Disco a disco, piedra a piedra. Pylar continúan edificando la gran obra con un nuevo trabajo capaz de provocar auténtico vértigo. En representación de la banda, y con la asistencia cósmica del Numinoso Círculo, Bar-Gal (guitarra, teclado) habla con nosotros sobre improvisación, megalitos y algunos detalles sobre la grabación que permiten entender por qué “A ella te conduce la Sagrada Espyral” (Discos Humo, 17) es uno de los discos imprescindibles que nos ha dejado la escena experimental del Estado durante este año.

Con “A ella te conduce la Sagrada Espyral”, pasamos a un disco más abierto –e, incluso, sentido– que “Pyedra”. Da la impresión que vuestro anterior trabajo estaba pensadísimo…
Tienes razón. En “Pyedra” las estructuras eran ejes fijos sobre los que apoyamos nuestra interpretación, aunque sigue habiendo mucha más improvisación que la que encontramos normalmente dentro de un disco de metal.

De hecho, en el nuevo álbum el nivel de improvisación es aún superior…
Casi todos los temas que escuchas en el disco fueron grabados en directo y son primeras tomas. Tuvimos suerte de que esas interpretaciones que forman parte del disco son las mejores e inspiradas que habíamos realizado hasta el momento. La improvisación es un recurso que el metal no suele manejar y nosotros queremos recuperarlo y darle más peso. El azar de una improvisación te permite alcanzar lugares inaccesibles de otro modo. A nosotros nos ha merecido el esfuerzo.

¿Hasta qué punto lleváis vuestra capacidad de improvisación a los conciertos? Quiero decir, ¿puede haber mucha diferencia entre una canción que hayáis grabado en el estudio con la que la gente, finalmente, escucha en uno de vuestros directos?
Sí, siempre la hay. Es algo que nos encanta del rock o del jazz de finales de los sesenta y en adelante… La forma en la que los grupos podían interpretar temas de sus álbumes que conseguían tener una vida totalmente propia en el directo, justo cuando las fuerzas deben desatarse… En el metal, que es nuestra principal fuente de inspiración musical, esto desaparece en gran medida y nosotros queríamos que la improvisación fuera un elemento esencial de nuestro directo, que los temas se apoderaran de nosotros y siguieran su propio camino cada vez que fueran interpretados. El no saber qué va a ocurrir lo hace más interesante para nosotros.

Recuerdo que, tiempo atrás, cuando hablábamos sobre la grabación de “Pyedra”, parecía no haberse dejado ningún detalle al azar. ¿Cómo ha resultado esta nueva grabación?
Pues el discurso que queríamos plasmar tenía un planteamiento bastante complejo. Queríamos transmutar a sonidos la cosmogonía del neolítico, periodo histórico que nos tiene obsesionados. Desde el origen de todo a partir de las “Aguas primordiales” hasta las distintas hierofanías o manifestaciones sagradas de la Diosa Madre. De ella procedía todo lo que existe… la naturaleza e incluso el tiempo. Traducir todo ese sentimiento cósmico, esos símbolos arquetípicos de la existencia a música fue un camino largo pero que disfrutamos muchísimo. Hubo temas muy difíciles de plasmar como “Sagrada Espyral”, que es lo más complejo que hemos compuesto hasta el momento, pero todo fluyó con rapidez, lo que nos vino muy bien porque esta vez queríamos cuidar mucho el proceso de mezcla del disco ya que la cantidad de capas y la densidad de las texturas que se alcanzan a veces así lo requerían. Es el disco con el que estamos más contentos a nivel de producción de todos los que hemos grabado. También ha ayudado en este sentido que es la cuarta vez que visitamos el estudio de La Mina y que Raúl Pérez ya sabe exactamente lo que necesita Pylar para que cada instrumento tenga su espacio.

Sobre vuestra obsesión con el neolítico, ¿podrías decirme dónde empieza ese interés por un periodo histórico que muy pocos han reivindicado desde el terreno musical?
Aquí se juntan varios factores. Uno de ellos, y quizá el primero, fue la puerta que abrió Julian Cope en mi mente cuando unió en una frase megalitismo y metal. El producto sería algo de una fuerza insuperable, algo “tectónico”. Evidentemente, nosotros llevábamos ya un tiempo obsesionados con la prehistoria, con el cambio de paradigma que se produce en el neolítico que supone el paso del matriarcado al patriarcado. Pues bien, todo eso coincide con que en Andalucía, nuestro lugar de procedencia, se encuentran varios de los templos megalíticos más importantes del mundo y nos pareció un legado excelente para que una banda de metal los reivindicara y les hiciera justicia con una música que estuviera a su altura en el sentido de algo muy poderoso. Aquí entra en juego el siguiente factor: la psicogeografía, idea que sacamos de la obra de Alan Moore. Hay pocos grupos que hayan tocado esta temática, como bien dices, pero la idea con Pylar era llevar el tema a un punto jamás alcanzado por los demás: crear unos artefactos, nuestros discos, y concebirlos como objetos de poder con una profundidad y un nivel de detalle solo alcanzable a través de la demencia que se obtiene mediante la obsesión. Visitamos aquellos templos, hicimos ceremonias en ellos, revivimos las fuerzas telúricas que llevaban milenios sin ser invocadas, obtuvimos claves relacionadas con su geometría sagrada, desciframos arcanos de su sagrada protoescritura, etcétera. Ha sido un sendero fascinante de recorrer… Nadie que yo sepa a llevado tan lejos como Pylar su amor por el megalitismo, el neolítico y los diosas y dioses que lo habitaban. Es una responsabilidad muy grande si lo piensas. Estamos aquí porque somos herederos de la antigua tradición y hemos venido a cantar a la Diosa Madre, aquella que inspiró todo ese mundo. Nuestro último disco ha llevado todo ello al siguiente nivel…

Gamaheo, Trarames, LenguadeCarpa, Lingua Alaudae, Bar-Gal… Se mantienen las mismas personas por segunda vez. ¿Podríamos entender que la formación de Pylar se ha estabilizado? ¿O, por el contrario, defendéis aquello de que sois una banda “múltiple”?
Sí, Pylar es múltiple. Yo personalmente estoy disfrutando muchísimo con esta formación y espero que se mantenga en el tiempo. Estamos abiertos a colaboraciones si así lo requiere la música o el diseño, y las ha habido ya (todos con pseudónimos, así que nadie sabe realmente quién ha colaborado con nosotros). Es el segundo disco como quinteto, pero la formación ha variado para cada tema, al contrario que en “Pyedra”, donde todos participábamos en todas las canciones porque buscábamos deliberadamente ese efecto de densidad. Aquí nos hemos adaptado a las necesidades discursivas y narrativas prefijadas. Hay temas donde participan hasta diez instrumentos y también tenemos otro donde solo está presente la trompa. Esa variedad hace que el disco funcione como lo que es: un objeto de poder en forma de umbral que permite trascender la realidad y acceder al espacio-tiempo sagrado, allí donde habitan las ideas y de donde proceden los dioses.

“A ella te conduce la Sagrada Espyral” es el primer disco que publicáis con Humo, compartiendo filas con Mohama Saz, Fee Reega, Balcanes, Sta, Fasenuova… Todos ellos grupos muy diferentes entre sí y quizás con un denominador común: el riesgo. ¿Cómo surgió la oportunidad de editar con ellos?
Nos gusta el eclecticismo que practica Humo. Como bien dices, las bandas son muy diferentes entre sí pero con una actitud común nada acomodaticia. Humo se puso en contacto con nosotros cuando editamos “Pyedra” con Alone Records y nos dijeron que estaban interesados en la banda. Vimos que era el sello adecuado para editar un disco tan variado y heterogéneo como es “A ella te conduce la Sagrada Espyral”. Les agradecemos mucho que apostaran por nosotros y que hayan realizado una excelente edición en la que se ha incluido hasta el último detalle que hemos pedido en todos los sentidos.

Y ahora, con el nuevo álbum publicado, ¿cuáles son vuestros planes a corto plazo?
Ahora mismo nos estamos preparando para lo que llamamos la “Gyra Espyral”. Queremos presentar el disco allí donde podamos y ahora mismo estamos cerrando fechas por toda la península. Además de eso, pronto habrá sorpresas relativas a la edición de material de Pylar de lo que aún no podemos adelantar nada. Y, por supuesto, la composición de nuevo material. Hay ya un par de embriones para un par de discos que van a llevar nuestra música a otro nivel. Veremos cuál madura primero.