“Panda Bear Meets The Grim Reaper” (Domino/Music As Usual, 14) supone el cuarto largo en solitario de Noah Lennox, más conocido como Panda Bear, al tiempo que punto y aparte de una trilogía que ha terminado abordando la muerte como una reencarnación.

Tengo que preguntar por Animal Collective, al menos para saber en qué situación está ahora la banda.

Se puede decir que estamos justo en el principio de nuestra temporada de buscar canciones. Doy por sentado que Dave Portner (Avey Tare) habrá empezado a escribir alguna cosa. He hablado con todos sobre canciones y hemos empezado a intercambiar ideas, estamos en ese momento en el que no tenemos suficientes canciones y aún no sabemos qué hacer o qué va a ser lo que mole más. Vamos moviendo entonces nuestras influencias, aunque no se trata de que hablemos de las típicas influencias musicales, sino que discutimos si queremos hacer algo para bailar, o qué hay que hacer visualmente, y le damos vueltas a esas ideas. Recogemos material y hablamos unos con otros para ver qué elementos de los que nos gustan a cada uno pueden llegar a funcionar conjuntamente. Probablemente durante los próximos seis a ocho meses empecemos a escribir canciones y nos enviaremos maquetas. La fase final consistirá en reunirnos en una habitación para tratar de juntar las piezas del puzle, pero eso ahora mismo es el futuro, esto no es nada más que el principio aunque, ya que estoy ahora trabajando en mi disco, debería decir que Animal Collective son ahora una imagen en mi espejo retrovisor.
Estoy en un momento en el que tengo que hablar mucho de mi nuevo trabajo, con el que creo que he avanzado, por lo que, hablar del grupo sería casi como volver sobre mis pasos para evaluar todas las decisiones que he ido tomando sobre otra serie de canciones. Lo interesante es que, haciéndolo lo que hago ahora, solo yo tengo que plantearme las cosas. Me viene a la cabeza el momento en el que decidí hacer más canciones por mi cuenta y tirar por una dirección en concreto. Es una parte interesante del proceso, y ahora mismo estoy concentrado en la parte final de mi proyecto actual.

¿Cuánto tiempo llevas viviendo en Lisboa?
Unos diez años o diez años y medio.

Ya no eres un turista allí, y tampoco te percibirán así los amigos en Lisboa.
Sí, estoy en el momento en el que todos los amigos, de aquí y de allá, empiezan a decir que me he mudado a Portugal de verdad, y cada vez hay menos que crean que volveré.

Después de “Person Pitch”, sobre el 2007, empezaste a reflejar en tus entrevistas el hecho de que vivías en Portugal. Me interesaría saber cómo lo ves ahora, en este momento en ya nadie te puede considerar un extraño en otro país. Querría saber si recuerdas tus dos primeros discos como una manera de resolver emocionalmente ese cambio de vida, sobre todo ahora que seguro que tienes otra perspectiva.
La parte geográfica de la historia se ha visto entremezclada y convulsionada por toda la parte personal en la que me he visto envuelto. Es difícil de encontrar un punto de inflexión en el que cambiaran las cosas o una causa en concreto por la que poder justificar lo que he hecho. A grandes rasgos podría decir que todo se ha mostrado en la música, aunque fuera superficialmente, y este nuevo trabajo tiene todo el aspecto del cierre de una trilogía que he hecho con los últimos tres álbumes que recorren la historia que me ha ocurrido, aunque no estaba seguro de querer admitirlo hasta hace una semana.
Claro, ahora tengo que hablar y que reflexionar mucho sobre mi nuevo trabajo, y eso me sirve para darme cuenta de puedo conectar los tres discos de manera que con ellos puedo contar una historia. “Person Pitch”, hace dos discos, se percibe mucho como la superación de una pérdida y complementa el hecho de haberme mudado para encontrar cosas nuevas que se transforman en intereses muy frescos con un torrente nuevo de estímulos. Es como entrar en un mundo nuevo. Mucha de esa energía se ha quedado conmigo desde ese primer álbum. El segundo, “Tomboy” se enmarca en el momento en el que, después de esa ola de presión y euforia que viví por estar en un sitio nuevo, te quedas con lo que es de verdad. El tercer disco es como un redescubrimiento de las cosas importantes, una vez que la explosión artificial ha pasado y se ha hecho una criba natural.

Pero además, la trilogía tiene que ver con la muerte.
Sí, pero ahora tiene que ver si pensamos en la muerte como en el principio de algo. No creo que ninguna de las canciones nuevas traten sobre la mortalidad, pero sí que tienen que ver con una identidad que se deja atrás, con algo que es diferente, y por eso mismo, hay algo que ha muerto. Para mí, el hecho de que haya canciones que hablen sobre algo que se muere o algo que se marcha, siempre tratan sobre algo que continúa existiendo. Por eso quería que el “grim reaper” (la parca, la muerte) estuviera presente en el título para que tuviera un enfoque como de cómic. No es que sea un chiste, pero desde luego que es una manera más ligera de hablar sobre algo que es más intenso que oscuro.

Me parece curioso que en el vídeo teaser del álbum, la muerte sea una mujer, ¿has tenido algo que ver con eso?
Mi amigo Dani se encargó de todo. Creo que sería justo decir en este punto que mi amigo Dani Perez, que hace las mezclas de vídeo en los conciertos, es esencialmente una parte del grupo, de modo que si Dani no está cuando toco en directo, me da la sensación de que sólo doy la mitad del espectáculo, porque lo que hago en el escenario no es que sea tan interesante de ver, por eso hablo mucho con la gente, mientras que el vídeo se transforma en el componente visual del espectáculo.
Dani conoce la música tan bien como yo, sabe muy bien dónde van los cambios y las transiciones, y dónde hago cosas muy específicas. Si hago algo nuevo en un concierto, en el siguiente, ya tendrá un cambio listo en la parte visual. Es parte de mi música, así que le mandé material grabado en el que ensayaba las canciones para ver lo que podía añadir, o si se le ocurría algo para lo que estaba haciendo, y que organizó un rodaje en su estudio de Los Ángeles, diseñó los trajes, los modelos y la fotografía. Grabó e hizo edición con ese material para usar mientras que yo tocaba música. Creo que con ello se ha añadido una capa más de interpretación para todo mi material. Es una pena que la gente no lo pueda experimentar mientras que están oyendo el álbum, pero para eso está la web. Vamos a poner mucho de su trabajo ahí por si no puedes venir a nuestros conciertos.

El disco está dividido en dos partes, aún más lejanas que las de “Tomboy”, la segunda empieza con “Tropic Of Cancer”, ¿nos puedes hablar un poco de esos dos grupos distintos de canciones, y por qué están así colocadas?
Diría que no son dos partes, que incluso hay tres partes. No es que tuviera un plan muy marcado para poner así las canciones. No tenía claro el concepto o lo que debería significar el disco, pero una vez que grabamos todas las canciones, fue Pete Kember (Sonic Boom) el que sugirió que lo hiciéramos así. Fui al estudio con mis seis o siete mejores canciones, sugiriendo lo que íbamos a grabar. Hicimos la mitad de las canciones, y Pete me pidió que no volviéramos al resto de lo que había preparado. Me decía, “¿Te acuerdas de eso otro que tocaste el otro día que no estaba acabado? Pues vamos a grabarlo hoy”. Así pasaban los días, con Pete pidiéndome que volviera sobre cosas que había hecho antes, de manera que terminamos grabando muchísimo más de lo que habíamos pensado. Eso hizo que trabajar después fuera más difícil con todo el material que había, que llegó a sobrepasarnos, aunque si lo pienso de una manera positiva, cuando estaba tratando de pensar en la secuencia de las canciones, había un grupo de ellas que parecía que contaban una historia, y eso me daba mucha flexibilidad y un nuevo punto de vista para elegir el resto del material y terminar una historia que tuviera sentido para mí, y como te he dicho, tiene sentido con un cambio más que con la muerte, aunque siempre hay algún tipo de muerte relacionada con cada una de las canciones.
Las primeras seis canciones tienen una identidad que se disuelve, como cuando alcanzas un estado en tu vida en el que te sientes forzado a cambiar de alguna manera por circunstancias como que muera un miembro de tu familia, que hayas terminado con una relación, que hayas tenido un hijo, o cualquiera de esas cosas grandes de la vida en las que no tienes más remedio que cambiar para ser alguien nuevo que adopte una nueva identidad. Te ves forzado a cambiar de una manera muy brusca y muy difícil, así que muchas de las canciones incluyen atmósferas confusas que, al menos para mí, bordean la psicosis.
Luego está esa llamada de una trompeta en medio del disco, que tiene el significado de que ese periodo ha acabado y nos acercamos a un nuevo estado, pero la nueva identidad no se ha revelado todavía, no sabemos lo que es. Sería más bien como quedarse en el limbo entre lo nuevo y lo viejo. Es la función que tienen “Tropic Of Cancer” y “Lonely Wanderer”, que resulta que no tienen ninguna batería y terminan siendo pasajes nebulosos que representan para mí esa atmósfera desértica en la que no somos lo que éramos antes, aunque tampoco estamos completamente cómodos siendo algo nuevo. Mi experiencia dice que estar en ese limbo es algo doloroso y triste.
Entonces llega la tercera parte del álbum, que representa la nueva identidad revelándose para mí, por eso hay una canción que se titula “Principe Real”, que tiene una voz con un efecto que la hace ser un poco alienígena y a medio formar. Me gusta la idea de que la nueva identidad no sea enteramente humana todavía, y eso lo expreso con esas voces, y acaba teniendo mucho sentido para mí. Entonces llega “Acid Wash”, que durante mucho tiempo pensé que no era realmente buena. Pete siempre fue un gran fan de esta canción, pero yo tenía toda la intención de que fuera una cara b en el futuro, pero una vez que vi que la secuencia de canciones iba contando una historia, este era el final perfecto. Me parecía una canción que echaba la vista atrás sobre todo el proceso, de una manera difícil, pero más como una liberación que como si dijeras que ha sido algo muy duro. Fue un subidón que encajara tan bien, porque le da a toda la historia un final positivo, que es algo que prefiero antes que darle un final más común en el que hablara de los golpes que da la vida. No quería eso en absoluto.

Has trabajado mucho en las canciones de la segunda parte, y en otras que son también poco rítmicas como “Scherezade”, de “Tomboy”, pero se resalta siempre el resto de tu trabajo. Este tipo de canciones van creciendo con el tiempo y transformándose en un bicho enorme, y tal vez sea por donde termines evolucionando.
Sí, desde luego.

¿Y cómo las has compuesto? Porque me imagino que para ti también habrán sido muy diferentes a cuando hiciste otras como “Mr. Noah”.
“Mr. Noah” y todas las demás, excepto las que no tienen batería, se compusieron exactamente de la misma forma. No hay letra, y no se añade hasta el final. Empiezan con baterías y ritmos, que son lo primero que hacemos. Los primeros seis u ocho meses de vida de las canciones, son sólo eso. Las voy tocando una y otra vez, y voy tomando apuntes para la producción y los arreglos de los diferentes sonidos. Hice unos cuarenta o sesenta comienzos de canciones que eran sólo ritmo, y tal vez un ruido o una parte de sintetizador, y luego vuelvo poco a poco a las que me gustan más para tratar de que se vayan revelando como canciones más evolucionadas.
Luego junto siete u ocho de esas con las que voy al estudio. Si tengo ocasión, las toco cinco o seis veces en directo antes de llevarlas al estudio. Llevo todo lo que he hecho y lo troceo parte por parte para introducirlo en el sistema del estudio. Hay que reacoplar todas las partes, añadir las percusiones y todo lo que hubiéramos pensado que llevaría la canción. Después hay algunas canciones que van apareciendo mientras que estamos allí, “Lonely Wanderer” fue una de esas, pero también “Acid Wash”. Creo que esas eran todas las que no estaban del todo acabadas, además de “This Side Of Paradise”, que va en el EP de “Mr. Noah”, y tal vez alguna otra que ahora no recuerdo. Después, en la mezcla quitábamos todo lo que hubiéramos añadido, y que solo creyéramos que estaba ahí simplemente por estar.
Ese proceso fue… Pasamos desde enero a septiembre haciendo el disco, y solo grabamos en enero. Todo lo que hicimos desde febrero hasta septiembre fue mezclar y masterizar. Fue mucho tiempo decidiendo cómo tenía que ser cada canción, qué elementos tenían que estar ahí y quedar para siempre. Fue muy duro.

Bien, dices que desde enero hasta septiembre de 2014 estás trabajando con Sonic Boom en el disco, pero solo grabasteis durante un mes. Entonces, ¿el resto fue una historia de amor y odio entre los dos?
Grabamos durante un mes, luego nos tomamos dos semanas libres para vaciar la cabeza, y durante los siete meses siguientes tuvimos otros proyectos en los que ocuparnos. Yo tenía que tocar con Animal Collective, hacer bolos, etc. Así que no fue tampoco una cosa de trabajar todos los días…
No diría que fue amor y odio, sino amor y frustración, o mejor, amor, amor, y frustración. Dos partes de amor y una de frustración, porque a los dos nos importaba de verdad el proyecto y su música, aunque a veces era duro juntar todos los elementos de las canciones y que tuvieran sentido. Los dos sabíamos cómo queríamos que sonaran las canciones, pero a veces no sabíamos cómo llegar a ese punto, especialmente con una canción como “Come To Your Senses”, de la que hicimos como cincuenta versiones diferentes. Hubo que trabajar mucho con prueba/error. A veces funcionaba y otras no, por lo que tardamos mucho más de lo que nos imaginábamos en terminarla.

Me parece que nunca has estado muy de acuerdo cuando se ha dicho que bebías de The Beach Boys de una manera tan clara, así que, ¿en qué sentido dices que el disco está influido por 9th Wonder, tal vez se trate de que estás indicando que ahora no te inspiras en el pop, sino que estás empezando a mirar hacia el hip-hop?
Lo mismo que pasaba con The Beach Boys, pasa ahora con este disco. Todo el mundo puede verlo. Siento que el impulso para la banda y para mí mismo (y probablemente una cosa lleve a la otra), y cada vez que hay una influencia evidente en lo que estamos haciendo, y conseguimos conectar con un sonido que hacemos, ya sea un sonido de guitarra, o la manera de producir algo, o un elemento como, digamos, el sonido de un cristal roto…; cada vez que alguien atrapa una idea, el impulso para nosotros es abstraer eso inmediatamente para hacerlo secreto o para esconderlo. Por eso siento que nuestras bocas están selladas a la hora de hablar sobre influencias, o cuando alguien cree que estábamos escuchando tal cosa cuando hicimos ese disco. Cada vez que estoy escuchando algo, mi impulso es correr en dirección contraria para asegurarme de que no estoy copiando nada en concreto, por eso que cuando hablamos sobre influencias quedamos como idiotas, porque siempre estamos tratando de esconderlo o de hacerlo secreto, de modo que combinemos muchas influencias y ninguna de ellas esté demasiado clara.

OK, me parece una estrategia correcta, pero mira, tengo que escribir la crítica de tu disco para el próximo lunes, y estoy cagado de miedo…
Me parece bien que estés cagado.

Bien, o sea que me supongo que para acertar, lo mejor será hablar de sentimientos, aunque supongo que siempre hay alguien que espera que escriba que tu música suena como esto o lo otro.
Te pondré un poco de luz en el camino. Yo diría que hay una producción de hip-hop de los 90. ¿Conoces la canción de Suzanne Vega remezclada por DNA?

“Tom’s Dinner”.
Recuerdo haber oído esta canción hace unos tres años y pensar que quería hacer algo como eso. Puede ser difícil de detectar, pero es un hilo del que se puede tirar, al igual que muchas de las producciones de 9th Wonder de esos años. Eso me empujaba a pensar que quería hacer mi propia versión de eso. Puede que no sea tan obvio, pero de eso voy. Quería tener muchas partes vocales que fueran representativas de lo que creo que vendrá en la música popular, quería que las partes vocales fueran muy representativas, como creo que está pasando en la música popular estos días, que sean muy simples, con ganchos grandes y evidentes.
Quiero que cada canción se reduzca a una serie de estribillos, como si cogieras una canción de Taylor Swift y eliminas las estrofas para quedarte sólo con el estribillo, y entonces coges el estribillo de una canción de Ariana Grande y mezclas eso con el estribillo de Taylor Swift, y de eso resulta lo que quiero. Quiero escribir canciones que solo sean una sucesión de estribillos. Cosas así son las que andan dándome vueltas en la cabeza, aparte de prestar mucha atención a lo que está ocurriendo en la música, y qué sonidos son los que están haciendo que se muevan millones de personas. Eso es lo que quiero escuchar. Puede que no sea obvio con lo que he hecho, pero es lo que me excita.

Tanto tú como tu grupo sois referentes en el sentido de que tenéis una personalidad musical única, algo que puede ser sinónimo de individualismo, algo que no está tan bien visto como hace unos años, aunque no sepamos por qué.
Aunque no soy una persona demasiado política, veo que el sistema está hecho una porquería, y eso que solo arañamos la superficie. Siento que debería actuar más de una manera local con la gente con la que tengo una relación personal. Por ahí debería empezar, antes de pensar en cambiar las cosas. Si tuviera que dejar algún mensaje político, puede que suene cursi, pero se trata de amor, de necesidad de entendernos todos. Viajando tanto y viviendo en otro país, te das cuenta de que la gente tiene maneras muy diferentes de abordar los asuntos más comunes de la vida, y perspectivas muy diferentes sobre las cosas más simples, y ves que no hay una sola manera de saber que las cosas están bien o mal, sino que hay que conseguir abordar todo desde diferentes perspectivas. Esto es una lección muy valiosa para cualquiera que la quiera aprender. Espero que la música haga llegar ese mensaje de alguna manera. Ha de ser un mensaje positivo, con la idea de que está bien ser diferentes, que podemos aceptar las diferencias de los demás. Tratar de entender a los demás a un nivel básico es algo muy sano.

Aprovechándome de tu origen y de que vives en Portugal, cuando vuelves a los Estados Unidos, supongo verás las cosas desde un punto de vista algo diferente, ¿hay algo de eso?
Hay una parte de América que aún no ha expandido su perspectiva fuera del país, que sólo se ocupa de lo que tiene más cerca, pero me da la sensación de que ocurre más o menos lo mismo en casi cualquier parte, sobre todo si se trata de lugares que están lejos de la línea de la costa, donde siempre hay mucha interacción con todo lo demás. Normalmente los núcleos de los cambios en los que se reúne el pensamiento más progresista, son los lugares en los que hay una interacción real con otras culturas, otra gente y otros sitios. Por eso, si vas al centro geográfico de los Estados Unidos, hay una vibración completamente distinta de la que hay en la costa. En ese sentido es muy similar a lo que ocurre en casi cualquier sitio en Europa. En lo tocante a si ahora tengo sentimientos diferentes sobre Estados Unidos a los que tenía antes de mudarme a Lisboa, la verdad es que noto que hay una sensibilidad racial muy distinta, pero también que aquí se piensa además de una manera diferente. No puedo decir que uno tenga razón y otro no la tenga, pero es muy interesante saber qué pasa para la gente por correcto y qué no. La sensibilidad sobre la cuestión racial en Europa y en América es muy diferente, es lo más significativo que he percibido.