Aún después de tres discos, cuesta creer que tras Pshycotic Beats se encuentre tan solo un alma pensante y ejecutante, una única cabeza valiente y loca capaz de componer un universo propio y absolutamente genial. Andrés Costureras, es el nombre de esta rareza madrileña, que tras un esfuerzo colosal ha conseguido completar una trilogía digna de las más sinceras alabanzas. “The Black Sea” es la última entrega de un viaje trepidante, a través de cuartetos de cuerda, voz, piano y pop electrónico sin fisuras (como dice él mismo), el triunfo de la épica y la locura, propia de los genios, en estos tiempos inciertos en los que la calidad musical se vulgariza por un puñado de billetes.


Se podría decir que eres un artista renacentista ocupándote de diferentes procesos artísticos magistralmente. ¿Podrías enumerar todas las funciones que has realizado durante la creación de esta trilogía?
Productor, arreglista, mezclador, teclista, masterizador, diseñador de portadas, fotos de promo, retoque fotográfico, maquetador, realización y edición de cuatro videoclips y los teasers de este disco, cantante y letrista, manager, agente de prensa, director musical en los directos que hice con mi proyecto paralelo de The Bounce Committee, dirigir un mini sello discográfico yo sólo, AOR. De verdad que no ha sido por ego, me da un poco de vergüenza hacer tantas cosas, me hubiera encantado poder pagar a un equipo y delegar un poco, pero soy pobre.

Háblanos de la distancia estilística que va desde “Knives” a “Black Moon Falling”.
Pues a pesar de las múltiples referencias horrorosas que me han sacado como los Scissor Sisters, nadie ha mencionado a Geoff Barrow ni a Portishead, que son quizá mi máxima influencia, “Black Moon Falling” es como una especie de “Glory Box” y “The Knives” es “Chase The Tear” mezclada con Grimes. A nivel vocal “Black Moon Falling” es el primer Scott Walker y “Knives” yo imitando a Beth Gibbons. Las chicas cantantes son tan importantes para mí como los crooners y los caballeros. Hay distancia estilística pero tampoco la sé justificar o describir. Yo hago discos para que se escuchen de un tirón, si en la época de la playlist no tienen sentido tampoco me importa demasiado.

¿Consideras que tu versatilidad puede ser un arma de doble filo?
A nivel prensa musical y eso sí, porque existe esa necesidad de etiquetarlo todo, definirlo, clasificarlo. Yo hago una mezcla un poco marciana y creo que no saben muy bien qué hacer conmigo. Pero creo que al público todo eso le da igual, ellos escuchan la música y si les llega y les mola pues chinpún. No se complican tanto la cabeza.

“Artísticamente no cambiaría nada, en el fondo creo que todo pasa por algo y hay que arriesgar siempre y tirar por el camino que más miedo te da”

¿Por qué has decidido editar en vinilo? ¿Cómo ha ido? ¿Te ha sido rentable?
Me parece que el tiempo pone todo en su sitio. Durante veinte años hemos estado utilizando formatos que pueden sonar mejor o peor pero han degradado mucho la experiencia de escuchar música, sentarse con un porrito en la cama o en tu salón a disfrutar de un disco. Eso el cd ya lo rompió, porque nos pasábamos el día saltando las canciones o escuchando los veinte primeros segundos de cada tema a ver si molaba o no molaba. Después llegó la era “emule” y durante diez años yo creo que todo el mundo se bajaba música a mansalva pero no llegaban a abrir ni una carpeta. Y ahora está el streaming que permite organizarte muy bien los discos a escuchar pero sigue siendo una experiencia que genera algo de ansiedad.
Como canto en “From Disco Section to House Foundation”, la gente oye la música, pero ya no la escucha, la escucha de fondo, o va a festivales y la música es como secundaria, van a conciertos y hablan sin parar. Nadie escucha la música, y se hace para que se escuche, ¡coño! Con todo esto al final la gente creo que se ha cansado de empacharse de referencias, de tener que relacionarse con un formato que no tiene ni sabor, ni olor. Dar el CD o el cupón de descarga junto al vinilo es dar lo mejor de cada formato de una tacada. Los vinilos molan mogollón, cada uno tiene su opinión sobre lo que suena mejor, pero las portadas, el gramaje y disfrutar de un buen encarte con las letras me parece que no tiene precio, y por eso ha explotado la fiebre del vinilo que ayuda a que la gente escuche la música.
Yo es la primera vez que recupero la inversión. Mi vinilo sale a 25 pavos con los gastos de envío y trae las letras, la descarga y la versión CD, y eso la gente lo paga. Tanto que cuando salió, en tres horas se vendieron casi ochenta copias, cuando eso de mis trabajos anteriores no se ha vendido jamás ni con un año de promo. Y he recuperado la inversión. Así que bendito revival.

Hablando de la trilogía, cuál es el disco del que te sientes más orgulloso y por qué? Supongo que “Dormihcum”, porque fue el único en el que yo he sido rematadamente feliz, fue un disco muy divertido de hacer, y lo hice de una manera muy inconsciente. “The Black Sea” casi acaba conmigo, me tenía que haber tomado un descanso antes de meterme con él, y me ha costado dios y ayuda terminarlo. Estoy muy orgulloso de él y me parece mi mejor trabajo. Pero tus discos son un poco como tus hijos: “Rexer Flash” es el niño feo que lo suspende todo, “Dormihcum” es el más guapo, el que te trae buenas notas y no da problemas y “The Black Sea” es un poco el que crees que es el anticristo y si lo llegas a saber no lo tienes.

Si volvieras a nacer, artísticamente hablando, ¿qué cambiarías?
Pues supongo que me hubiera ahorrado “Rexer Flash”, que es un disco de instrumentales con el que ya no me identifico nada, pero supongo que si no hubiese pasado por todo el proceso no habría crecido tanto. Lo mejor de mi carrera es que yo hago lo que me inspira creativamente sin pensar en si me va a salir bien o mal. Todo ha sido muy errático, y muy loco. Intentaría cambiar algunas decisiones que me han traído mucha infelicidad como montar Log Lady Records, pero artísticamente no cambiaría nada, en el fondo creo que todo pasa por algo y hay que arriesgar siempre y tirar por el camino que más miedo te da.

¿Crees que la locura y el arte son dos polos que se atraen?
Los artistas de verdad, los que tienen una obra con un sello de autor inconfundible, suelen ser personas obsesivas con su obra, que no pueden pensar en otra cosa y que se mueren si su disco o lo que sea que estén creando no está saliendo como ellos quieres. Al final los trastornos mentales y la creatividad suelen ir de la mano. En todos estos años he conocido a tanta gente del mundo de la música que padece trastornos psiquiátricos que he flipado mogollón. Y si lo piensas si que tiene todo el sentido del mundo. Fíate de un artista que parezca que está un poco para que le encierren porque probablemente te llegué. ¿Has visto a Los Gemeliers en una entrevista? No se les ve muy preocupados. Pues eso.

No tienes pelos en la lengua y lo vamos a aprovechar: ¿Qué les dirías a… Trump ?
Donald, tronco, en serio, deja de ningunear a esa vocecilla interior que te dice que te subas a la azotea de la Trump Tower y que saltes, que tienes superpoderes y puedes volar. Escúchala y salta.

¿Hazte Oír?
Que dios no existe pero el karma siempre funciona. El universo les devolverá todo el daño que están haciendo. Son unos envidiosos, les encantaría ser tan diferentes y tan totales como la comunidad Trans que se lo merece todo.

¿Taburete?
Les felicito por el nombre. El nombre de un grupo debe ser una declaración de intenciones, debe de plasmar lo que eres artística o musicalmente. ¿Qué representa Taburete? NADA.

¿Los críticos musicales?
Por favor, ¿no podemos volver a las estrellitas para calificar los discos? Que te pongan un 7,8 duele.

“La gente oye la música, pero ya no la escucha, la escucha de fondo, o va a festivales y la música es secundaria. Nadie la escucha y se hace para que se escuche ¡coño!”

¿Qué es lo que más odias de la industria discográfica?
Su falta de ganas, de motivación, de ideas, su incapacidad de hacer que las cosas ocurran. Son la industria con menos talento para hacer dinero. Su máxima es la ley del mínimo esfuerzo.

Enumera tres artistas a los que actualmente tengamos que seguir la pista.
Me encantan The Black Madonna, Joe Goddard y Luis Brea y el Miedo.

Y después de la trilogía, ¿Qué toca?
Yo necesito descansar, es en lo único que pienso, tuve una crisis en diciembre y desde entonces no levanto cabeza y estoy empastillado de más. Antes hablábamos en coña un poco de todas las labores que he llegado hacer, pero eso es una consecuencia directa de padecer Trastorno Obsesivo Compulsivo, y Trastorno de Ansiedad generalizada y de Angustia Generalizada, yo no sé parar, sólo paro cuando mi cabeza me dice basta y me tiro seis meses de baja psiquiátrica. Durante siete años he estado haciendo todas esas labores que comentábamos antes a la vez, y he compuesto y producido yo solo 5 álbumes y dos EPs en 5 años si junto mis discos con los de otros artistas que he producido, y que quede claro que esto no lo cuento por fardar sino para que os deis cuenta de que de verdad no estoy bien de la cabeza, que es una carga disparatada de trabajo que no trae nada bueno. Tengo el cerebro como un scotch brite. No quiero hacer planes, así que no hay fecha de vuelta para Pshycotic Beats. Lo que tenga que ser será que no hay prisa, he querido que vaya todo muy deprisa y he actuado sin meditar las cosas y las consecuencias que puedan tener para mi, y eso quiero cambiarlo.

Te encuentras una lámpara mágica. ¿A quién te gustaría producir?
A The Horrors, a Madonna y a Savages.

¿Te atreverás algún día con el directo?
Esta es la pregunta que más odio que me hagan, porque conteste lo que conteste a la gente le resbala la respuesta porque no contesto lo que quieren oír, que es que sí. Yo hay situaciones de stress que tengo contraindicadas por prescripción médica, los meses de preparación antes de un concierto para mí son una situación de riesgo y es un putadón para mí porque mi vida en muchas ocasiones es una mierda.
Me encantaría hacer directos. Pero lo cierto es que cuando salió el Disco de “The Bounce Committee” hicimos actuaciones en directo en radios, hicimos un concierto que se retransmitió por internet, todo iba tan bien que planeamos una gira pequeñita por salas, pero mientras ensayábamos yo tuve un brote del que tardé muchos meses en recuperarme, es decir, pasó lo que me dijo mi psiquiatra que iba a pasar. Y estos trastornos no se curan, nunca van a mejor. Así que, por favor, pido un poco de compresión y respeto con este tema, porque de verdad que me siento muy presionado.