Hablamos con el polifacético Pol Fuentes, ex-frontman de los desaparecidos Rosa Luxemburg, director de clips, actor y muchas otras cosas más difíciles de confesar. Ahora se embarca en una guerra propia y edita disco en solitario, “Una nova guerra” (Picap, 17), desvelándonos su lado más íntimo y personal. Un disco crudo y sin pelos en la lengua que mira directamente a los ojos del oyente y le habla de muerte, relaciones tóxicas y violencia en una en una montaña rusa emocional. Esta semana protagoniza los últimos conciertos de la gira: 3 noviembre (Vilanova i la Geltrú, Sala Italia) y 5 noviembre (Manresa, Voilà).

¿Mejor solo o con banda? ¿Qué has ganado y qué echas de menos?
Lo que echo de menos de tener banda es, sobre todo, ser un grupo de gente que en un momento compartió una ilusión y que iba a por todas. Pero en los últimos tiempos de Rosa las vidas personales y motivaciones no eran compatibles con la entrega y pasión que necesita un grupo de música. Ahora creo que estoy en una situación mucho más coherente e ilusionante por mi momento vital.

¿Necesitabas tu propio proyecto? ¿Tu propio espacio vital creativo?
De hecho surgió solo. Me lo encontré. Bernie, el productor, me ayudó mucho a tomar la decisión de grabar. A partir de aquí noté que volvía a recuperar las ganas de hacer cosas, y era porque me valía de mí mismo. La dinámica era muy distinta. Para que se entienda: con un grupo tienes que discutir cada cosa, y no siempre hay correlación entre la cantidad de opinión y la cantidad de entrega. Bernie como gran amigo que es, me animó a empezar algo por mi cuenta porque notaba que yo estaba bloqueado. Cuando cesamos con la banda, directamente se ofreció a grabarme. Gracias a él estoy aquí y la verdad es que me siento comodísimo.

¿Y ya tenías material en ese momento?
Sí, tenía algunas canciones: descartes que no habían encajado en discos anteriores de Rosa.

Pero en este disco no encontramos ni rastro del pop bailable de la última etapa de Rosa Luxemburg…
Hay dos motivos, a mi parecer. En primer lugar, ya que me embarcaba con un proyecto nuevo quería hacer algo que no hubiera hecho antes. Por otro lado, cuando uno toca con banda, en cada canción, sí o sí, todo el mundo tenía que tocar. No podías decir “en esta canción no pondremos bajo”, porque al final hubiera sido una falta de respeto hacia el trabajo de otro miembro. Ahora, en cambio, he podido grabar priorizando lo que realmente creo importante, utilizando la instrumentación al servicio de la narración, de lo que cuenta la canción.

¿Es un punto y a parte en toda regla?
Yo creo que no. La continuidad a nivel de fondo que viene dada sobre todo por las letras. Hay dos maneras de dar caña con una canción: una es pegando fuerte la batería y distorsionando mucho la guitarra y la otra es que lo que cuentes, golpee. Yo creo que esto último ya estaba en Rosa y que aquí se mantiene y, al estar menos camuflado por el resto de la instrumentación, pasa a primer plano.

Entonces, el giro hacia un pop de autor, introspectivo y personal, no es tan radical como podíamos pensar en un primer momento…
Yo creo que de autor ya lo era en Rosa Luxemburg. No estoy nada de acuerdo en esta distinción generalista que distingue entre cantautor, al que se le presuponen canciones más profundas, y rock and roll, mucho más banal. No me parece para nada justo. Hay propuestas mucho más personales y originales, artísticamente profundas, en lenguaje de rock o música electrónica que en cantautores que adoptan el cliché melódico y formal que se le presupone a este tipo de música.

¿Te sientes cómodo en este nuevo papel?
La verdad es que me siento comodísimo. Mis horas de trabajo dedicadas al proyecto son mucho más eficientes que cuando estaba en una banda. Y eso que no estoy absolutamente solo, sino que estoy muy bien acompañado. Por un lado Bernie, que no es solamente el responsable de que este disco exista, sino que es el máximo encargado tanto a nivel de grabación como a nivel de dirigir el grupo de música que me acompaña. Más todos los músicos y el técnico que me acompaña. Me siento absolutamente respaldado por mi nueva familia artística.

Como dices, debemos entender que Bernie, Bernat Sánchez (Murdoc, MiNE!, Joana Serrat, Eric Fuentes) es un pilar fundamental de este disco.
Sin duda. Al margen de todo lo que ya he dicho y de ser el productor del disco, es el que tiene la iniciativa y última palabra en todo lo referente a la calidad musical. Bernie y yo somos amigos desde hace muchos años y tuvimos nuestro primer grupo de música juntos: Grunen. Ahora que ya somos unos señores sabemos compenetrarnos muy bien. Él tenía claro que no se quería meter en el tema de fondo, de concepto artístico del disco ni tampoco de las letras. Cogía la cuestión más logística de organizar músicos y dirigir ensayos, así como la excelencia musical. Confío ciegamente en el criterio de Bernie, y tenerlo trabajando activamente en el proyecto es un auténtico lujo.

Con él a tu lado, podías dirigir tus energías a lo que realmente querías. Como las letras, que uno se encuentra en primer plano. Da la sensación que la música envuelve las palabras y las hace caminar. ¿Es poesía musicada?
Puede, pero con una diferencia rara: yo nunca he hecho una letra y después he hecho la música adaptándola. Yo siempre compongo las canciones y las estructuro para que me funcionen. Luego tengo notas por todos lados en las que escribo ideas sobre posibles letras. Hay un momento en que estos dos elementos cuadran y los junto. Para nada pongo música a letras, ya que creo que muchas veces esto juega en contra de la melodía y la estructura, cosas muy pop que para mí son muy básicas.

Pero no podemos negar que se trata de música narrativa, que nos cuenta historias, no siempre agradables. “Amic voltor”, la canción escogida como clip, también dirigido por ti, es una declaración de intenciones. Un aviso de que esto no será un paseo…
No me lo planteé. La escogí porque al ser una canción más narrativa tenía muy clara la historia que se tenía que contar, las imágenes a las que quería recurrir. De hecho, creo que no es una canción con madera de single.
La suerte es que, este proyecto está teniendo mucha más repercusión de la que yo me imaginaba que tendría. Y cuando no hay expectativas hay mucha más libertad.

Pues parece anunciar con lo que nos encontraremos: un disco sin pelos en la lengua, que mira a los ojos del oyente y le habla de muerte, relaciones tóxicas o violencia. Un disco duro emocionalmente. ¿Son los temes que te interesan? ¿Tiene una función catártica?
Sí. Cuando decido hacer una letra es porque algo me ha llamado la atención, que hay algo que no me encaja en cómo entiendo la vida. En este sentido, tengo una actitud de cantautor protesta: cada canción tiene que decir algo, tiene que ser un manifiesto, tiene que tener una idea. Lo importante para mí es tener una tesis y contarla como nadie antes. Antes de escribir una letra yo tengo un anunciado: Esta canción viene a decir esto. Sino tengo esa semilla clara, no escribo.

¿Escribir te ayuda a entender estas contradicciones, a aclarar estas ideas?
Sin duda. Desde la adolescencia, cuando tenía un problema, escribía una canción. Al cantarla mucho me acababa acostumbrando a vivir con esa realidad o entenderla mejor. Hace años hizo un disco entero que la temática giraba entorno al suicidio de un amigo. Además, hicimos muchos conciertos tocando estas canciones, y creo que me ayudó mucho a gestionar el luto.

Una nueva guerra, implica que ha habido antiguas guerras. ¿Entiendes la vida como sucesión de luchas?
Totalmente. Normalmente, para escoger un título, siempre miro que pueda tener varias interpretaciones posibles. Lo de la “nueva guerra” tiene tres interpretaciones: una interpretación clara de nuevo proyecto musical; después la interpretación propia de la canción, más política, de “alerta en cualquier momento puede haber un conflicto armado”, y una tercera interpretación, que creo que es la más general. Es la que nos viene a decir que la vida es una consecución de obstáculos y que esta es la gracia. Hay que saborear los obstáculos porque son la vida.

La importancia de la voz como instrumento es indiscutible. Gran parte de la personalidad de tu música viene dada por tu voz, como le puede pasar a Nick Cave o a Leonard Cohen. ¿Trabajas a partir de ella? Te inspiras alguien en concreto?
Creo que la voz es el hilo conductor. Creo que es mas fácil destacar cantando que tocando la guitarra. El timbre de voz es algo muy propio. Antes de empezar con este disco, era el desierto, estaba todo por hacer. Yo venía de Rosa Luxemburg y quería hacer algo distinto, pero no sabía qué. Un disco que me dio muchas pistas de cómo podía hacerlo fue “Apocalypse” de Bill Callahan, que en aquella época lo escuchaba cincuenta veces al día. Me dio muchas ideas, fue la primera guía. A partir de aquí, Bernie me prohibió los referentes. Como productor, no soporta que la gente le indique lo que quiere no en lenguaje musical sino con referentes. quiero que suene rollo como esto o como aquello. Tiene un método de trabajo que está alejado de usar referentes, algo que se hace mucho pero que despista, tanto a nivel de eficacia creativa como de calidad del producto.

¿Dónde y cómo te ves dentro del panorama musical del país?
El disco ha tenido muy buena acogida. Ha gustado a los de toda la vida, que ya me escuchaban con Rosa Luxemburg y han respetado el cambio, a gente más del mundo de la canción de autor y a la gente que me conocía del ámbito del hardcore punk de cuando tocaba con mi hermano, Eric Fuentes, en El Mal. Estoy obteniendo feedback positivo de muchos sectores que ni por asomo me esperaba. Y estoy tocando mucho más de lo que me esperaba, y esto es un regalo.