NARCO no necesita comisiones rogatorias ni conexiones a la red para alumbrar las telarañas de la realidad, sin efectos especiales, ni anestesia. Esos fogonazos de realidad que retratan en sus temas dejan clara su postura ante las actitudes pancistas y conservadoras de aquellos que pretenden manejar a la juventud. Y es que Narco son una banda con los pies en el suelo, gente sin falsas pretensiones intelectuales. Lucha, que algo queda. Y sin tregua. Un nuevo disco, «Talego Pon Pon» (Bruto/Dro, 99), ha situado a Narco en terreno privilegiado. Tras varios años en la carretera y soportando todos los chaparrones que brinda la profesión, finalmente los andaluces consiguen situarse en la primera línea del rock nacional. Aún fieles a la línea sónica iniciada con su primer disco, su nueva obra evidencia mayor profesionalidad y unos medios que les han permitido aportar nuevos matices a su particular visión del thrash y el hip hop. «Creemos que, aún siguiendo la misma línea, nuestro sonido y las letras se han endurecido con respecto al anterior». Cierto, especialmente en estos textos que escupen como si de afilados cuchillos sucios de rencor se tratase, dotándoles de un halo de denuncia rotunda, pero nada demagógica. «Lo único que sabemos es que todo lo que nos rodea apesta, y que hay que denunciarlo. Por ejemplo, las tribus urbanas no son más que un producto de esta sociedad capitalista. Por ejemplo, el movimiento okupa surge como protesta al enriquecimiento individual que defiende el modelo social actual». Así es como dejar ver cuál es su postura ante un sistema que consideran pervertido. Puede que por ello consideren la revolución como única solución posible. «Una revolución es un cambio más o menos grande, pero en el fondo sólo es un cambio. Mientras siga habiendo diferencias de clase y siga muriendo gente de hambre, la revolución seguirá viva, aunque sea en la mente de algunas personas». Por otro lado, «Talego Pon Pon» subraya ciertas opiniones sobre lo eterno y lo divino en palabras de Narco, mostrando una postura más racional que la que puedan plantear los sacerdotes de cualquier creencia. «Para ser místico hay que creer en algo superior, algo divino. Nosotros sólo creemos en lo que vemos, y nuestra religión nos dice que te andes listo para buscarte la vidilla día a día. La única batalla perdida es aquella en la que no luchas. Es el planteamiento propio de quien cree en estampitas de la Virgen y piensa que poniendo velas a los muñequitos de las iglesias ya está todo hecho». Aunque centrémonos en sus nuevas composiciones, más prietas con respecto a las de su predecesor «Satán Vive». A la hora de combinar ingredientes, parece de nuevo la figura de Jesús Arispont (DCD, Freak XXI), productor capaz de manejar las sutiles apreciaciones de Narco con la misma soltura que un especialista en geiseres. «Seguimos trabajando con él porque ha llegado a conocer nuestras ideas y se complementa como uno más del grupo». Y que dure.