Puedes escuchar varias veces “A Hyperactive Workout For The Flying Squad” (Sanctuary/V2), el nuevo largo de los británicos, y no dar con nada que te sorprenda o puedes equipararlo a sus mejores discos. Todo depende del punto de vista, pero queda claro que OCS deben mover ficha ya si no quieren quedarse demasiado atrás.

Me pongo “A Hyperactive Workout For The Flying Squad”. Se acaba. Me lo vuelvo a poner, a ver si ahora cojo algo. Nada, lo mismo. Me concentro y saco cara de ecuación de segundo grado, pero a la quinta canción ya se me ha vuelto a ir el santo al cielo. Consulto con los fans de Ocean Colour Scene. Dicen que es un álbum cojonudo, algo por debajo de “Moseley Shoals” (1996) y “Marchin Already” (1997), pero sólo un pelín. Otra oportunidad más y otra vez igual. No es que yo no me quiera subir, es que el disco pasa de largo. ¿Será que el tiempo pasa también para los de Birmingham? “Qué va. Tengo cuarenta años, todavía me siento joven y estoy muy lejos de aburrirme haciendo música”, me explica finalmente el vocalista Simon Fowler mientras el guitarrista Steve Cradock nos contempla a ambos desde la distancia. El séptimo disco de Ocean Colour Scene (el primero tras la marcha del bajista Dan Sealey) vuelve a echar mano de pelotazos sesenteros (“Free My Name”, “Waving Not Drowing”), baladas (“Drive Away”, “Move Things Over”) y, en general, ese tono de pop agradable y punto que suele entregar la banda. “No creo que nos estemos repitiendo. Aquí puedes encontrar un uso de las cuerdas muy distinto a como lo habíamos hecho antes, mandolinas (“This Day Should Last Forever”) y un tema en clave reggae (una versión de “My Time”, de Bob Andy, interpretada por el batería Oscar Harrison).

“Oh, ¿te refieres a que si somos unos drogatas? Podría ser… Justo lo contrario de Radiohead, ya sabes, la mejor banda del mundo”

Otra cosa es que tengamos un estilo marcado, pero es algo que no se nos puede achacar. Lo mismo podrías decir de Oasis”, argumenta Fowler. Y la verdad es que la comparación con el grupo de los Gallagher viene de perlas. Ambas bandas regresan de entre los restos del naufragio del brit pop de los noventa, y lo hacen con dos discos supuestamente redentores. Pero por mucho que hayan expiado los pecados del pasado (léase discos como “Mechanical Wonder” y “North Atlantic Drift”), una de las cuestiones que uno se plantea es ¿quién viaja ahora con Ocean Colour Scene? “Nosotros hemos notado un cambio generacional en los conciertos, un grupo de gente muy joven que viene incluso con sus abuelos. Yo creo que se trata de los hermanos y hermanas de quienes escuchaban ´Moseley Shoals´, que se han quedado con nuestro sonido y luego han continuado con él”. Diversión, pues, para toda la familia que podrán disfrutar los que acudan al Santander Summer Festival el próximo 8 de julio, tras el paso del grupo por el Metrorock de Madrid. Hablando de diversión, ¿qué hay de esa fama de fiesterillos que llevan consigo? “Oh, ¿te refieres a que si somos unos putos drogotas? (risas). Podría ser”, deja caer Fowler. Para el cantante, nada hay de malo en beber un poquillo y salir al escenario. “Justo lo contrario de Radiohead, ya sabes, la mejor banda de pop del mundo”. El cantante es de los que piensan que hay que divertirse en los conciertos “porque queda un poco ridículo que un tipo se ponga serio sobre el escenario y empiece a soltar el rollo a la gente. En ese sentido, nos ha influido ver de pequeños a los Beatles y saber que, en el fondo, eran una panda de comediantes”. De nuevo con “A Hyperactive….”, llaman la atención las tres versiones que se incluyen en el disco. “La gente” apunta Cradock, “se fija en los covers, cuando tienen al lado otras diez canciones totalmente nuevas”. No obstante, hay que apuntar que, además del citado reggae, aparece un “Wah-Wah” de George Harrison y una reinterpretación de “Start Of The Day”, de la banda de Liverpool The Real People. Otro asunto destacable es el de los medios tiempos. Tal abundancia podría ser interpretada como señal de madurez y/o vejez musical, aunque Fowler escurre el bulto. “Mira, te voy a explicar una cosa. La mayoría de nuestros temas conocidos son canciones de ´marcha´. Antiguamente en Estados Unidos resultaba muy útil para las bandas de jazz tocar después de ir a misa, mientras caminaban. Ese ritmo les venía muy bien y aún hoy es uno de los espejos en que nos miramos”. También podemos hablar de la participación de Paul Weller, quien toca la guitarra en “Waving Not Drowing” y ejerce, una vez más, de padrino mod, de modfather. “Además de ser una inspiración, fue uno de los primeros en decir que le gustábamos y, en cierto modo, dar validez a lo que hacíamos. Más que un padre, yo lo veo como un ´tío´ musical”.