Después de dejarnos sin aliento en su anterior visita a España, Michael Gira y sus Swans vuelven para golpearnos en el estómago con los temas de su arrollador “The Sheer”. Será dentro de la programación del San Miguel Primavera Club.

La portada de “Filth” mostraba unos dientes con clara actitud agresiva. Ahora Gira rescata ese icono para “The Seer”, pero le dota de ojos, nariz y oídos, aunque sea en forma de hombre lobo (él no puede ser excesivamente narcisista). Es un aviso. Sigo tan en forma como en mi juventud, pero mi sonido es mucho más completo que antes. Y no es un farol.

Hay una foto promocional de Swans en la que se ve a la banda perfectamente alineada, casi de uniforme. Solo destaca un Michael Gira ataviado con un sombrero de cowboy que le hace más alto que el resto del grupo, pero su espacio es mínimo bajo un manto de estrellas. Puede entenderse que no existe ninguna intención concreta. O no. Puede que lo que Gira pretenda expresar es que son meros canalizadores de una fuerza mucho mayor que la suya propia, una fuerza universal de la que participan como meros músicos, y que sus procesos compositivos son inconscientes, reflejos de un estado mental colectivo, pero nada cerebrales. “No soy más que una mota de polvo bajo el microscopio”, asegura el americano al teléfono. “Averiguar mi lugar en el mundo de la música le corresponde a los periodistas, y no a mí”. De alguna forma, ratifica lo que yo digo. “La música tanto en el estudio como en directo se desarrolla de forma orgánica, como una manada de búfalos que cargan contra ti y tienes que guiarlos al corral. Yo decido cómo quedan las cosas en su forma final, pero busco activamente que mis compañeros de grupo den su toque. Cuando estamos tocando y alguien hace algo que me parece bueno, llevo la música por ese camino. Siempre estamos cambiando. Lo mejor es ser siempre un inconformista”.

En unas pocas frases, Gira revela todo el sentido de su música. Una música que no es igual nunca, porque en ella concentra su larga experiencia como profesional y artista. Todo un desafío para el oyente, que es incapaz de contener a Swans en una etiqueta, en un género o incluso en el sonido de un determinado disco. “Siempre quise ir hacia delante y encontrar nuevas formas de expresión. A veces hay una gran curva de aprendizaje, como cuando Swans empezó a introducir elementos más callados y melódicos. No siempre funcionaba, pero acabas aprendiendo, aunque desafortunadamente sea en público”. Este crecimiento personal se refleja claramente en el sonido de la banda, que ha pasado de un noise primitivo y visceral a algo más orquestal. Pero no es una orquesta al uso. “Empleo cualquier instrumento que me parezca apropiado. Me gustan las cosas que resuenan bastante, por eso usamos las campanas y el dulcimer. Me atraen mucho los sobretonos. Es un aspecto del sonido muy interesante. Pero claro, en el disco también hay canciones más calmadas”. Y es cierto que entre monstruos como “Lunacy” o “Avatar” hay piezas en las que la palabra es la estrella. “Cuando se me viene a la cabeza una letra, la canto, pero no me pasa tan a menudo como cuando era joven. Las palabras son importantes porque le dan una imagen a tu música, pero tienes que intentar no escribir algo demasiado personal o narrativo cuando el sonido tiene mucho peso, porque hace que tu música parezca más pequeña. Canciones como ‘The Daughter Brings The Water’ o ‘Song For A Warrior’ funcionan bien en yuxtaposición con otras más grandes. Es como si tuvieras una bota militar enorme al lado de una pequeña flor. Ambos son más en sí mismos porque están uno al lado de otro”. Precisamente “Song For A Warrior” es una canción que se sale de la norma, una balada cantada por Karen O., de los Yeah Yeah Yeahs, y amiga del bajista de Swans. “Pensé que su voz era muy apropiada para la canción porque me gusta lo frágil y vulnerable, pero también maternal, que puede llegar a ser. Hizo un trabajo maravilloso”. Esta semana visitarán España en la gira que acompaña al disco, y Gira ya tiene una buena idea de lo que hará. “Casi la mitad del set lo compondrán nuevas canciones que todavía no hemos grabado, lo cual será como alrededor de una hora, y tocaremos tres canciones de ‘The Seer’. También rescatamos ‘Coward’, una canción de ‘Holy Money’. Me gusta porque solo es sonido y ritmo. No hay melodía”.