Miquel Vilella, otrora The Mighty Fools, sigue su particular carrera de fondo como orfebre de la canción. El cantautor de Reus ha dado continuidad a su pop épico en “La línia màgica”, que sigue hablando del amor… Las herramientas políticas de primera magnitud no se deben desaprovechar.

Pop y amor. Pudiera parecer peyorativo definir la carrera de un músico con esas dos palabras, tan trilladas en el cancionero. De hecho, en un tanto por ciento altísimo del maridaje, el resultado de la combinación será –como mínimo– ñoña. La excepción la pone Miquel Vilella, que ha hecho del pop directo, sin quincalla, su motor comunicativo. La línia màgica no es una excepción en su trayectoria como The Mighty Fools o bajo su nombre. Ni en lo compositivo, ni tampoco en el mensaje… ¿Por qué cambiar algo que funciona? “El disco lo visualicé como una continuación. De hecho los tres discos son una trilogía, y este cierra una etapa a nivel de texturas”, abre la conversación Vilella tras rumiar unos segundos. Ya son años trabajando el terreno, afinando la puntería con sonidos épicos y orgánicos, a caballo entre The Beatles, The Beach Boys o Hank Williams. Gracejo en la melodía (suma en el nuevo largo incluso pistas cercanas al dance, además de una apertura con tres primeros temas redondos), fondo de amplias miras y métrica precisa, cultivada en su incursión como escritor (tiene a punto un libro). “Con este disco aspiraba a dominar la sutileza, sabía que sería menos denso. El libro me dio un ángulo que me hizo crecer a nivel narrativo. Parte de la técnica es aprender a desaparecer, como un buen fotógrafo”, apuntala el músico de Reus.

Y como de tópicos que no lo son va esta entrevista, Miquel Vilella confía en aquello de que ‘quien algo siembra, algo recoge’. Tal vez por eso se haya pasado los últimos meses llenando tiendas de discos por toda Catalunya mientras presentaba su último proyecto, un material por cierto autoproducido (sólo distribuido por Satélite K). La importancia del cómo más allá del qué. “El amor que configura redes es una herramienta política de primera magnitud”, destaca Vilella, a media conversación, después de anclar la mirada en el infinito (todo lo lejos que puede perderse la vista en una terraza de bar sitiada por una lona translúcida). Nos hemos acostumbrado a desposeer al amor de su valor como cola social y tal vez por eso éste ha traspasado al pop con suma frivolidad. Es algo de lo que Vilella no quiere participar. “La música es el compromiso que adquiero con la comunidad. Qué cojo de la comunidad y qué le devuelvo: ¿Qué puedo aportar?”, atiende. Sin dejar perder un segundo, zanja: “Si vendiera tan sólo un disco, seguiría haciendo más. Ese es mi contrato, sin duda, con la comunidad”.

El título del largo vuelve a hacer un guiño a la montaña. La línia màgica recuerda la expedición que, comandada por Òscar Cadiach, hace más de diez años coronó el K2 por una de sus rutas más endiabladas, la conocida como Magic Line. Un documental (La otra cara del K2 (Magic Line)) recoge la hazaña, que tuvo final agridulce con la muerte en el descenso de Manel de la Matta Sastre. En homenaje, el nuevo largo de Vilella nos recuerda que la fiesta no está en la cima, sino en el recorrido. Y que al cantautor los ascensos se le hacen planos: Miquel Vilella es un alpinista del pop.

Ahora, además, firma el tema “Amor a la plaça (res d’acaba)”, canción que dota de banda sonora a la campaña veraniega de la emisora de radio iCat, que celebra su retorno a la FM.