Puede que «Learn To Fly» sea el tema más comercial –de hecho, lo es, y por mucho- en la carrera de Foo Fighters; puede que Dave Grohl no sea una estrella del rock, también es posible que una sola audición de «There Is Nothing Left To Lose» no permita afirmar con exactitud que se trata de su álbum más irregular. Puede que todo esto sea cierto –o puede que no-, pero no cabe duda de que un brillante pasado en Scream y Nirvana, junto a sus tres discos al frente de Foo Fighters, hacen que Dave y sus compañeros merezcan, por lo menos, un voto de confianza. Eso, como mínimo. Un céntrico hotel madrileño es el lugar elegido para que Foo Fighters den cuenta de las pertinentes tareas de promoción. En el salón principal, la celebración de una boda, con un cóctel fastuoso al que Dave Grohl (voz y guitarra), Taylor Hawkins (batería) y Chris Shirflett (nuevo guitarrista –procedente de No Use For A Name-) no dudarían en unirse si no fuera porque todavía tienen que cumplimentar varias entrevistas. Blanca y radiante va la novia… Radiante, que no blanco, aparece un Dave Grohl cumplido, amable, dicharachero como pocos… Todo lo contrario que Taylor –cualquier detalle, por mínimo que sea, es excusa para evadirse de la conversación; cualquier chascarrillo es suficiente para volver a captar su atención- y Chris; éste no pronuncia apenas una palabra; tan sólo parece volver en sí cuando Dave comenta su futuro en la banda. «No, Chris no es sólo un guitarrista para la gira; es un miembro más del grupo, con todas las consecuencias». Y Chris levanta la cabeza, asiente con su pulgar, esboza una sonrisa y vuelve a su estado de postración cuando hablamos sobre la salida de Pat Smear –ex Germs, anterior guitarrista en Foo Fighters-. «Su marcha fue algo muy duro, porque ante todo era un gran amigo; fue una época muy difícil. Estábamos en el estudio, y llevábamos una doble velocidad: por un lado, estábamos Nate Mendel –bajista, ausente en esta entrevista-, Taylor y yo, trabajando muy bien, y por otro estaba Pat, que parecía no centrarse. Nos sentamos a hablar, y fue una decisión dura, porque es un gran amigo; pero había que hacer algo, y acordamos seguir como un trío, y buscar otro guitarrista, y aquí está». Chris vuelve a sonreír: con No Use For A Name –combo californiano consagrado al hardcore melódico- sería utópico aspirar a este estatus de «ricos y famosos». El caso es que aunque Dave no lo señale claramente –y prefiera no hablar más sobre el tema-, la marcha de Pat Smear se antoja más bien forzada. Así que lo que durante la grabación de «The Colour And The Shape» parecía una formación estable –a saber: Dave, Pat, Nate Mendel y William Goldsmith-, ha sufrido para este tercer disco una reestructuración en su cincuenta por ciento, aunque la sustitución de William por Taylor ya se produjo dos años atrás. «Bueno, a William le costaba mucho el tema de las giras, prefería estar en casa. También sufrió mucho en el estudio, le afectaban mucho las críticas, y de hecho yo toqué la batería en la mayoría de las canciones de «The Colour And The Shape»». Y un día acabó diciendo: ¡Lo siento, no puedo con todo esto… ¡Me voy! Y regresó con su anterior grupo, Sunny Day Real Estate, donde parece estar mucho más cómodo. Suerte para Dave que Nate Mendel –quien también perteneciera a los abanderados del emocore- decidiera quedarse en Foo Fighters. «Sí, a Nate también le pidieron que volviera con SDRE; tenía un lío mental muy grande: me voy… no me voy… Además, estábamos a punto de irnos de gira, y eso supongo que se lo puso aún más difícil. Salió, se emborrachó, y tomó una decisión… Yo estaba pasando unos días en casa de mi madre; de repente, a las siete de la mañana, aparece mi madre golpeando la puerta: ‘Dave, ha venido Nate; quiere verte’. Y me dijo que se quedaba con nosotros: ¡Dios, tío, son las siete de la mañana; vete al cuerno!». Y con todo este ir y venir llegamos a «There Is Nothing Left To Lose», álbum que, por cierto, publican después de un nuevo abandono: esta vez el suyo propio, de Capitol a RCA. Dave se explica. «En el contrato con Capitol teníamos una cláusula que decía que si el presidente de la compañía se marchaba –él era un buen amigo nuestro-, teníamos la opción de marcharnos también; y efectivamente, él se fue, y nosotros detrás». Coherencia y lealtad que se manifiestan en un álbum que ya estaba completamente terminado cuando fichan por RCA –a finales de agosto-. «La idea era escapar de la industria discográfica, el mundo de los negocios, todo eso. Queríamos hacer el disco primero, y luego encontrar alguien a quien le gustase, como si estuviéramos empezando. Que nadie nos dijera lo que teníamos que hacer». De momento, su nueva compañía ha elegido «Learn To Fly» –ya lo decíamos: auténtico producto para las radiofórmulas- como el tema que ha de hacer que su tercer álbum alcance unas ventas tan sustanciosas –más de cuatro millones de copias- como las que obtuvieron con «The Colour And The Shape». «La elección del single es una competencia exclusiva de la compañía; nuestros parámetros son bien distintos: ellos pretenden vender, y nosotros hacer buena música. Si han elegido «Learn To Fly» será porque creen que puede vender mucho, y eso también es bueno para nosotros». Sinceridad arrolladora la de Dave Grohl a la hora de tratar este tema, aunque matiza. «Esto no es Hollywood. Esto es divertido, no es como un trabajo. Somos gente corriente que estamos en un grupo, y eso ya es mucho más de lo que puedas imaginar». Seguro que sí; el mundo del rock: giras, hoteles, la fama en definitiva. «¿Tengo pinta de estrella del rock? –pregunta retórica de Dave, que continúa- ¿Tiene pinta Chris de ser una estrella? ¿Y Taylor? Nate no está aquí, pero te puedo asegurar que su pinta no es la de una estrella del rock. Él tenía que estar aquí; ha dejado la banda por un día, jamás se lo perdonaré». De acuerdo: nada de estrellas del rock, pero Dave no puede negar que su paso por tres de las bandas más representativas de la música norteamericana de los últimos quince años le convierten no en un icono –aquí figura Kurt Cobain- ni en una estrella–Thurston Moore y Frank Black ocupan este puesto-, pero sí en un valor indispensable. Scream nunca tuvo la popularidad de Nirvana, pero sí fue un importante punto de referencia en cierta vertiente hardcore del punk que se hacía en la transición de los ochenta a los noventa. Algo de eso queda en Foo Fighters. «Nuestra actitud sigue siendo punk, pero musicalmente nos acercamos más al hardcore». El hardcore en su vertiente más melódica: lo era en su primerizo «Foo Fighters», se acentuaba en «The Colour And The Shape», y prosigue ahora en «There Is Nothing Left To Lose» con cierto amaneramiento en algunos de los temas –«Aurora» o «Ain’t It The Life»-, fruto de una producción efectista y pulcra –en exceso- a cargo de Adam Kasper –quien ya aparecía en los créditos del «In Utero» de Nirvana como ingeniero de sonido junto a Scott Litt-. «Adam es un buen amigo, su mayor especialidad es conseguir un sonido muy honesto, directo. Y eso es lo que le pedimos: que sonora como si realmente estuviéramos tocando ante tus oídos. Muchos de los temas están compuestos directamente en el estudio, así que no pueden sonar ampulosos». Siguen ofreciendo momentos intensos, de estribillos contundentes –«Breakout», «Generator», «Live-In Skin»-, a la altura de sus mejores momentos («Doll», «Monkey Wrench», «My Hero» –ese sonido tan Pixies-), pero en conjunto su nuevo álbum se revela menos convincente que su sobresaliente «The Colour And The Shape». Más melódico, seguro; más comercial, quizá. «No. Nuestro anterior disco era más comercial que éste», ataja Dave inmediatamente. Un disco –el anterior- producido por Gil Norton (Pixies). «El trabajo entonces fue realmente duro; teníamos una disciplina casi
militar. Sufrimos mucho, pero el resultado fue excelente. De todas
formas, necesitábamos un cambio, y con Adam ha sido todo más
relajado». Dave continúa respondiendo a nuestro cuestionario; cumple con
su trabajo de manera escrupulosa, aunque tiene muy claro que es lo que
menos le gusta. «Esto es agotador; sí, hoteles, suites, viajes… Pero
es demasiado, tremendamente cansado. Puedes pensar que hacer una gira es
duro, pero esto es muchísimo peor». Vaya, que parecen decididos a
repetir una gira al nivel de la anterior (más de doscientos conciertos
en poco más de un año). «Sí, esa es la idea. Es con lo que más
disfrutamos». Taylor sale de su letargo: «Sólo de pensarlo me canso», y
se desploma sobre un amplio sillón. Una gira que les traerá por aquí en
los últimos días de noviembre o primeros de diciembre, y –es posible- de
nuevo en los primeros meses del año 2000, febrero o marzo; una
actividad frenética que no parece asustar a un Dave que está curado de
espanto: de batería en Nirvana pasó a liderar una banda cuyo primer
objetivo era hacer olvidar que en ella estaba uno de los protagonistas
del fenómeno grunge. «Al principio costó mucho, y la gente acudía a los
conciertos envuelta de cierta nostalgia. Pero ahora todo el mundo sabe
que esto es Foo Fighters, y nada más que Foo Fighters». Dave asumió todo
el riesgo desde el principio (lo sigue haciendo: aquí ha grabado todas
las guitarras del álbum); siempre ha evitado erigirse como líder del
grupo, repitiendo una y otra vez lo buenos que son sus compañeros, pero
es inevitable que sea la cabeza visible de un grupo cuyas iniciales
lleva tatuadas en la nuca. Todo esto le incomoda; quizá sea falsa
modestia, pero tratándose de Dave Grohl –apabullante sinceridad en sus
respuestas- no quiero imaginar que trate de aparentar algo que no es.
Por un momento pienso en rebatir sus argumentos («nuestra banda» contra
«su banda»), pero el tiempo que se acaba y la complicidad que muestran
Taylor y Dave, e incluso el recién llegado Chris –a quien parece
reavivar la voz del ex Nirvana- me hacen desistir. Prefieren hablar de
música, de «lo buenos que son Queens Of The Stone Age»; de sus amigos:
«¿Sabes? Un amigo nuestro –se refiere a Barrett Jones, quien trabajó
años atrás con Foo Fighters e incluso formó junto a Grohl el grupo
Harlintgtox- ha estado produciendo el disco de un grupo español, Dover;
no los he escuchado, pero Barrett me ha dicho que son muy buenos. Seguro
que ha hecho un buen trabajo». Dicen conocer a Sexy Sadie, y antes de
que tengamos tiempo de proseguir en otra dirección, Dave insiste en
aclarar la consistencia de Foo Fighters como grupo. «Todo esto que ha
pasado últimamente; lo que hemos estado hablando antes, la marcha de Pat
y esos momentos de inestabilidad… todo ha contribuido a hacernos más
fuertes, no sólo musicalmente, sino como amigos…». Taylor interrumpe:
«Emanamos energía como nunca antes»; y Chris añade: «Vais a vernos
saltar en el escenario como si estuviéramos poseídos». Risas
generalizadas, y Dave que, por fin, concluye: «A la hora de grabar este
disco hemos estado conviviendo todos en la misma casa… Hemos pasado
grandes momentos, ha servido para unirnos mucho más. Creo… Sí, creo
que es algo espiritual… Es por el yoga». «There Is Nothing Left To
Lose» está publicado por RCA.