Mucho ha llovido desde que Mike Portnoy abandonase Dream Theater. Su nombre no ha dejado de crecer y ha practicado una diversidad musical que le ha mantenido en primera línea. Ahora nos visita con Shatthered Fortress formando parte del cartel del festival Be Prog! My Friend (30 junio y 1 julio, Poble Espanyol, Barcelona). Aprovechamos para charlar con él telefónicamente.

Con una carrera tan diversa (has pasado por Dream Theater pero también has colaborado con multitud de artistas) no es de extrañar que publiques recomendaciones tan variadas en tus redes sociales.
Todos los años escucho un montón de nuevos álbumes y artistas y subo un ranking en mi perfil de Facebook. Uno de los que más me han gustado últimamente es el último de Avatar, “Feathers And Flesh” (16). Tienen un look y una imagen únicos con ese acercamiento teatral. Me recuerdan un poco a mi época en Avenged Sevenfold y también tienen mucho de King Diamond. Siempre he sido un fan de la música en el sentido más amplio, desde muy pequeño. En mi colección había desde The Beatles hasta Kiss, pasando por Ramones y Rush. Mi gusto musical abarcaba todo y aquí estoy, cuarenta años después sigue siendo prácticamente lo mismo. Ahora mismo escucho desde Radiohead hasta Sepultura. Me encanta la música.

“Todas las decisiones musicales las he tomado con orgullo. Nunca he querido hacer algo obligado o porque sentía que tenía que hacerlo”.

De todas esas influencias más tempranas, ¿qué discos son los que más te marcaron?
Hay varios momentos, artistas y discos muy importantes en mi infancia y adolescencia, pero hay tres grupos que marcaron de forma muy profunda mis inicios: The Beatle, Led Zeppelin y Rush. The Beatles fue el primero, crecí con ellos. Abbey Road es uno de mis álbumes favoritos de siempre. Descubrí que quería tocar la batería gracias a John Bonham, a través de la discografía de Led Zeppelin. Una vez empecé a tocar la batería, Rush se convirtieron en una de mis mayores influencias. Ya en la adolescencia el thrash me marcó mucho. Anthrax, Metallica… es difícil escoger un álbum de todos ellos. Para mí todos ellos forman parte de mi carrera.

Echando un repaso a tu propia carrera, ¿qué disco es el que ha marcado un antes y un después para ti?
Es muy difícil quedarme con alguno, pero si reviso mi carrera a día de hoy puedo ver que hay discos que sí que marcaron un antes y un después. El más obvio sería, en 1992, “Images And Words”. Sinceramente creo que fue el disco que empezó mi carrera, el disco que lo cambió todo. Claro que ya llevábamos juntos desde hacía un tiempo, pero con “Images And Words” empezamos a girar por todo el mundo y empezábamos a encontrar nuestro sonido. Hace ya tiempo de eso, pero tampoco miro mi carrera con nostalgia. Hace poco hemos lanzado el nuevo disco de Neal Morse Band, “The Similitude Of A Dream”, y estoy convencido de que es uno de los mejores discos que he hecho en toda mi carrera. Eso es lo mejor de este momento para mí, que después de tantos años tocando puedo sentirme orgulloso de mi música y seguir creando algo que me inspire con la misma pasión del principio.

En los directos se nota la buena química con Neal Morse…
Todo lo que hago ahora lo hago porque me apasiona y me inspira. Con Neal tengo muy buena relación, quizás la mejor relación musical de toda mi carrera. Tenemos un respeto tremendo por el otro. Cuando escribimos juntos somos realmente prolíficos, podemos estar literalmente cuatro horas escribiendo.

Al igual que hay discos que recuerdas con cariño, ¿hay algún disco de tu propia carrera que te cause el efecto contrario?
Todas las decisiones musicales las he tomado con orgullo. Nunca he querido hacer algo obligado o porque sentía que tenía que hacerlo. Todo lo que hago lo hago de corazón. Esa fue una de las razones principales de mi marcha de Dream Theater. Recuerdo esa etapa con muchísimo cariño, pero al final no me sentía inspirado por la situación ni por el ambiente en el que trabajábamos. Sentía que éramos una máquina y necesitaba probar nuevas maneras de hacer música. Cuando marché de la banda no lo hice con intención de acabar con ella, fue un momento muy triste para todos. No quería acabar, solo quería tomarme un respiro pero era algo que tenía que pasar para poder seguir haciendo algo de lo que me sintiera orgulloso. Ha sido una carrera increíble la que he tenido estos últimos años, por lo que tampoco creo que sea algo negativo. Dejar Dream Theater fue una oportunidad para satisfacer mi hambre musical: me permitió tocar un montón de estilos muy diversos y ha sido muy satisfactorio.

¿Entonces debemos entender el set de Shattered Fortress como un ejercicio de nostalgia?
No, es una celebración. Ha sido una gran parte de mi vida, veinticinco años para ser exacto. Todo lo que he hecho desde aquellos días ha sido muy variado y me ha inspirado mucha gente y muchos proyectos. Sí, he pasado página, pero no por ello deja de ser una gran parte de mi vida, y es un buen momento para celebrar este legado con mis fans.