Los autores del segundo mejor disco del pasado 2010 para esta publicación han hecho los deberes y presentan un año después “Portamento”, su continuación. Un segundo largo que es en esencia sonido The Drums en estado puro, pero que al tiempo que ofrece pistas sobre un futuro posible que desdice a los agoreros y apunta esplendoroso.

A Jonathan Pierce le conocemos por su faceta como frontman sobre el escenario. Él es ese chico amanerado, gesticulante y con voz engolada que parece obsesionado por convertir cada concierto de The Drums en una experiencia única, y cuyo empeño le hace en ocasiones -cuando tanta pasión resulta sobreactuada- rozar el ridículo. La imagen que cada uno de nosotros nos hemos ido formando de él, supongo que bastante parecida, la terminamos de completar cuando lo encontramos en las páginas de cualquier revista de tendencias, entre escaparates de moda firmados por los fotógrafos más afamados del momento. “Soy consciente de que la atención del público en un tiempo en el que hay tantísimas novedades es poca. Hoy eres la banda más cool del año y al siguiente no le interesas absolutamente a nadie. Frente a eso lo único que puedes hacer es respetarte a ti mismo y hacer la música que amas. Es la única forma de dormir tranquilo. Fue lo que me enseñó la experiencia con mi grupo anterior, Elkland”. Uno de esos fotógrafos, Hedi Slimane, publicaba recientemente en su web entre instantáneas de Amy Winehouse y Frances Bean Cobain unas preciosas fotografías de Jonathan y Jacob. Les mostraba en casa, trabajando en la grabación de uno de sus temas, absortos y más próximos a nuestra idea preconcebida de lo que es un maniático del estudio que de esa frívola popstar condenada a un declive tan rápido como meteórico fue su ascenso. Ajenos a la cámara, sin fijarse en el objetivo y absorbidos por su actividad entre cables y conectores cannon y jack, en las fotografías se intuyen dos personalidades que tienen poco que ver con los retratos mentales que nos habíamos hecho de ellos.
Pero el mundo de la música aún guarda unas cuantas lecciones de vida para The Drums. Una de ellas, cara amarga del éxito, tuvo lugar cuando hace ahora justo un año Adam Kessler decidió abandonar la banda agotado por el ritmo de conciertos y compromisos promocionales. Jonathan dice que The Drums ocupa el ciento diez por ciento de su vida y eso era algo que Adam, como muchos otros en su lugar, simplemente no podía soportar. “Llevábamos un año tocando sin parar y un día llegó y nos dijo que no quería seguir. Adam es un viejo amigo, crecimos juntos, así que su marcha fue algo raro que nos deprimió bastante. Para combatir la decepción el día después de que dejara el grupo empezamos a escribir las canciones del nuevo álbum. Durante el siguiente mes y medio grabamos quince temas de los que finalmente en el disco han sobrevivido doce”. Reconvertidos en trío, se volvieron a encerrar en casa –“el principal cambio fue que (sonrisa cómplice) mientras que el disco anterior lo grabamos en el dormitorio de mi casa, esta vez trasladamos el estudio a la cocina”– para intentar dar un paso adelante que sin traicionar el sonido característico del grupo, les sirviera para no estancarse. “Hay miedo a permitir a alguien formar parte de la toma de decisiones del grupo. Las ideas detrás de The Drums son sencillas y no estoy demasiado interesado en que deje de ser así. Siempre he admirado a esas bandas que cuentan con un sonido consistente a lo largo de sus carreras, que publican discos sólidos durante cinco o diez años sin necesidad de reinventarse constantemente. Dicho esto, también es verdad que en ‘Portamento’ los sintetizadores tienen mucho más peso que en el disco de debut y no descarto que el siguiente pueda ser al completo un disco de tecno-pop. ¿Por qué no? Cuando Jacob y yo nos conocimos éramos muy fans de Wendy Carlos, Kraftwerk y Jean Michel Jarre y llevamos toda la vida jugando con los sintetizadores, de hecho a nosotros lo que nos resultó novedoso cuando fundamos The Drums fue componer canciones con guitarras. En ‘Portamento’ la última canción que grabamos fue ‘Searching For Heaven’ y muestra claramente la evolución que se produjo en esas semanas teniendo en cuenta que la primera, ‘What You Were’, perfectamente podría haber estado en el disco anterior”.

“Portamento”, término musical que se refiere a la transición desde un sonido agudo a otro más grave, incide en ese cambio. Pero en su metafórico simbolismo, por encima de todo apunta hacia otra mutación mucho más importante que ha tenido lugar en la personalidad de Jonathan durante este último año. Un hecho clave que surge en la conversación cuando le pregunto hasta qué punto estaba predestinado a convertirse en una estrella del pop. “Lo cierto es que cuando era joven quería ser estrella de cine. De hecho… en realidad quería hacer cosas que me hicieran sentir lejos de mi realidad, porque odiaba todo lo que me rodeaba cuando era niño. Tuve una infancia extremadamente rara. Antes me preguntabas por el teaser de avance del disco y sobre si hemos oscurecido el discurso, y en esos recuerdos infantiles está la razón de que en el teaser aparezcan unas cruces en llamas. La portada de ‘Portamento’ es una fotografía de cuando era crío, con unas manchas rojas en los ojos que me dan apariencia de estar poseído. Quiero a mis padres, pero creo que para ellos yo siempre he sido una especie de demonio porque nunca me conformé con lo que ellos deseaban para mí. Y todo eso está presente en este disco…”. Desde el mismo instante en que The Drums saltaron a las portadas de la prensa musical y de tendencias con la ya famosa “Let’s Go Surfing”, Jonathan Pierce se convirtió en un icono dentro de la comunidad gay. Sin embargo no ha sido hasta ahora que, en las múltiples entrevistas que le hemos podido leer, ha tratado de cuestiones extramusicales que afectan a su labor como compositor. Hasta hoy la música, su pasión por los oldies o los clásicos del sello Factory le había servido de cortina tras la que esconderse públicamente. “Estaba a la defensiva, me protegía y no era consciente de que lo estaba haciendo. Ha sido en este último año que me he sentido liberado para hablar abiertamente de todo esto. Y es por eso que me siento muy satisfecho de este disco y de su título, porque el cambio que he llevado a cabo en mi interior ha sido casi mágico: a mis veintinueve años al fin me siento satisfecho con lo que soy y estoy haciendo, puedo escribir canciones que hablan sobre mi vida, sobre cómo fue y también sobre lo que está siendo”. Hasta el punto de transformar completamente su visión de lo que debería ser la perfecta canción pop. “Es curioso porque cuando hacía el primer disco creía que tenía una idea muy clara de lo que debía ser una canción pop, y ahora encuentro mucha arrogancia en aquella postura. Entonces creía en los estándares, en los clichés. Sin embargo esté disco es más autobiográfico, más personal y tiene más corazón, aunque en él sigue habiendo algo cinematográfico. Y creo que me voy a sentir mucho más cómodo interpretándolo sobre el escenario que, por ejemplo, cuando tenga que cantar ‘Let’s Go Surfing’”.