Enrique Bunbury se ha quitado el traje de techno kid y su pelo ha crecido de nuevo, pero no para volver al rock, sino para protagonizar otra huida hacia adelante. «Pequeño» sorprende porque coquetea con la copla, el tango y el cabaret, y porque deja a un lado el barroquismo literario de antaño y se expresa de forma directa y sincera. ¿Hasta dónde llegará la capacidad de Bunbury para esquivar las etiquetas?

Bunbury ya no es sólo «el cantante de Héroes» sino que se está labrando una carrera artística prometedora. Acostumbrado a las críticas de todo tipo, al zaragozano ya no le importa lo que piensen los demás. «Pequeño» es una muestra de la inquietud de su espíritu, dónde se percibe una búsqueda constante, la disconformidad frente al mantenerse a flote en aguas estancadas. Si con «Radical Sonora» lo intentaba, con «Pequeño» lo consigue. Un diez en riesgo que acallará unas cuantas voces que antes no tragaban a Héroes del Silencio. Bunbury asume el compromiso consigo mismo y está aquí para defenderlo. «Creo que hay una conexión con «Radical Sonora» pero yo hubiera querido que fuera muchísimo mayor. Cuando me planteé mi carrera en solitario yo quería hacer una música que fuera mucho más ubicable, que tuviera más conexiones con el país donde vivo y con las influencias que históricamente ha recibido este país a través del Mediterráneo y a través del Atlántico». Sin embargo, al espectador de a pie, el salto se le antojará abismal. «En «Radical Sonora» mi intención era hacer una mezcla entre música electrónica, rock y música arábigo andaluza pero la verdad es que lo árabe quedó como una pincelada que no tiene peso específico dentro del disco. El poso que deja «Radical Sonora» es de techno rock, por eso el paso de este disco parece mucho más drástico, porque quizás el disco anterior no dejó lo suficientemente clara la influencia mediterránea, el cabaret, la música francesa, griega, italiana, o incluso las conexiones con Méjico o Argentina». Una mirada a otras músicas que forma parte de la búsqueda de una identidad y la constatación de que Bunbury es un artista abierto y evolutivo. ¿Cómo entender, sino, las rancheras y los tangos en el disco? «Es un disco ecléctico, me gustaría huir un poco del patrón anglosajón mimético en el cual se encuentran la mayoría de los grupos españoles, que también está muy bien, me sigue gustando mucho el rock’n’roll y Elvis Presley. Dentro de una canción hay referencias a géneros muy concretos y muy claros, pero creo que no hay ningún género ortodoxo en el disco. Cuando hago una ranchera como es «Infinito» la letra pertenece más a los tangos o incluso hay un arreglo de un bandoneón y rítmicamente tiene más que ver con Tom Waits que con José Alfredo Jiménez, he querido ser un poco hereje». Bunbury ha madurado incluso en las letras, que encuentran en la claridad el vehículo expresivo óptimo para la confesión. ¿Dónde ha quedado su poética críptica y enrevesada? «A lo mejor me equivoco, pero yo creo que en este disco no hay ni una sola metáfora, porque mi intención desde el principio era hacer un disco muy confesional, desnudo y más esquemático en las letras. Lo que digo es lo que pienso y lo que hay que entender, no hay ni un doble sentido siquiera. «Radical Sonora» era un disco muy individualista y en éste no he intentado buscar las diferencias que tengo con el resto de la humanidad, sino buscar las comparaciones, los puntos que tengo en común con el resto de las personas». Pero, ¿por qué antes se empeñaba en ser tan oscuro?«En algunos casos era para ocultar los sentimientos verdaderos que habían llevado a escribir esa letra y en otros casos eran pretensiones poéticas con mayor o menor acierto. No soy el primero ni el último en utilizar la metáfora y a lo mejor yo soy de los de menor acierto». ¿Bunbury descontento de su poesía de antaño? Nadie cuestiona su calidad literaria.«Yo sí que lo cuestiono». Bueno, pero ¿qué hay de los temas sociales? Versos como «Los nacionalismos, que miedo me dan» («El Extranjero»), a parte de arriesgados, le acercan peligro-samente al concepto de autor. «No me importa acercarme a la canción social, lo de cantautor me da un poco más de miedo. Tampoco me importaría nada hacer un disco social e incluso político, sería un poco coñazo pero bueno, también tengo mis inquietudes políticas». Aquí está el nuevo disco de Bunbury que va a presentar con una banda de diez músicos y que, a parte de sorprender a todo el mundo, es posiblemente su mejor trabajo hasta la fecha. Mientras cada héroe campe por su lado –y va para largo- no va haber reunión. De momento, Bunbury deja el listón muy alto. Es el momento de comenzar a tomárselo en serio. «Pequeño» está publicado por EMI.