Los británicos Arctic Monkeys refrendan su privilegiada posición dentro de la escena musical actual con una cuarta entrega categórica que despoja de argumentos a los escépticos. “Suck It And See” es un álbum de rock elegante y sin fisuras, con el que Alex Turner y compañía actualizan las maneras clásicas del género. Recuerda que estarán en el FIB el próximo sábado.

En el momento de contactar con a Matt Helders -afable batería de Arctic Monkeys (también en el proyecto The Bottletop Band, junto a músicos como Gruff Rhys o Carl Barât)- en Denver, el combo británico se encuentra inmerso en una exitosa gira por Estados Unidos en la que el cartel de “No hay entradas” se repite en cada parada estipulada para presentar su nuevo trabajo de estudio. Otorgar la consideración de imprescindible a una obra no debe cumplir forzosamente con contenidos vistosos o épicos, espectaculares niveles de innovación, o pertenencia a la última vanguardia estilística. “Suck It And See” es la antítesis de la tendencia, concretándose en un disco de elegante rock clásico distinguido por la capacidad interpretativa del vocalista Alex Turner y poderosas guitarras vintage. Una docena de canciones compuestas a la antigua usanza tras extraer la esencia de mitos como David Bowie, Led Zeppelin, Echo & The Bunnymen, Nick Cave o The Kinks, reinterpretando las pautas hasta lograr que resuenen tan vigentes como atemporales. “Es una buena descripción. Quizás el álbum tenga unas letras más detalladas y necesitaba ser escrito de una forma más tradicional. Es cierto que suena definitivamente a rock, que es lo que de verdad queríamos”. El resultado es la mejor entrega del cuarteto con permiso de aquella descarada descarga juvenil que significó el primerizo “Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not” (06), pero este cuarto largo desprende el aroma de aquellos clásicos que se reafirman con el paso del tiempo. “Puede ser el mejor porque intentamos ser cada vez mejores, y el hecho de que sea el último siempre te hace tener predilección por él. Lo que lo hace diferente es que tiene una mezcla de los tres discos anteriores, y como novedad encontramos la forma tradicional de escribir las letras y trabajar las estructuras… elementos de los que habíamos prescindido antes y que en esta ocasión hemos decidimos buscar”. El sonido retiene la herencia del rock nervioso y hosco protagonizado en “Humbug” (09), tras la comentada producción de Josh Homme (de Queens Of The Stone Age) que ahora cede el total control de los mandos al habitual productor y colaborador del grupo James Ford (Simian Mobile Disco). “Con James hemos trabajado desde que comenzamos a hacer música, así que siempre ha estado involucrado con nosotros, pero nunca hizo un disco entero de Arctic Monkeys y pensamos que era un buen momento para hacerlo. Nos lo pasamos bien trabajando con él y confiamos en su opinión. Crea buen ambiente, es un buen amigo y siempre es honesto con lo que le parece bueno”.

La agresividad traspasa las composiciones hasta alcanzar al explícito título, en pleno contraste con una portada monocromática de diseño extremadamente simple. “Pensamos en poner una frase frecuentemente utilizada por la gente para ver qué pasaba. Y una vez elegida ya empezamos a pensar en qué opciones daba ese título, con una posible interpretación literal… En cuanto al diseño, optamos por la opción más sencilla y, bueno… cuando ves el vinilo queda bastante bien”.

La banda irrumpió en la escena por la puerta grande gracias a su mencionada ópera prima, coleccionando de inmediato una serie de galardones que incluyeron prestigiosos reconocimientos como el Mercury Prize de 2006 y el Brit Award del mismo año. “El Mercury fue muy emocionante, porque es un premio bastante reconocido y elegido por gente cuya opinión es muy respetada. Todos los premios están bien, pero no queremos pensar demasiado en ello: ganarlos está bien, pero no es uno de nuestros objetivos”.
Para la consolidación inmediata en lo más alto de la siempre poblada y competitiva escena musical inglesa, también contaron con el constante beneplácito de la oportunista prensa musical de su país, capaz de encumbrar o destronar a un grupo con pasmosa facilidad. “Mucha gente lee la prensa y obtiene información a través de los medios, así que por supuesto puede influir en la opinión de algunos, aunque preferimos no estar muy pendientes y que sea la música la que hable por sí misma. Estamos más interesados en tocar bien, hacer buenos discos y la verdad es que no estamos demasiado preocupados por la prensa, pero por supuesto que puede ser importante para una banda”. A lo largo de toda la entrevista, el percusionista demuestra una enorme prudencia en las respuestas, sin olvidar que la única preocupación real de una banda debería ser la creación de canciones. Esa inteligente coherencia les ha convertido a la postre en la mejor banda de su generación, aunque nuestro interlocutor no sea capaz de asegurar cuándo se percataron de estar en la cima. “Imagino que fuimos conscientes de que habíamos alcanzado el éxito cuando conseguimos el primer ‘sold out’ en uno de nuestros conciertos, y vimos que la gente disfrutaba con nuestra música. Luego ves tu trabajo reconocido al vender más discos y agotar entradas en más conciertos. Aunque no lo pensamos mucho y simplemente lo pasamos bien”. Parte de la escena musical británica ha mutado desde aquellos inicios, y ahora son estilos muy diferentes los que lideran con fuerza las listas de ventas. “Ahí fuera hay muchas bandas y mucha música, así que es difícil definir la escena con una palabra, pero actualmente y en cuanto a popularidad las listas de música están dominadas por electrónica, hip-hop… hay pocas guitarras en las listas, y la verdad es que es una pena porque muchas bandas guitarreras están sacando discos”. Hay que recordar que las copias de sus demos en Internet y el boca a boca fueron uno de los máximos motivadores del éxito prematuro alanzado por los de Sheffield, propiciando que su fama corriese como la pólvora y ensalzándonos casi al instante como icono extremadamente popular gracias a la red y al margen de discográficas, por lo que resulta interesante conocer cuál es su actual postura acerca de la siempre polémica relación entre tecnología e industria discográfica. “Consumir música a través de Internet es obviamente una elección personal y está bien, pero todos nosotros somos fans de comprar discos tradicionales. Lógicamente creo que Internet nos ha ayudado, pero también puede causar ciertos daños… lo más importante es tener buenas canciones y tocar bien”. Arctic Monkeys estarán presentando las suyas en la próxima edición del FIB, reencontrándose con un ambiente que recuerdan de anteriores temporadas. “Siempre lo hemos pasado muy bien allí. Después del primer disco hicimos un concierto que estuvo genial y con muy buen público. En esta edición tocarán bandas realmente buenas, así que seguro que veremos a buenos amigos y disfrutaremos”. La actualidad manda, y la creciente presencia de compatriotas británicos en el festival castellonense hace que su nombre figure con letras enormes como principal cabeza de cartel de la jornada del sábado, por encima de unos veteranos como Primal Scream interpretando al completo su mítico “Screamadelica” (Creation, 91), algo anecdótico ante lo que Helders se muestra de nuevo cauto. “Supongo que es bastante raro, porque nunca te ves a ti mismo más importante que otras bandas como Primal Scream. Pero es genial tocar con todas estas bandas, bien antes o después que ellas, porque seguro que habrá muy buen ambiente”.