El impacto de su primer disco fue tan grande que, siete años después, los californianos parecían incapaces de desprenderse de él. En esta ocasión tocaba defender el tercero, pero también algunas contradicciones como el hecho de estar en una multinacional.

Entrevista publicada en Octubre de 1999

Luego dicen que los periodistas musicales andamos siempre con el fusco cargado, los ojos inyectados en sangre y la bilis bullendo a la espera de cargarnos a las bandas de éxito. Puede que en muchas ocasiones sea así, pero, como a todo el mundo, no nos gusta comulgar con ruedas de molino. Aunque las hostias vengan consagradas por los mismísimos R.A.T.M. La actitud, el mensaje y el compromiso político son armas de doble filo que bastante a menudo se disparan en el bolsillo de quien las carga. Si R.A.T.M. estuvieran a la altura de su discurso -anarcosindicalismo, maoísmo, guerrilla urbana, anti-capitalismo…- supongo que no permitirían que las entrevistas promocionales de su tercer disco -del cual a estas alturas no sabemos ni el título- se hicieran tan a vuelapluma, en la línea de productividad propia de los grandes emporios discográficos; sin poder escuchar todo su contenido, sin tener acceso a sus letras, con una mísera escucha de cinco temas premasterizados.
Supongo también que nuestra independencia no es absoluta y que, aunque hacemos lo que podemos, el criterio de actualidad nos doblega en ocasiones como ésta. Porque R.A.T.M. son, en principio, una banda lo suficientemente importante como para prestarle toda nuestra atención. Su debut, «R.A.T.M.» (Sony, 92) todavía escuece. Era lo nunca oído, cuatro muchachos norteamericanos escupiendo decibelios de angustia, de rabia claro, en un poderoso cóctel de rock, hardcore, hip-hop y metal bramado desde los intestinos. Sorprendente y adictivo, sí. No superado, por supuesto. Luego, cuatro años después la decepción se encarnó en «Evil Empire» (Sony, 96), un disco ¿crudo?, sí…¿potente?, también…¿inspirado?, menos, mucho menos de lo que esperábamos. Y no crean que público y crítica les dieron la espalda por ello, cuando una obra maestra colea, las mangas se ensanchan hasta límites insospechados. Y ahora el tercero. Por lo escuchado en la sala de juntas de Sony Music Madrid -sin fumar, que luego los ejecutivos se mosquean si huele a humo- y salvo en «Sleep Now In The Fire» -una llamarada punk-rock- más de lo mismo: guitarras de otra galaxia sobre ritmos frenéticamente entrecortados que basculan entre calma y tempestad. No está mal, vaya, pero de una banda que te deja boquiabierto una vez esperas siempre lo mejor. Y de R.A.T.M. uno puede esperar al menos coherencia y sentido del humor. Que nadie es perfecto, que todos tenemos debilidades, ya lo sabemos pero empecinarse en la propia corrección cuando te pillan en renuncio denota falta de humor, escaso espíritu crítico y –si se me permite- bastante jeta.

Con este panorama, un lunes por la mañana, compartiendo treinta miserables minutos y en una desopilante habitación del Palace madrileño -cinco estrellas, cinco- Tom Morello se defiende. «Nosotros nunca hemos retrasado el lanzamiento del disco, si ha habido alguna fecha previa habrá sido por culpa de la compañía, pero ninguno de los cuatro miembros de la banda hemos dicho jamás una fecha distinta al 2 de noviembre. Tanto la música como las letras están todavía en período de grabación… hemos estado cuatro meses en el estudio y se ha grabado en tres semanas y media… un tiempo bastante corto… Zack además ha procurado que las letras estén muy bien trabajadas y muy bien finalizadas». Si Zack supiera lo que se ha llegado a hacer en este país con letras como la de «Killing In The Name»…en fin. No siempre se equilibra medio y mensaje, pero si uno no pone de su parte por encontrar la coherencia, difícilmente puede conseguir que nuestras cejas se enarquen al hablar de contradicciones como la que viven R.A.T.M. en estos momentos. «Todos los sellos tratan de hacer lo mismo. Todos tratan de entrometerse en el trabajo de las bandas, en la música, en las letras… lo sé por mi experiencia previa a Rage Against The Machine, estando en otro grupo (Lock Up, banda de funk metal californiana que editó un disco en 1991) y en otra multinacional como Geffen… pero tenemos control al cien por cien sobre nuestro trabajo… y es curioso que sólo nos hacen esta pregunta, este reproche los periodistas. Los seguidores de la banda, los activistas de organizaciones benéficas a las que apoyamos nunca nos echan esto en cara, al contrario: siempre han mostrado su apoyo a Rage Against The Machine. Creo que no es una contradicción, sólo vosotros habláis de contradicciones, ellos agradecen que seamos una banda de éxito».
En este momento, mi compañero de entrevista le pregunta por la pegatina de Sendero Luminoso que luce en su guitarra, recordándole que no es precisamente una asociación benéfica. Y Tom arguye, con todo el convencimiento del mundo que «Sendero Luminoso no es lo mismo en 1999 que en 1989. Desde luego la brutalidad y la represión son siempre malas pero lo del terrorismo es difuso, en Estados Unidos por ejemplo decían que Nelson Mandela o Malcom X eran terroristas…».

La charla comienza a adquirir tensión. Una de las encargadas de promoción lo refleja en su rostro. Morello está tranquilo y no parece perder la compostura. Se relaja definitivamente a la hora de elegir entre Public Enemy o The Clash como definitivos en su música. «¿Public Enemy o The Clash?…¡Es difícil!… Public Enemy es la mejor banda de hip hop de la historia y The Clash la mejor banda de rock de todos los tiempos… no sé… probablemente elegiría a The Clash por su personalidad aunque no por su postura política y porque me enseñaron que para hacer buena música no hacía falta tener un equipo carísimo ni una guitarra carísima…vi a The Clash hace años en Chicago y Joe Strummer llevaba un ampli de mierda y su show fue increíble». La promocionera mira el reloj. Nos ha avisado previamente de que no va a tener piedad. Queda poco tiempo. Frente a mí, Morello tocado por una gorra de eléctrico azul en la que reza «Guerrilla», sonriente y realmente parecido a nuestro Dj más ilustre (Jota Mayúzcula), rememora su pasado en la escena punk-hardcore de la Costa Oeste, asegurando que sigue viendo a la gente «¡son mis amigos!». Las agujas siguen moviéndose, mi cuestionario apenas. En la libreta un montón de preguntas que no formularé y la necesidad de elegir una tras el toque de campana promo-cional. Elijo esta: ¿Nunca os ha apetecido crear vuestra propia compañía, como K Records o Dischord, y con ella asegurar la total independencia de vuestra propuesta artística, musical, personal y política? Uno, que a veces cree que ya lo ha visto y oído todo, se da de bruces con la respuesta. «Dischord sí la conozco… la otra que has nombrado…¿K?… no sé que es… Bueno Dischord… la gente de Dischord es gente de negocios, hombres de negocios al fin y al cabo… desde luego que han mostrado una forma de hacer las cosas diferente y claro que Fugazi son grandes músicos, pero la principal diferencia entre ellos y yo es que yo no quiero ser un hombre de negocios, les admiro, pero no es mi ideal de vida… ellos al fin y al cabo han hecho de la música un negocio y nosotros hacemos sólo la música, la música en sí es nuestro modo de vivir, somos únicamente activistas y estamos aquí para hacer música. Además no me gustaría tener un sello discográfico porque tengo un montón de amigos que han sido maltratados por los sellos». No doy crédito oigan. Es evidente que Ian MacKaye no es perfecto, pero me lo acaban de presentar con barriga, chistera y puro encendido con billete de cien dólares. En fin…se acabó el tiempo y me quedo con un montón de preguntas sin respuesta.

El disco llega en noviembre y lo escuchado en «Testify» y «Guerrilla Radio» es más de lo mismo pero mejor que en su anterior entrega; «Calm Like A Bomb» y «Born Of A Broken Man» son algo más enrevesadas y la anteriormente citada «Sleep Now…» apunta manera distintas. No quiero juzgar; me apetece más entender. Me gustaría entender -porque ahora sí que no entiendo nada- qué pasa por sus cabezas cuando atacan la versión de «The Ghost Of Tom Joad» original de Bruce Springsteen y De La Rocha recita: «Ahora Tom dice/ madre, allí donde haya un poli pegando a un chaval/ allí donde un recién nacido hambriento llore/ donde se luche contra el odio y la sangre en el aire/ búscame madre que allí estaré/ Allá donde haya alguien luchando por un lugar donde quedarse/ o por un curro decente/ allá donde alguien luche por ser libre/ mira en sus ojos madre/ allí me verás» aunque quizá la respuesta me la den su manager y su paquidérmico guardaespaldas que, mientras Tom Morello trabaja, apuran un desayuno de puta madre en uno de los salones del suntuoso hotel madrileño. Quizá ellos sí lo sepan.