A pesar de su título, “Humbug” es cualquier cosa menos una farsa. Alex Turner y compañía se gradúan con un inesperado giro hacia la densidad, llenando de profundidad y robustez unas canciones llenas de magia negra. Junto a Josh Homme de Queens Of The Stone Age encontraron una nueva dirección. Después de este tercer álbum no hay vuelta atrás. Arctic Monkeys han crecido.

La entrevista con el grupo es el pub The Fellow, justo a salida de la estación de Kings Cross y una de las evidencias de hasta qué punto ha cambiado el barrio en la última década. Alex Turner y Matt Helders están en la pequeña terraza en el segundo piso del local. Hace un día espléndido. Tienen dos pintas vacías ante sí y Turner juega con las trizas de un paquete de tabaco. “¿Has escuchado el disco?”. Sí. “¿Cuántas canciones has escuchado?”. Diez. Helders y Turner levantan los brazos para celebrarlo. “¡Sí!”. Al parecer soy de los primeros en escuchar el disco entero, del que hasta hace poco sólo había un par de copias con ocho canciones. “¿Qué te ha parecido?”. Ambos sienten una genuina curiosidad, conscientes de que su nuevo trabajo no es un disco cualquiera.

“Humbug” es un paso importante en la carrera de Arctic Monkeys. Si la misión de “Favourite Worst Nightmare” (Domino, 07) era demostrar que los de Sheffield eran algo más que el clásico hype británico, que eran capaces de sobrevivir a uno de los debuts más inspirados y cautivadores de la década -y el mercado británico está tan acostumbrado a los debuts cautivadores como a los segundos largos prematuramente marchitos-, su tercer largo viene a demostrar que la suya puede ser una carrera de fondo, que a diferencia de otros compañeros de generación lo suyo no es mera fórmula.

 

El grupo se ha salido del guión con una decisión sorprendente: Josh Homme, líder de Queens Of The Stone Age, ha producido parte de su disco y ha oficiado de inspirador del robusto sonido de este tercer disco, aislando a unos Arctic Monkeys indecisos en el Desierto de Mojave. “Sabíamos que teníamos que dar un paso, aunque no en qué dirección”, explica Helders, que se desentiende pronto de la conversación y se pasa los siguientes veinte minutos jugando con su iPhone. “Después de ‘Favourite Worst Nightmare’ estuvimos un tiempo parados”, explica Turner, “y cuanto más tiempo pasaba más crecía la expectación por saber qué tipo de disco sería el siguiente”. Desde que el fenómeno Arctic Monkeys explotara en 2006, el grupo pasó por una larga temporada de actividad frenética. Un Ep, infinidad de caras B y un segundo álbum en apenas un año, conciertos, promoción, la salida del bajista Andy Nicholson y la entrada de Nick O’Malley… Viéndolo desde la distancia uno podría pensar que estaban destinados a consumirse con demasiada rapidez, a agotarse. “Empezamos a grabar algunas demos en Londres con James Ford”, explica Turner. Ford había estado detrás de su anteriores trabajo y también del sonido de The Last Shadow Puppets. Podría haber sido simplemente un nuevo disco de Arctic Monkeys y habían llegado a un punto muerto. Fue entonces cuando Laurence Bell, capo de Domino Records, les sugirió que se pusieran en contacto con Josh Homme. El ex-Kyuss ya se había acercado al grupo en un concierto en Bélgica. “Habíamos comentado la posibilidad de hacer algo juntos, pero simplemente nos olvidamos de ello”. La clásica conversación de backstage, palmaditas en al espalda y adulación mutua. Pero con el grupo en un callejón sin salida la opción Josh Homme tomó fuerza. “Fue en el Rancho de la Luna donde empezó a emerger el sonido del álbum. Seguimos grabando en Los Angeles y luego de nuevo con Jamie Ford en Nueva York, pero para entonces ya sabíamos hacia dónde íbamos. Quisimos retener el ambiente de trabajo y la atmósfera”, subraya Turner. “Aunque no escribimos nada directamente en el estudio las canciones tomaron definitivamente otra dirección”, añade Helders. Homme no sólo impuso sus clásicas condiciones espartanas al grupo -encerrados en medio de ninguna parte, estando siempre presentes todos aunque no tuvieran que grabar nada en un espacio reducido-, también influyó a los ingleses con sus gustos musicales. “Nos hemos metido de lleno en Black Sabbath, Jimi Hendrix, Rocky Erickson, Creedence Clearwater Revival… También he estado escuchando mucho a Nick Cave, que a nivel lírico ha sido una influencia importante”. Lo curioso es que con toda esa peregrinación de estudio en estudio y pasando por las manos de dos productores “Humbug” sea un disco tan homogéneo, recio y lúcido, el tipo de álbum que traza un nuevo futuro para sus autores, que no necesariamente pasa por repetir la jugada. Tan claro tienen que su tercer álbum funciona como un todo que se muestran algo reticentes a explicar qué canciones han sido producidas por Ford y cuáles por Homme. “El sonido es más oscuro y tenso, pero no ha sido nada consciente. Nos hemos quedado con los mejores diez temas de los veinticinco que grabamos. A veces intento escribir unas cuantas canciones que giran alrededor del mismo personaje o la misma situación, pero al final acabo dispersándome…”, explica Turner con aire nebuloso. El líder de Arctic Monkeys es una suerte de anti-estrella. Podría salir a la calle y lo confundirías con un oficinista cualquiera de los que circulan en metro por Londres a esta hora de la tarde, un joven aprendiz de lo que sea. “The Last Shadow Puppets ha jugado su papel, aunque solo sea por haberme permitido grabar otras canciones, practicar más, no sólo escribiendo canciones, sino cantando de una forma diferente. Creo que es algo que se nota en este disco. Somos más viejos”. Esa experiencia resulta en un disco musculoso pero sutil, con algunos de los mejores temas de la banda. Piezas como “The Jeweller’s Hands”, “Cornerstone” o “Fire And The Thud”, sinuosas, intensas, alambicadas y con un desempeño como letrista por parte de Turner que le confirma como un espécimen único, son las que sitúan “Humbug” en un lugar privilegiado. “La identidad del grupo se ha hecho más fuerte con cada disco, pero sí, creo que ‘Humbug’ supone un gran paso para nosotros. En cualquier caso, no estaríamos aquí sin la experiencia que han supuesto nuestros dos primeros discos y no pienso que haya una ruptura con el pasado. Sí, hemos dado un paso adelante, pero ha sido algo natural”. “En directo, la canciones antiguas han adquirido una nueva energía”, comenta Helders. Aunque el grupo haya estado parado este pasado verano a la espera de la salida del disco, ya han tenido la oportunidad de estrenar buena parte del nuevo material en directo. “El repertorio se ha beneficiado por completo”. “Humbug” supone eso y más: Arctic Monkeys han conseguido dirigir su carrera hacia terreno abierto. A partir de aquí, cualquier cosa es posible, y con talento como el de Turner y compañía cualquiera se atreve a pronosticar cuál puede ser el techo de los de Sheffield, uno de esos excéntricos grupos pop que no hacen singles, sino canciones que, sin embargo, funcionan como singles. Y siguen sumando.