. “Año Santo” se despacha en un suspiro, tiempo suficiente para equilibrar los tres vértices de un sonido, que lejos de acomodarse al mundanal ruido blinda cada una de sus nueve canciones con una marca cada vez mas y mejor registrada.

Tanto Isa
como Rodrigo, nuestro interlocutor, confiesan que casi les han tenido que meter
en el estudio de la oreja, que son de los que se ponen a estudiar la noche
antes y que su capacidad de atención se pierde con el paso de una mosca. Si
encima su exultante debut les pone en la tesitura de dar continuidad a un álbum
que, desde 2006, espera ver confirmada la alternativa para una banda de esas
que llaman revelación, la presión se puede convertir en un suplicio para esta
pareja que gusta de la vida contemplativa. “He
pasado muchos momentos de sudores fríos, de decir ‘algún día tendremos que
ponernos de verdad a hacer un disco, estamos tirando nuestras vidas por la
borda, con la edad que tienes y jugando al rock y demás tonterías del instinto de autoconservación
ese’. Ahora que ya tenemos el
segundo acabado, pues me resulta una situación cómica, pero no veas lo mal que
lo pasamos. Hemos mentido mucho cuando nos preguntaba la gente que para cuando
el segundo, siempre decíamos ‘está casi, va muy bien, viento en popa’ y cosas
por el estilo, pero realmente no teníamos nada.
Está claro que este “Año
Santo”
no es fruto del descarte de veinte o treinta canciones, y que la
mitad de este nuevo repertorio está todavía incandescente, sin maquetas
previas, sin bocetos, del ensayo al multipista analógico de Paco Loco. Algo por
otro lado necesario para conseguir el máximo de frescura e inmediatez que
precisan unas canciones de esencia amateur como la suya. “Que sean tan recientes es bueno para las canciones, ya que, por
ejemplo, hay canciones del primero que me gustaban más las tomas de las
maquetas, no por el sonido, ni nada de eso, si no porque hay algunas a las que
les dimos demasiadas vueltas, debido a que nos sonaban ya viejas. Con este, es
todo lo contrario, las hemos recogido en la cinta frescas”
. Sin embargo esta frescura no quita la
exigencia, a un grupo que aspira a todo, de un ejercicio de autocontrol de su
propio sonido. Como la palabra estudiado o meditado pone a priori nerviosos a
sus fans, valga esta aclaración. “Estudiado
no quiere decir más blando, si no todo lo contrario. Hemos descubierto formas
de llegar un poco más allá, gracias a que hemos pasado mucho tiempo probando
muchas cosas con los aparatos. A eso nos referimos con que está más controlado,
tenemos más control sobre lo que podemos hacer”
. Esto ha influido en la
producción del álbum, si en el primero Carlos Hernández tuvo que hacer magia
con las pistas para conseguir plasmar un sonido que en aquellos momentos estaba
por encima de las posibilidades técnicas de la banda ahora Paco Loco ha podido
limitarse a registrar lo que
sucedía en el estudio. “Carlos hizo con
el disco una foto ideal de cómo debía de sonar el grupo y esas canciones. Este
disco suena tal como somos ahora y aunque seguimos verdes, Dios quiera que por
muchos años, controlamos mucho mejor el asunto. Paco para eso es el mejor. Pone
los micros, le da a la cinta, haces una toma buena, y listo”
. En esta mejora técnica ha influido la
incorporación de Óscar y Rafa. Sobresale el trabajo del segundo que ha
permitido con su aportación a la batería una base rítmica que faculta que el
aserradero de guitarras, marca de la casa, luzca más si cabe. “La base va ahora mucho más suelta, con
muchos más detalles, y más contundente sin necesidad de trucos de producción.
Donde antes había tres guitarras, ahora nos basta con una, pero el doble de
alta. Siempre quisimos poner las guitarras abiertas pero en el primer disco no
funcionaba, quitaban contundencia y hacía que todo se perdiera. Lo mismo pasa
con el teclado. Desde que acabamos el primer disco, lo que siempre tuvimos
claro es que queríamos darle más importancia a los teclados, pero ahora, como
podemos hacerlo también en directo, pues no nos hemos cortado nada”
. Y si en algo no se han cortado es como
ellos dicen a la hora de zurrar, ese término acuñado por Carlos Hernández, para
definir la intensidad guitarrera de los gallegos. Los apenas treinta minutos de
este “Año Santo” no dejan respiro, y
por tanto tampoco dejan espacio de tiempo para entrar en divagaciones
lisérgicas, y menos a ese volumen. “Me
gustan los discos cortos. Mi poder de atención es bastante limitado en tiempo.
Me cuesta ver una película entera sin que se me vaya la cabeza a otras cosas. Y
con la música me pasa lo mismo. Además, en nuestro caso, creo que es lo que
pide el cuerpo. Mientras estábamos haciendo las canciones, teníamos siempre un
cronómetro a mano para ver lo que duraban. Si podemos decir todo lo que tenemos
que decir en una canción de dos minutos, mejor que en tres. Intentamos no
recrearnos y concretar todo lo que podamos”
. Eso no significa que el álbum carezca de canciones luminosamente engalanadas,
incluso canciones que beben del pop más coquetamente elaborado. Hablamos de
“Super Castlevania IV”, una “balada” que ahonda y describe la
herencia musical de Triángulo de Amor Bizarro usando como vértices las tres
canciones favoritas de Rodrigo, “Be My Baby” de The Ronettes, “Cheree Cheree”
de Suicide y “Just Like Honey” de The Jesus & Mary Chain. “Empezamos a componerla cuando estábamos
sólo Isa y yo en el grupo y como no ensayábamos, probábamos cosas con el
ordenador, juntamos elementos de las tres canciones, es decir, el teclado y un
poco la melodía de la voz de ‘Cheree Cheree’, la batería de la canción de The
Ronettes y el coro final de Isa lo hicimos un poco como ‘Just Like Honey’. Como
teníamos una letra que nos gustaba mucho, no nos preocupó demasiado el usar
tres canciones tan conocidas de base. En esa época  llegamos a comprar un sampler que devolvimos en cuanto
entraron Rafa y Óscar”
. Sin
embargo el ingrediente personal de este, como diría Chema Rey, particular
caramelo envenenado que coge su nombre del videojuego de la Super Nintendo es
algo más tradicional y más cercano.
“Usamos una pandereta gallega tradicional que tenía mi padre de adorno en casa,
y tiene un sonido así como de coche de caballos, muy grave y con cuerpo. Nunca
me gustó nada de lo que se conoce como música tradicional gallega, las gaitas y
eso, pero las cantareiras me parecen
increíbles, como cantan y como tocan la pandereta y el pandeiro. Estoy pensando en meterme a clases de pandereta gallega…”
. De hecho Isa y Rodrigo continúan
viviendo en la aldea coruñesa de Abanqueiro, algo de lo que presumen y que les
sirve para resetear sus mentes, si bien su música bebe de lo que sucede fuera
de la ría de Arosa. “Creo que el
aislamiento no es bueno a la hora de hacer canciones. Hace falta llenar el
buche de cosas que oyes por ahí, socializar, vamos. No se puede hacer nada
solamente viendo películas, con Internet y leyendo algún que otro libro. Pero,
bueno, con el coche y la costumbre, cuando queremos estar con gente, que es
bastante a menudo, pues nos vamos de paseo. Es en esas salidas cuando realmente
vas juntando cosas para hacer un disco, sobre todo la parte de las letras”
. Unos textos que han ganado concreción
y transparencia, para huir de frases hechas, de relleno al fin y al cabo, en un
disco en el que no hay hueco para meter paja. “He intentado ser lo más claro posible y que todo fuese chicha. No
liarme demasiado ni meterme en páramos de los que no se salir”
. De momento han salido airosos de esa
especie de revalida que siempre supone un segundo disco. Si de lo que se
trataba es de la remisión los pecados del pasado, estamos en “año santo”, no
hay mejor momento.