Una frase de la entrevista lo deja bien claro. “Cualquiera que me conozca sabe que lo intentaría todo por no echar a Nick y, de hecho, es lo que he estado haciendo estos dos últimos años”. Josh Homme tiene ganas de aclarar la marcha de su compañero y amigo Nick Oliveri y de paso mostrarnos a todos que, con “Lullabies To Paralyze” (Universal), se siente más vivo que nunca.

Josh Homme es un armario de hombre. Alto, corpulento y con unos quilos de más, no luce hoy uno de sus mejores aspectos. Su cabello rubio está sucio, graso y peinado hacia atrás con ese estilo que recuerda a los reverendos charlatanes del viejo Oeste. Se le ve ojeroso y los tatuajes carcelarios de sus gruesos antebrazos (una hilera de corazones de lo más cutre) están parcialmente ocultos bajo las mangas subidas de un jersey de mercadillo de color azul eléctrico. Por encima de éste destaca una cadena plateada al cuello con una enorme púa negra, de la que no alcanzo a adivinar la dedicatoria que lleva impresa. Es posible que sea un regalo de su chica, la cantante de los Distillers y “ex” de Tim Armstrong de Rancid, Brody Dalle. Un abalorio que le da un aspecto de quillaco que tira de espaldas. Cuesta imaginar, ante esa total ausencia de glamour, que me encuentro ante uno de los guitarras más influyentes y populares de la última década, un tipo que recién salido de la adolescencia se sacaba al grupo Kyuss de la manga forjando, no sólo una leyenda, sino todo un estilo dentro del hard rock, el stoner, que para muchos empieza y acaba en los propios Kyuss.

“Nunca pensé que QOTSA hubieran muerto. De hecho fue Nick quien dijo que el grupo había acabado”

Pero eso es agua pasada y a nosotros se nos ha convocado en Londres para hablar sobre el futuro. Un devenir que a corto plazo estará marcado por la ausencia de Nick Oliveri, el bajista, cantante y amigo que, pese a incorporarse al grupo tras su primer álbum, se convirtió en todo un símbolo de intensidad y furia. La suya es una ausencia que ha dejado un importante vacío en la imagen de una banda que, curiosamente, nunca ha sido tal, sino más bien un ente abierto capaz de acoger a los más variados músicos y colaboradores. Esa dispersión no ha ayudado demasiado a forjar un éxito masivo, pero sí que ha dotado de una estela de culto que dejaba al aficionado soñando con una formación titular integrada por Lanegan, Homme, Oliveri y Grohl, algo imposible a día de hoy. Ni siquiera se mantiene ya ese monstruo de dos cabezas que tan buenos momentos nos brindó en el pasado. Fue Oliveri quien tomó la decisión y quien calentó el ambiente en la prensa frente al silencio de Homme (tras tomarse unas vacaciones se enroló como batería de Eagles Of Death Metal, la banda de su amigo de toda la vida Mr. Jesse ´The Devil´ Hughes). Golpear los parches y no pensar en nada más resulta ser la mejor terapia para olvidarse de las provocaciones de Oliveri y tomar una decisión que, a la postre, ha sido la responsable de que hoy en día “Lullabies To Paralyze” sea el disco más unipersonal de Josh Homme al frente de QOTSA. “Nunca pensé que QOTSA hubieran muerto. De hecho fue Nick quien dijo que el grupo había acabado, pero lo entendí. Nick estaba enfadado y por eso dijo lo que dijo. De todas formas, cuando lo soltó, mi reacción fue pensar que era yo quien decidiría si se había acabado o no. Es más, pensé que ahora estaba en ello más que nunca. No me gusta que alguien me diga que se ha terminado cuando para mi no lo ha hecho”.

”Es como ese tipo de los Libertines. No me importa una mierda, es un payaso. Su música es una mierda y él es un drogata”

Existe cierto resentimiento en las palabras de Josh Homme. Él le dio la oportunidad a Oliveri de enrolarse en los QOTSA, su banda, él le presentó en sociedad a todos sus amigos y él capeo con sus salidas de tono o con una hostilidad que, a la postre, ha sido la causante de su marcha. De hecho, Josh Homme nos sorprende contándonos una historia que dice no haber explicado a nadie. Se entera de que venimos de Barcelona y que asistimos al concierto que ofrecieron en la sala Razzmatazz 2 el pasado 27 de noviembre de 2002 y nos cuenta… “Ese día Nick estaba enfadado por algo que no tenía que ver con el grupo y arruinó el concierto. Al segundo tema le lanzó unas botellas al público de muy malas maneras y al preguntarle que qué le pasaba me dijo que el público estaba muerto y que no le gustaba. Pero era tan sólo el segundo tema y la sala estaba sold out. Me tendría que haber ido en ese preciso momento y me arrepiento de no haberlo hecho. Esperé cinco o seis canciones más porque yo no soy así. Hice muchas cosas malas en mi vida, pero sé lo que hice y lo asumo, pero no iba a asumir algo que hizo otra persona. El caso es que siempre digo que el suelo resbaladizo de Barcelona salvó al grupo por un año más, porque cuando acabamos me dirigí al camerino dispuesto a romperle la cara a Nick por su actitud y por lo que había hecho y cuando entré a meterle, el suelo estaba mojado y resbalé con lo que nunca llegamos a pelearnos esa noche. Pero sólo se salvó durante un año, hasta que las cosas todavía se pusieron peor entre nosotros. Para mí, tanta agresividad y desenfreno no es música. No es algo real. Intenté explicárselo a Nick, pero no quiso escucharme. Es como ese tipo de los Libertines. No me importa una mierda, es un payaso. Su música es una mierda y él es un drogata. Yo puedo hacer lo que ellos hacen incluso dormido. Lo verdaderamente importante es si cada nuevo disco puede ser mejor que el anterior”. Josh Homme sigue hablando con mucha pasión. Incluso se ha puesto de pie para explicarnos cómo resbaló cuando tenía los puños bien armados para darle una lección a su amigo. “Hay mucha gente que no sabe la gran cantidad de conciertos en los que Nick estuvo sobre el escenario sin hacer nada sólo porque el sonido no era lo bastante bueno para él. Una banda es buena porque todos los miembros quieren estar ahí, así que no tengo excusas sobre todo porque no las necesito. No las quiero y no espero que todo el mundo lo entienda, pero no me preocupa. Tuve que tratar con temas más duros en el pasado. Lo cierto es que no hablé de esto con nadie más y por eso la gente no entiende lo que pasó, pero ahora lo leerá y lo entenderá. Vosotros estabais allí, habéis visto a Nick tirar las botellas sobre el público. Siempre tuve que cargar con lo que pasó, lo que hice, lo que no hice. Es difícil ser la persona que debe preocuparse de todo…”. Vaya, que no ha sido fácil deshacerse del bajista. Si volvemos al disco, que es lo que de verdad interesa, no parece que su ausencia haya mermado demasiado el resultado. “Lullabies To Paralyze” es un buen disco. Quizás no tenga los temazos redondos de “Rated R”, su segundo álbum, ni tampoco el inicio demoledor y la unidad de “Songs For The Deaf”, el tercero, pero el rico universo de Josh Homme aflora al completo y, aunque es cierto que los primeros temas pueden darte la impresión de que ha perdido algo de fuelle psicótico (“Everybody Knows” recuerda a Soundgarden, “Medication” habría encajado a la perfección en el anterior, “In My Head” es un temazo recuperado de su última Dessert Session, “Burn The Witch” tiene un riff afilado y el single “Little Sister” te atrapa a cada nueva escucha), hacia la segunda mitad del álbum el caos vuelve a imponer su presencia. La sosegada “I Never Came” actúa de puente y enlaza con una locura de más de siete minutos titulada “Someones´s In The Wolf”, que abre la puerta de par en par a los riffs pesados más identificativos de Homme (“The Blood Is Love”), al desquicie insano de “Skin On Skin” o al ambiente inquietante y misterioso de “You’ve Got A Killer Scene There Man”, en la que los hirientes punteos de guitarra se superponen a la melodía. En esta segunda parte hay apenas cuartelillo (“Long Slow Goodbye”) para los oídos más delicados y menos dados a la aspereza. Si alguien esperaba algo asequible se estaba equivocando de músico y de contexto, porque aunque suene a tópico (que lo es) las notas de Homme se nutren de la aridez del desierto. “Sí, es el disco más person