¡Vuelven The Hives!, parece escucharse decir por ahí. Lo cierto es que nunca se fueron, pero ya han pasado más de cuatro años desde su último disco. Ahora, sabiendo que van a ser mirados con lupa, necesitan que las nuevas canciones merezcan la pena. Para ello, han cerrado filas bajo su particular “Lex Hives”.

Mucho tiempo, casi un lustro, ha pasado desde “The Black And White Album” (2007), un disco algo irregular que aun así dejaba perlas como “Tick Tick Boom” o “Won’t Be Long”. Con todo, el balance tendía a hacer pensar que las mejores épocas para la banda sueca habían pasado ya, que su vitamínico garage-rock and roll había ofrecido sus mejores momentos con el cambio de siglo gracias a “Barely Legal” (1997), “Veni Vidi Vicious” (2000) y “Tyrannosaurus Hives”  (2004). El tiempo transcurrido hasta el momento de estas líneas no hacía sino acrecentar el escepticismo respecto a la capacidad e inspiración de los de Estocolmo. Como corolario, la feroz velocidad con la que todo parece transcurrir en el último lustro ponía la guinda para que muchos otros les hubieran adelantado en el corazón de los amantes del rock engrasa-caderas o incluso se pasasen a estilos más reposados, de vida en pareja en la que la representación sueca corriese más a cargo de José González que de The Hives. Pero por la ventana entra un inesperado pedrusco llamando la atención. “Bueno, siempre hemos tardado unos cuatro años en sacar cada disco. En parte es porque hemos estado girando un par de años y después el disco mismo toma su tiempo, nos lo planteamos como algo que dure, que nos haga estar otros dos años al menos tocando sus canciones. Desde un primer momento tuvimos claro que lo autoproduciríamos, nos encerraríamos hasta tener bien todo lo que queríamos. Pasamos una semana en los estudios Hansa de Berlín. Ensayamos en el local dos o tres meses y después unos días en el estudio grabando la canción. Podemos decir que este disco ha tardado mucho en salir pero poco tiempo en grabarse”. Hablar con Howlin’ Pelle Almqvist es hacerlo con uno de los mayores –y mejores- frontman del rock que a uno le ha tocado vivir, uno de esos tipos capaz de hacer que salgas de un concierto habiéndote reído, bailado y desparramado a gusto. Conocido es su carisma y conexión con la audiencia a base de gestos, muecas y acrobacias de etiqueta. Junto a Nicholaus Arson, Vigilante Carlstroem, Dr. Matt Destruction y Chris Dangerous conforman la alineación de la banda desde su mismo comienzo. “’Lex Hives’”; es la ley de The Hives, simple y literalmente. Es la regla, el orden que nos marcamos a nosotros mismos para que todo salga bien desde que probamos instrumentos, ensayamos, grabamos, viajamos o tocamos en directo. Que todo sea lo más Hives posible. En parte quizás signifique que necesitamos un poco de autoconfianza en nosotros mismos de nuevo”. Metidos en harina, es difícil no ver “Lex Hives” como un disco que, sin tener en cuenta el contexto alrededor, parezca como la continuación del clasicismo en el que parecían beber hasta la aparición del disco negro y blanco, en el que quizá la influencia de lo que se hacía fuera de la banda tuvo demasiado peso. Todo parece mucho más coherente y mejor ensamblado, como si no hubieran querido repetir la dispersión de aquella entrega. Un disco que busque el equilibrio interno, la simetría y que deje de lado los hits en favor de un todo en el que sería difícil hacer algún descarte. Pelle lo confirma y va más allá. “El disco anterior está mucho más orientado a los tempos de cada canción. Una cosa que teníamos clara en este punto es que no queríamos usar nada moderno, ni sintetizadores, ni ordenadores, simplemente que el álbum fuera el sonido de un grupo tocando en una habitación, con equipos más antiguos que modernos. De hecho, si en el anterior disco había sintetizadores, en este hay saxos, que ilustra bien esto que te digo. Este disco es definitivamente menos moderno que ‘The Black And White Album’, más rock and roll de vieja escuela, que pareciera poder haber sido grabado en cualquier momento entre 1970 y 2012, sin edad determinada”. Ese algo añejo que a primera vista llama la atención sobre las canciones y que también es causante del poco miedo –que podía presumirse incrementado por la espera- que demuestran The Hives a la hora de tocar palos cada vez más soul y elegantes que dan un toque de distinción que sitúa a estas canciones mucho más cercanas al notable que al aprobado. “Hay canciones como ‘These Spectacles Reveal The Nostalgics’ que pueden recordar a Ramones porque son canciones cañeras y ellos lo eran, pero en general en este disco los temas se basan más en algún groove que la melodía. De hecho alguna es bastante soul como ‘Without The Money’ o ‘Midnight Shifter’. ‘Go Right Ahead’ es esa canción que todos quieren oír, y eso está muy bien, pero sólo da una clave sobre la dirección, no da la pista entera de lo que ‘Lex Hives’ contiene, así que la gente deberá escuchar el resto del álbum, porque tiene canciones bastante diferentes entre sí”. Con sólo cinco discos puede que parezca mentira, pero The Hives llevan juntos –y siendo además los mismos- desde que eran unos adolescentes en 1993, una convivencia de dos décadas que ayuda a entender un poco más y cerrar el círculo autorreferencial de este “Lex Hives” y el momento presente y quizá futuro de los suecos. “Lo que permanece es que seguimos siendo los mismos casi dos décadas después. Eso es fantástico. Ha cambiado que ya no somos niños, tenemos familias propias y vivimos en nuestras propias casas. Un grupo así comparte el tiempo de manera diferente, ya que antes podíamos estar más cantidad de tiempo juntos, pero eso se equilibra con todo el que pasamos ahora con las giras. Eso y que lógicamente las cosas no se ven como cuando tenías veinte años”.