Tras tres años de silencio, The New Raemon ha puesto fin a su época entre tinieblas con el quinto largo en su trayectoria. Los diez cortes de “Oh, rompehielos” (B-Core, 15) dimanan el deseo del que quiere desprenderse de lastres pretéritos para empezar de nuevo.

Un post publicado por Ramón Rodríguez dos años atrás provocó cierta confusión, pues hubo quien vio en aquellas palabras que el proyecto The New Raemon había llegado a su fin. En realidad, aquel comunicado tan solo enunciaba un distanciamiento indefinido de los escenarios. “Venía de un par de años, 2011 y 2012, muy complicados. No solo el señor Wert nos había subido el IVA, sino que me dejaron a deber mucho dinero de una gira. The New Raemon no es una banda, sino que en directo llevo a músicos, y ellos no tenían la culpa de que hubiera tomado una decisión errónea contratando una serie de conciertos que no funcionaron como debían. Me pasé meses haciendo magia para reunir todo el dinero que necesitaba para poder pagarles”. Cuando lo consiguió, Ramón no tenía ganas de volver a subir a un escenario en su vida. Sin embargo, las canciones continuaban saliendo, y con ellas, poco a poco, fue creciendo la necesidad de presentarlas en público. “Mi manager me propuso hacer una gira acústica: yo solo con la guitarra y el público, sesenta o cien personas bien cerca. Fue así como me reencontré conmigo mismo disfrutando de los directos”.

De esa sensación de renacimiento, surge este “Oh, rompehielos”, álbum que se podría sintetizar en esa frase que esconde el tema “Al margen” en la que afirma: “Recobró el aliento el mal tiempo. Sobrevino el fin de ciclo”. “Los artistas que admiro son gente como Neil Young o Bob Dylan. Músicos impresionantes pero que también han sufrido sus altibajos. Y aun así, han resistido, alcanzando una posición en la que ya no es que sean clásicos sino que son leyendas”. Esos son los referentes que The New Raemon toma a la hora de encarar su trayectoria: tipos que sobrepasan los sesenta haciendo los discos como y cuando quieren. “En eso estoy. Ya no le tengo que demostrar nada a nadie. Hago lo hago y mi objetivo es juntar diez canciones en un álbum que resulte agradable de escuchar”. Misión cumplida, “Oh, rompehielos” seguramente sea su trabajo más liviano. Un disco que va sonando sin que aparentemente suceda nada extraordinario, pero que por dentro te va atrapando en su translúcida concatenación de acordes y melodías. “Lo que sucede es que con mis dos discos anteriores me saboteé a mí mismo”. ¿Cómo? Explica nuestro Garfunkel que, sin ser Loquillo o Manolo García, no acabó de encajar demasiado bien la popularidad que le reportaron sus dos primeras referencias. Se asustó un poco porque no acababa de ver claro hacia dónde iba su trayectoria, más cuando empezaron a surgir ofertas de multinacionales. “Les presenté las maquetas de ‘Libre asociación’, que sonaba más oscuro, y ellos me pedían diez temas como ‘La cafetera’. No me salió de los cojones. Y si ahora he parido una canción como ‘Reina del Amazonas’, que está en esa línea más luminosa, es porque ha salido de forma natural. No puedo forzarme a hacer algo que no siento. Tengo unos principios y, aunque pueda equivocarme, sé cómo quiero que sean mis discos. Eso es a lo que no quería renunciar”.

Desde 2002 hasta este 2015 Ramon Rodríguez ha publicado, ya sea con Madee, como The New Raemon o con algún otro de los muchos proyectos en los que ha tomado parte, una quincena de álbumes, ritmo productivo más propio de una lancha fueraborda que de un pesado rompehielos. “Normalmente un disco me lleva tres meses, sin embargo a este le he dedicado un año y medio. No sabía dónde lo grabaría, si tendría dinero para grabarlo, ni quién lo publicaría”. Lo paradójico del caso es que, cuando entró en el estudio, casi no alteró las pistas de las maquetas que había realizado en su casa. “Me gustaba como había quedado. En el estudio tan solo lo vestimos con las partes de bajo y batería y unos pocos arreglos”. Una decisión que le otorga al trabajo un aire de inmediatez y pureza, al mismo tiempo que un punto de brío rockero. “En el estudio es imposible recuperar la inmediatez del instante en el que surge un tema por primera vez, por eso a este disco le he querido dar cierto rollo maquetero. Y por esa misma razón también lo he producido yo. Si lo hubiera hecho algún amigo como Ricky Falkner, Santi García o Paco Loco hubiera tomado otra dirección”. Esa proximidad también se vislumbra en unas letras mucho más cercanas y directas que toman distancia respecto a sus precedentes, donde los versos adquirían formas más crípticas. “En los dos discos anteriores estaba más enfadado y tal vez no quería que se supiera del todo sobre qué estaba hablando”. Contrariamente, “Oh, rompehielos”, sin desprenderse del todo del chasco y el desencanto, emana ilusión y optimismo. “Cuanto menos, es el primero de mis discos con un final feliz. El último tema, ‘Moneypenny’, describe un escenario semi-idílico y esperanzador. Quería cerrar el álbum dejando bien claro el mensaje”.