No cabe duda de que Queens Of The Stone Age son una de las bandas fundamentales del rock de los últimos veinte años. Ahora vuelven con Villains (Matador/Popstock!, 17), un disco producido por Mark Ronson y en el que combinan distintas caras de su personalidad.

Llego al ático del lujoso hotel London Editions, junto al límite este de la City. En la mesa, dos revistas con portada dedicada a Post-Pop Depression y un paquete de Camel (no podía ser otro). En la terraza, vestido de cuero negro de pies a cabeza, el gigantón Josh Homme apura un cigarrillo apoyado en una barandilla que ofrece vistas espectaculares de la ciudad. No seré yo quien rompa su momento de relax. A juzgar por el trajín de periodistas que hay abajo en el hall, debe estar teniendo un día intenso. El líder de QOTSA gira la cabeza y mira de reojo, da una última y profundísima calada mientras estira sus ciento noventa y tres centímetros, se da la vuelta y exhala una enorme nube de humo que lo envuelve mientras entra en la habitación. Buen truco. Termina su puesta en escena de ilusionista con mirada y saludo solemne, pero al sentarnos en los sofás suena ese ruidito que hace el cuero al arrugarse. Sonríe. “¡Yo no he sido! (risas). ¿Comenzamos?”. Viendo que está de buen humor, arrancamos con una cuestión que creemos ha podido tocarle las narices. Lo de “es el disco más bailable de Queens”. “Es un comentario algo fuera de lugar, porque todos los discos de Queens tienen cosas muy bailables, tío. La gente ya está comentando cosas como ‘tío, Villains es demasiado diferente’… Y aunque se estén equivocando en algunas cosas… Pues mira, colega, esto es parte de lo que somos, o lo tomas o lo dejas (risas)”.

Esa percepción pública de lo que nos trae Villains sin duda ha venido marcada por el single de adelanto, The Way You Used To Do. “Es la primera canción que hice para el disco”, dice Homme. “Yo no grabo demos, no creo en el uso de demos. Pero esta la grabé en el estudio de mi casa, y salió prácticamente la versión final. Me gustó tanto el resultado que intenté no escucharla demasiadas veces ni pensar demasiado en ella, para no acabar cansado de ella o, peor aún, odiándola, así que un buen día me decidí a ponérsela a los chicos en el backstage de un concierto”. ¿Y qué ocurrió? Pues sorpresa general. “La reacción inmediata de cada uno de ellos fue ‘¿esto qué es?’. Estaban sorprendidos, pero luego todos me dijeron: ‘¡Me encanta!’. No sabían decirme a qué les recordaba, pero ya se lo dije yo: ‘Llevo una buena temporada escuchando a Dean Martin y Cab Calloway, y creo que tiene ese espíritu’. Todos soltaron: ‘¡claro!, ¡qué bueno!’. Tiene ese rollo ta-tarara, ta-ta-rararara, ta-tarara, ta-ta-rararara, que es rock’n’roll pero desde un ángulo diferente. La segunda canción que compuse fue Villains, y, claro, los chicos me dijeron que había un abismo entre las dos (risas)”.

No debería sorprendernos que Homme quiera sorprendernos. Desde el debut de QOTSA no ha habido dos discos que se parezcan mucho entre sí, lo cual significa todo un logro en una banda que si se ha caracterizado por algo, es por tener un sonido propio. “Creo que como artista, lo mínimo que puedo y que debo hacer es tomar el riesgo y dejar atrás lo que está atrás”, reflexiona. “Queens hemos logrado perfilar un sonido propio, que es una de las cosas más difíciles y a la vez importantes en un grupo de rock que pretenda trascender. Pero si no tienes cuidado, ese sonido propio te acaba devorando o te convierte en una caricatura de ti mismo, porque el sonido también va asociado a una estética. La idea de evolución tiene que imponerse a los diferentes ejemplos de evolución que hayas ofrecido hasta el momento. Ese es el lema, la idea por encima del ejemplo de la idea”. Tras dar un trago a una copa de a saber qué brebaje matutino, Homme se detiene un momento y mientras mira al techo de la habitación, con las manos entrecruzadas en el cogote, parece viajar mentalmente a través de todos sus discos a la velocidad de la luz. “En un disco número siete creo que hay que tener eso muy claro, y, cuando lo tienes, sientes como si estuvieras desnudo y pudieras ponerte cualquier cosa. Esa sensación de libertad es la que me gusta. Es como coger todo tu armario ropero y tirarlo al fuego, una catarsis que te obliga a avanzar”.

“Hemos logrado perfilar un sonido propio. Pero si no tienes cuidado, ese sonido propio te acaba devorando o te convierte en una caricatura de ti mismo”

Haciendo gala de esa actitud, ya pueden imaginarse qué opina sobre las miradas nostálgicas en el arte. “Hay tanto por hacer que las considero una pérdida de tiempo. La nostalgia absorbe el poco tiempo que nos queda, así que ¡quédate aquí y ahora, tío! Además, como músicos, estamos aquí para sorprender, para hacer lo que nadie esperaría que hiciéramos”. Por eso, esta vez se ha aliado con un productor totalmente inesperado, Mark Ronson, el mismo que ayudó a catapultar a Amy Winehouse, Adele o Bruno Mars. “Todo empezó porque mi hijo de cinco años estuvo meses y meses sin parar de escuchar Uptown Funk de Bruno Mars, lo hacía todo el tiempo. Así que terminé fijándome en muchas cosas de la canción, que es muy buena en realidad, y vi varios puntos de conexión con Queens Of The Stone Age, como ese sonido de batería apretado, vacío, seco y duro. Después, cuando conocí a Mark, me invitó a escuchar varios temas de Lady Gaga en los que estaba trabajando. Después de verle trabajar durante veinte minutos, percibí su honestidad como productor. Pero cuando le dije a la gente que Mark produciría nuestro siguiente disco, todos me decían: ‘¿Mark Ronson? ¿Por qué? Josh, tío, esa sí que no la veía venir’ (risas)”.

Sin embargo, a Ronson no le costó demasiado terminar formando parte de la pandilla. “Así es como le dije que quería que se sintiera, que si quería proponer algo lo hiciera sin complejos, y la verdad es que se lo tomó muy en serio porque siempre estaba ‘tíos, podéis probar esto, podéis probar aquello’, como un chaval de quince años en el local. Nos lo pasamos genial sorprendiéndonos unos a otros proponiendo ideas. Fue maravilloso ver las caras de excitación en el estudio. Normalmente no trabajamos con nadie en el estudio ajeno a QOTSA (todos sus discos han sido coproducidos por Homme y estrechos colaboradores del grupo), pero esta vez fue divertido y emocionante hacerlo porque estábamos quemando puentes con el pasado. Era como echarles fuego y verlos arder, ¿sabes?”

Ya trabajando en Villains, Homme descubrió en Ronson a un productor que “explica las cosas de una manera sencilla y clara, y siempre mantiene la energía adecuada en el estudio. Además es un grandísimo fan de la música”, que entre otros muchos discos adora Rated R de QOTSA. “Sí, me preguntó cosas sobre aquella grabación”, confiesa Homme. “Pero por ejemplo, yo, que soy muy fan de Iggy Pop, también le pregunté cosas sobre sus discos cuando produje Post-Pop Depression, pero sin ponerme por debajo de él. No hay que besarle el culo a nadie, ¿sabes? Por mucho que te guste una artista, eso no significa que tengas que tomar una postura de sumisión al conocerle. La honestidad y la emoción de Mark me resultaron creíbles, sinceras, y además hablando sobre Rated R me demostró que todo lo escucha con mucha atención, es muy cuidadoso para no perder detalles. Por ejemplo, en la canción Head On A Haunted House puedes escuchar muchísimos detalles en forma de silbidos, grititos, distorsiones, detalles pequeños pero importantes, que demuestran que Mark sufre la misma enfermedad que yo (risas). Se parece a mí en cuanto a llevar los experimentos hasta el límite, en plan ‘¡eh, tío, sigamos haciendo esto hasta que parezca que va a explotar!’”.

En la entrevista está prohibido hablar sobre el atentado sufrido por Eagles Of Death Metal en la sala Bataclán de París, pero la sombra del terrorismo parece asomar cuando Homme explica el significado del título Villains. “El peor villano es el que hace que algo que debería ser celebrado se convierta en algo que dé miedo”. Sin embargo, charlando sobre la portada del disco descubrimos que se está refiriendo al villano interior. “En Queens Of The Stone Age todo se decide por consenso. Por ejemplo, en The Evil Has Landed quitamos una parte porque a los demás no les encajaba, por mucho que a mí sí. Me dieron buenas razones para hacerlo, razones convincentes. Pero otras veces se hace lo que yo digo (risas), y con la portada fue una de esas veces. Yo quería sacar al Diablo, y el resto del grupo no estaba de acuerdo. Pero sus razones no me convencieron, de hecho sus razones para quitarlo eran mis razones para mantenerlo. Decían que era demasiado típico, pero el disco se llama Villains, y el Diablo es el villano original. Delante del Diablo quería sacar mi imagen para contrarrestar el mensaje de aquellos que dicen que cuando alguien hace algo malo, es porque el diablo ha querido que así ocurriera. Es la puta peor excusa del mundo. ¡No fui yo, fue el Diablo! No, tío, fuiste tú. El peor Diablo, el peor villano es el que te hace engañarte a ti mismo con ese tipo de gilipolleces”.

Con el disco ya publicado, sólo queda comprobar si será capaz de superar o al menos igualar el exitazo de … Like Clockwork, que logró convertirse en el primer número uno de QOTSA en las listas estadounidenses. Homme se descojona cuando le preguntamos si le decepcionaría no conseguirlo. “¡No, hombre! Las cosas que no puedo controlar las dejo aparte. Estaría genial, pero no puedo ni quiero tener nada que ver en eso, no forma parte de mi arte. Estoy orgulloso del disco, lo amo, ha mostrado una parte de lo que pueden hacer Queens Of The Stone Age, y puedo dormir bien por las noches con mi mujer”. Así que mientras Villains escala puestos en Billboard, él se dedicará a disfrutar de la gira que ya los ha llevado a docenas de ciudades estadounidenses, y cuyas fechas europeas no incluyen a España, por ahora. “Espero ir a vuestro país, por supuesto. Hay ciudades españolas que me vuelven loco. Como Gerona. Recuerdo comprar varios CDs de artistas de la ciudad pensando que reflejarían el rollo medieval en su música, y me llevé buenas sorpresas (risas). Si será nuestra gira más larga o no, no me importa en absoluto. Sólo quiero embarcarme en una gira que me haga sentir emociones, retos, sin pensar en nada más. Si piensas en el dinero que puedes ganar forzando la máquina para llegar a más sitios… te estás equivocando. No hay nada bueno en ese pensamiento. Solo iremos hasta donde consideremos necesario”.