El tiempo pasa muy rápido para desgracia de todos, pero una ausencia de seis años en el terreno compositivo es demasiado para un artista que nos ha brindado tan buenas melodías a lo largo de décadas. Pero, una vez tenemos Escuela de capataces” (LAV Records/Buenritmo, 17) entre manos poco importa, porque el sexto trabajo de Miqui Puig en solitario mantiene el aroma del catalán intacto.

 Culo de mal asiento y fan fatal musical, Miqui Puig jamás descansa, sea como productor, Dj, programador de clubes, presentador de radio… Ahora, sin tomarse un respiro en sus actividades pero seis años después de su anterior disco, vuelve con “Escuela de capataces” (LAV Records/Buenritmo, 17), su sexto trabajo en solitario y onceavo en su carrera. Lo presentará en Madrid (30 marzo, Costello Club), Zaragoza (31 marzo, Las Armas), Girona (21 abril, Strenes Festival; gratuito), El Prat (5 mayo, La Capsa) y Tarragona (6 mayo, Zero).

Seis años…
He tenido un retiro meditado, aunque en realidad no tan meditado porque han sido las circunstancias de la vida, pero llega un momento que te planteas que es el momento de dar forma a ciertos ‘planes de dominación mundial’ y la vuelta ha sido “Escuela de capataces”, un álbum del que tenía antes el título que cualquier canción. Eran escuelas de formación agraria, de trabajo gremial en equipo que empezaron durante la República. Me gustó el concepto de trabajo en equipo en el que uno es el capataz, otro el peón, otro el técnico o el ingeniero, sin menospreciar ninguno de los roles porque todos son importantes.

Por eso tenemos un “team” potente, con Marc Botey ayudándome a la composición, que ya estaba conmigo en la época de Los Sencillos y con mi banda, la Agrupació Cicloturista Puig, que son parte del fundamental de lo que hemos creado. Los grandes discos se tienen que hacer con grupos de trabajo muy diferenciados. Admiro a la gente que se lo hace todo ellos mismos, porque tiene su punto de locura, pero al tocar con gente distinta te da una visión más amplia. Por eso me gusta la metáfora de una “Asociación Cicloturista” que se toma el deporte de una manera relajada, sin competición. Esa es un poco nuestra idea, que ya tenemos cuarenta y muchos y puede ser el último disco, así que nos lo tomamos de otra manera. Esa idea la hemos reflejado también en la portada, en la que aparecemos detrás de la barrera, donde hay una carrera ciclista. Así es un poco como nos sentimos. En definitiva han sido seis años de composición, de preparación, con todo lo que nos comporta la vida adulta, trabajo, hijos, vida, muerte, mil historias… que se han visto reflejadas en el disco.

Este largo tiempo de maceración y reflexión, ha dado una manera nueva de enfocar las historias que se cuentan, con un punto más sabio y maduro, con Puig metiéndose en la piel de los diferentes personajes a los que tiene que interpretar.
Las letras reflejan el momento en el que estoy, la edad que tengo. He intentado que tuvieran un punto ficticio. Cada canción de este disco pasa en un escenario distinto y todas las letras salen de los textos que redactaba a diario para Can Tuyus, el programa de radio que tenía. Escribía historias para contar. Observaba todo desde dentro de la barra o me metía en el papel de los personajes. Y así podía estar dentro y fuera de ellos. Pero, al contrario que en otros trabajos míos, las letras de este disco no llegaron hasta el final, cuando ya teníamos la música definida, estructurada. Teníamos conceptuado el sonido y fue entonces cuando empezaron a encajar, y ya teníamos todos los personajes creados. También me ha ayudado muchísimo estar rodeado de amigos literatos como Kiko Amat y Miqui Otero, y discutir sobre los grandes letristas y buscadores de historias. Eso me ha ayudado a dar un paso más. Pongo un ejemplo, la canción “El chico que gritaba Acid”, un chico que está sufriendo en su casa violencia doméstica, que yo nunca he tenido, pero que tiene una cierta melancolía, que yo sí que he tenido. Ahora, con este nuevo “juego”, no se sabe dónde está la primera persona o las demás personas. Me apetecía hacerlo así, porque mis otros discos hablaban en primera persona y de corazones rotos. Ahora, juego, me escondo y muevo la bolita…

La cocción de las sonoridades del álbum también ha sido ha fuego lento, a partir de una receta elaborada y tradicional. El resultado es variado estilísticamente y muy meditado.
En realidad es un disco muy 84, orgánico y crudo, con banda tocando y aderezados con sonidos de pre-tecnología de la época, pero tiene un punto “freak” en la búsqueda de sonidos. Comprábamos guitarras para conseguir un sonido determinado. Por ejemplo queríamos utilizar guitarras de doce cuerdas, para rememorar la música del rock americano, como R.E.M, The Three O’Clock, la psicodelia, las Bangles, el soul blanco, que viene de la parte de Orange Juice, etcétera.

La inquietud musical y afán perfeccionista de Miqui Puig le lleva a la búsqueda compulsiva de melodías pop perfectas. Lo importante es completar un trabajo bien hecho, siempre pensando en dar un paso más.
Soy muy maniático en todo, un inconformista que tiene muy claros cuáles son sus límites y cuáles son sus virtudes, que es saber contar historias. Lo que yo sé hacer es canciones pop, pero con un riesgo. Hablo de unos temas y tengo una coartada estética que a lo mejor no está acorde con los tiempos, pero es mi manera de hacer las cosas. Siempre lo comento… Cuando estaba en Los Sencillos, durante un período estuvimos locos con las máquinas y la tecnología. Entonces vino Alfonso Pérez de Esclarecidos y me dijo: “haz canciones, que es lo que sabes hacer”. Y eso es lo que sigo haciendo. Para dar muestras de que no puedo estar parado… mira, el otro día decía que, por edad y tal, este iba a ser mi último disco, pero estaba en el local de ensayo y les dije a los chicos “eh, tengo una idea para grabar”. Y me contestaron: “¿Pero no ibas a dejar de grabar?”. A veces me levanto y pienso que debería hacer un disco de pop electrónico con bases de italodisco, estilo Fred Ventura, o cantando como Marc Almond. Lo que sí tengo ahora es una idea como colofón de este disco y la gira, que es una idea visual-musical que me ronda la cabeza.

Amante incondicional de la música, que es la gasolina que mueve su motor, Miqui Puig ha tenido grandes momentos de reconocimiento público y buena relación con la industria, pero también ha tenido sus diferencias.
En la industria discográfica a veces se me ha visto como un tío raro y en algún momento he pensado en dejarlo. A mí me encantaría ser solamente un fan, dedicarme a otra cosa e ir a comprar discos los sábados, ponerlos y disfrutarlos. Pero llega un punto en que soy productor, llevo un programa de radio, programo clubes, etcétera. Y a veces, en el sector, esto se ve mal. Te ven como un tipo con afán de protagonismo. Cuando se sabe lo que pagan en los clubes, lo que cuesta mantener una discográfica… aquí sí que hay amor con la música. Estar dos años ensayando para hacer un nuevo disco sin ver un duro, ir a pinchar a una sala y que casi pierdas dinero… eso es amor a la música. Obsesionarte con una canción y pincharla, eso es amor, convirtiéndose en la búsqueda obsesiva de la melodía. Yo solamente busco que mis canciones remuevan algo y que emocionen.

Tiempos pasados no fueron forzosamente mejores, se puede girar la cabeza, pero hay que continuar mirando al frente, que el futuro está lleno de páginas en blanco que escribir.
No hay posibilidad para un revival de Los Sencillos. Los revival que he visto han sido un poco duros. Los Sencillos no tenían la demanda que han tenido 091 u otros artistas, pero lo que sí puedo decirte es que estamos trabajando en un recopilatorio con canciones de todas las épocas de Los Sencillos. Me gustaría sacarlo en vinilo en algún Record Store Day. Habíamos hablado de volver, algunos querían y otros no, pero la verdad es que yo no me veía cantando según qué canciones.