Coldplay son una banda de la cabeza a los pies, aunque sus dos discos no sean obras descomunales. Lo son porque saben escribir canciones con alma y eso, teniendo en cuenta los tiempos que corren, es un preciado don que no debe dejarse escapar. Aunque las comparaciones sigan resultando inevitables, “A Rush Of Blood To The Head” (Emi, 02) deja claro que, tras sus once canciones, se esconde un grupo de verdad.

Cuentan que las previsiones de ventas de “Parachutes” (Emi, 00) estaban en los cincuenta mil discos y acabaron vendiendo ocho millones en todo el mundo, algo a lo que ayudó –y mucho- el éxito del single “Yellow” en los Estados Unidos. Un error de cálculo y de perspectiva. El mismo error que supondría considerarles un mero grupo de temporada, algo que resulta casi inevitable teniendo en cuenta el trato excesivo que, en su país de origen y en manos de los semanarios sensacionalistas, reciben no sólo Coldplay, sino cualquiera de sus contemporáneos, desde los más interesantes a los evidentemente sobredimensionados. Porque ellos no son unos cualquiera. Coldplay componen canciones con vocación clásica y –eso es lo fundamental- salpicadas de una personalidad cada vez más sólida. Quizás en eso se parezcan a Doves, otra de esas grandes bandas británicas que merecen pasearse por el difícil mundo del pop durante años. Ambos cuentan con canciones de verdad, ya digo que clásicas en sus formas, pero evocadoras, sensibles e íntimas.

“Es curioso que una vez has luchado y conseguido acabar tu trabajo, tengas que preocuparte por lo que los periodistas pensarán en ello”

Sólo que Coldplay saben manejar también cierto aire mesiánico y lucir cierta coherencia ideológica –por lo menos hasta que se demuestre lo contrario-, así que es una lástima que, desde las páginas de NME, Chris Martin pretenda hacernos creer eso de que buscan ser el grupo más grande del mundo. Eso no va con ellos, o por lo menos no les pega para nada y menos aún a Johnny Buckland, guitarrista del grupo e interlocutor de esta entrevista vía telefónica. De todos modos, dejemos de darle vueltas al asunto, porque Coldplay no son lo que dicen sus palabras, sino lo que reflejan sus canciones, así que vayamos a por ellas. Para empezar, sorprende encontrarse con “Politik”, posiblemente uno de los temas más complejos de “A Rush Of Blood To The Head”, con su texto y sus cinco minutos largos, abriendo el disco, aunque quizás una vez escuchado los minutos restantes entren con mayor facilidad. Quizás por eso uno deglute tan bien los minutos siguientes, los de “In My Place” –primer single y sin duda uno de los cortes que más recuerdan la etapa de “Parachutes”- y “God Put A Smile Upon Your Face” –entre lo más accesible del disco-. A continuación “The Scientist” evidencia hasta qué punto U2 han marcado a estos cuatro londinenses, mientras que “Clocks” o incluso “Daylight” no se entenderían en su totalidad sin acudir a Echo & The Bunnymen. Más tarde sólo “Green Eyes” deja entrever algo de ese aroma country del que tanto han hablado en entrevistas pretéritas y “Amsterdam” despide el segundo disco de Coldplay con un Chris Martin confidente (algo Drake, nada Buckley), aferrado a su piano y que acaba cediendo al protagonismo a un crescendo que, en manos de Bono, The Edge, Clayton y Mullen, nos dejaría sin habla.

CADA UNO EN SU LUGAR

Noel Gallagher apuntó hace un tiempo que, gracias a la voz de Chris Martin y a la magia de “Yellow”, decidió que volver a componer canciones. Seguro que también le gusta “In My Place”, más que nada porque representa el punto de unión más claro con el pasado de Coldplay, pero deberemos esperar para descubrir qué opina del resto del álbum, conformado a base de canciones más diversas y también más tristes, algo nacido, según Martin, tras los atentados del 11 de septiembre. Ahora falta ver si eso es algo que el propio Buckland entiende escuchando sus canciones. “Supongo que es así, pero no estoy seguro, quizás diría que el disco es un poco más intenso que el anterior. Lo que sí sé es que nos hemos enfrentado a un abanico de influencias mucho mayor y hemos experimentado con cosas distintas, así que en unas ocasiones es más oscuro o más triste y en otras no. Además, creo que nos sentimos más felices que nunca, todos, aunque siguen ocurriendo cosas a nuestro alrededor que no nos permiten serlo plenamente”. Sean más o menos lánguidas, más o menos intensas, ahora Coldplay andan avisados de hasta dónde pueden llegar a nivel comercial, aunque dudo que, vistas las formas de su nuevo álbum, sea algo que les saque de quicio. Aunque con ocho millones de copias vendidas…

“El primer disco no lo escribimos esperando ningún tipo de éxito comercial, simplemente era lo mejor que podíamos ofrecer en aquel momento”

“Para ser honesto, el primer disco no lo escribimos esperando ningún tipo de éxito comercial, sino que era sencillamente lo mejor que podíamos ofrecer en aquel momento como grupo. Está claro que esperábamos que en Inglaterra el disco funcionase bien, pero nunca imaginamos que podría tener repercusión en otros países y eso es lo que ocurrió”. Aunque suele ser un tópico, acudiremos a lo de la presión discográfica, a lo del tiempo pasado desde el trabajo anterior (dos años más o menos) y, por lo menos, descubrimos su punto de vista al respecto.“No creo que dos años entre los discos sea demasiado tiempo, sobre todo si piensas que estuvimos girando durante dieciocho meses y que aprovechamos ese tiempo para poder ir escribiendo canciones nuevas. Aprovechamos cualquier momento para ensayar y probar las ideas que teníamos, así que no dejamos de trabajar ni un instante. La única presión que hemos sufrido nos la hemos impuesto nosotros mismos y no precisamente en términos de ventas. Queríamos tener el álbum listo en verano y al final hemos conseguido que se publicase a finales de agosto, así que hemos cumplido nuestros propios plazos”. Antes lo apuntaba: sorprende que hayan abierto el álbum con “Politik”, uno de los cortes más comprometidos y también de mayor minutaje. “Nunca nos dijimos ´¡oh, no, es demasiado larga!´. No importa que dure más de cinco minutos porque esa es su duración. No nos fijamos en eso. Si te aburre, lo siento; si te gusta, te gustará si es larga y te gustará si es corta. Y el texto no es político, sino que expresa ideas personales sobre estar enfadado con la justicia. Es algo que Chris sentía y que nosotros entendemos. Los fans también pueden hacerlo porque Chris está cantando sobre cosas que le preocupan y quien escucha las canciones siente esa sensación. Quién sabe, quizás haya gente que empiece a preocuparse por cosas determinadas a partir de escucharle”. Lo que sí diría es que Martin cada vez vive más sus canciones, se preocupa más en qué canta, sin olvidarse del cómo lo canta. “Estoy de acuerdo en que se ha preocupado mucho por ambos aspectos. Le ha dedicado mucho tiempo a las letras. Ha estado intentando en todo momento hacer los mejores textos que podía y, personalmente, creo que ha obtenido un resultado excepcional. Diría que se emociona más al interpretarlas, las siente muy adentro y ha trabajado duro para que eso sea natural. Son sus pensamientos y él sabe cómo transmitirlos, por eso a veces sólo entiendo sus letras a nivel general. No podría referirme a todas ellas, sólo puedo explicarte lo que él me ha comentado sobre cada una de ellas”. Entonces, ¿dirías que todo tiene que ver con que, en apenas dos años, Chris Martin haya madurado –sea con los atentados del pasado septiembre de por medio o no- en su forma de ver el mundo? “Puede, es dos años más viejo, ja, ja, pero, para serte honesto, soy la peor persona de este grupo con la que hablar de eso. Hemos crecido, sí, pero individualmente me siento igual que cuando tenía catorce años. Quizás si le preguntas a otro de los chicos te dirá que este es un grupo más maduro y todo eso, pero por lo que a mí respecta no me he enterado de ningún cambio de este tipo”. Llegados a este punto, debemos acudir a las perspectivas de futuro, a las expectativas que sus creadores depositan en “A Rush Of Blood To The Head”. Las canciones están servidas, ahora falta
ver cuánto venderán, dónde y detalles sin importancia –es un decir- de
ese tipo, sin olvidarnos de la reacción de la prensa británica. “No
le tenemos miedo a eso. Me gustaría que funcionase muy bien, pero,
sabes, no podemos hacer demasiado al respecto. Es curioso que una vez
has luchado y conseguido acabar tu trabajo tengas que preocuparte por lo
que los periodistas pensará de ello. Te has pasado dos años trabajando,
escribiendo y grabando, te has pasado la vida pensando en eso y de
repente has acabado el disco y la gente va a juzgarlo. Es una sensación
realmente extraña. Estoy convencido de que alguna gente amará este disco
y que otros lo odiarán, así que espero que haya más a los que les
guste”
. A ellos y a nosotros, ¿no? Entonces, ¿de separación nada?“Pasamos
por una etapa hace un año y medio durante la que, en el fondo, no
sabíamos qué estábamos haciendo y por qué motivos lo estábamos haciendo.
Al final nos lo acabamos pasando mejor que nadie. Fue la sensación que
Chris tuvo después de acabar el disco. Básicamente, dijo que lo último
que le apetecía hacer en esos momentos era que nos volviésemos a reunir
para grabar un nuevo disco”
.