Aunque parezca imposible, hubo vida antes de La Cabra Mecánica. Una vida en la que el Lichis tocaba el bajo en bandas de bluegrass, blues y rock and roll del de toda la vida. Por eso no puede extrañarnos que se abra una vía muy próspera tras La Cabra Mecánica como bien demuestra “Modo avión” (Warner, 14). La nueva aventura que el Lichis estará presentando, a partir de esta misma semana, por buena parte de nuestra geografía.


Todo álbum tiene un punto de partida mucho antes de que el músico entre a grabar en el estudio. Me gustaría saber ¿dónde y cuando se produce el punto de partida de este “Modo avión”?

El disco comienza poco antes de la gira de despedida de La Cabra teloneando a Fito (2010). Para entonces ya tenía los bocetos de “Salir a asustar”, “Casi rock and roll” y “Horas de vuelo”. Llevaba unos años trabajando con Lluis Cots en mi estudio en Terrassa en varias producciones centrado en el rock y el blues y tirando pacientemente del hilo suelto del disco “Hotel Lichis” y de las canciones más pop y rock de La Cabra.

Imagino que tras ese punto de partida inicial, luego vendría el sueño cumplido de grabar en las mejores condiciones posibles. ¿Cómo y cuando surge la posibilidad de grabar en Nueva York con esa nómina de artistas que francamente quita el hipo a cualquiera?

Todo surgió tras hablar con Ricky Faulkner quien iba a ser el productor del disco, conocía su trabajo , sobre todo el disco de Prats que se grabó en mi estudio. Durante nuestra conversación y dado el carácter claramente americano del disco , barajamos la idea de mezclar en EEUU y por proximidad, hacerlo con Joe Blaney, Ricky tenía algunos compromisos y no nos cuadraban las fechas, hablando con Joe sobre los músicos que me gustaban me comentó que muchos de ellos coincidían en invierno en Nueva York finalizadas sus giras para actuar en jams y con sus proyectos personales y algunos estudios estaban libres. Tras confirmarme que Ribot, Campilongo, Pete Thomas y Andy Hess podían venir, compré el billete de avión y en quince días estaba en Manhattan temblando de frío y de nervios.

Igual estoy equivocado, pero me imagino a mi mismo llegando al estudio ver a un monstruo de la talla de un Marc Ribot y no poder disimular el tembleque de la piernas. ¿Hubo algo de eso o eres de los que no se ponen nervioso por nada?
Me temblaban partes del cuerpo que ignoraba tener aunque el escenario y los protagonistas eran tan enormes, la sensación de irrealidad tan acusada y el reto de estar a la altura tan grande que enseguida me metí de lleno en la faena y tuve poco tiempo para pensar. Creo que de regreso a casa tomé conciencia de lo que había hecho.

Me gustaría saber que feedback tuviste de estos mismos músicos ante tu propuesta. Por ejemplo, ¿les explicabas de qué iban las letras de las canciones para que tuvieran más clara la sonoridad que buscabas?

El nivel de implicación de los músicos fue enorme, me sorprendió que incluso hubieran ensayado algunas de las canciones antes de mi llegada. me hicieron sentir muy cómodo y motivado. Primero daban las gracias por contar con ellos mientras mis ojos se salían de las órbitas, me decían que las maquetas les habían gustado y de hecho tomaron muchas ideas de ellas y no hubo cambios en la estructura de las canciones. Lo siguiente era preguntar por las letras para condicionar la interpretación, pero no quise dar demasiadas pistas: blues, shady ladies les decía. Las letras son bastante dramáticas, pero quería un entorno musical más amable. Es lo que amo del blues y el country, cuentan historias duras desde una melancolía triste y no desde la rabia y el despecho más común en la cultura latina. Hubo mucha química y conexión, grabábamos las bases en directo y hacíamos más de quince tomas de cada tema muy concentrados y sin cansancio

Imagino que un álbum que suena de la forma tan precisa rotunda y nítida como “Modo Avión” supone un extra de responsabilidad a la hora de trasladarlo al directo. ¿Os ha obligado a ensayar más duro por el hecho de estar a la altura de lo que suena y cómo lo hace?

El rock, en mi opinión, no admite trucos ni atajos. Se tocan esquemas sencillos en teoría, pero que requieren mucha implicación, actitud y concentración, no empiezas a sonar en directo hasta llevar un montón de ensayos y actuaciones a cuestas. Tiene su parte anárquica y de improvisación, pero el empaste lo es todo. Es difícil hoy en día garantizar una continuidad con los directos y hay que volver al local de ensayo una y otra vez, pero me encanta.

Mucha gente ha quedado muy sorprendida de ver que pudieras estar influenciado por artistas como Tom Petty, John Mellencamp, Waren Zevon, John Hiatt, JJ Cale… sin embargo, he leído que defiendes que eso ya estaba en el pasado en tu vertiente más rumbera, aunque costara más de identificar. ¿Cómo crees que va a aceptar ese público rumbero de La Cabra Mecánica el cambio de textura estilística?

Hay quien ha aceptado el cambio con entusiasmo y hay quien quiere matarme. Opino que en realidad sólo me he decantado por la vertiente más alejada de la rumba y el latineo, que eran la parte más conocida de La Cabra, y he vuelto a mis orígenes anteriores a dicho proyecto, cuando era bajista de grupos de bluegrass, country, blues, rock and roll de los cincuenta. Soy un músico educado en el rock clásico y los cantautores de los setenta al que un experimento, también sentido y sincero, llevó a cotas de cierto éxito y popularidad.

Otra cosa que es de obligada observación es si este nuevo trabajo marcará un antes y un después en tu carrera, y si a partir de ahora es el rock de ascendencia americana lo que va a regir tu estilo y tu destino.

Me encantaría progresar a un estilo más polvoriento y oxidado, adoro los últimos discos de Giant Sand y bandas de ese tipo, aunque tengo muy interiorizado el rock más cercano a Petty, Dylan y el rock americano más clásico, también la vertiente británica de Beatles, Kinks y Paul Weller. Todavía existe un abismo entre lo que me gustaría hacer y lo que finalmente me termina saliendo. En cualquier caso la vuelta atrás es ya imposible.

Otra de las novedades más allá del cambio de registro musical está en le plano de las letras que se han vuelto más personales. Hablas mucho más en primera persona y me gustaría saber si eso te ha resultado más difícil por lo que significa de exposición de uno mismo al exterior.

Me siento bastante en pelotas con este disco. Las historias están vividas y sangradas y eso es peligroso a veces. Temo convertirme en un músico que utiliza sus canciones como terapia, supongo que eso es lo que aparte del estilo acerca más el repertorio al blues.

Hace poco Lapido y Quique González unieron fuerzas en una gira conjunta dado los puentes estilísticos que los unen. ¿Te apuntarías a hacer algo así si te lo propusieran?, ¿algo parecido a los Traveling Wilburys?. ¿Al margen de los citados con quién te gustaría hacer algo parecido y porque?
La última vez que se lo propuse a Quique me mandó a la mierda y me dijo que me centrara en componer y sacar este proyecto adelante, así que de momento no insistiré más. Sería bonito siempre que surgiera de modo natural. Creo que aceptaré tan visceral consejo y seguiré adelante no descartando una oportunidad futura si llega el caso.

He citado a los Traveling Wilburys sin caer que de hecho el proyecto de La Pandilla Voladora era más o menos eso, pero desde una óptica más rumbera y canalla. ¿Qué significó para ti aquella gira y qué fue lo más gratificante de ella?

Lo de La Pandilla ha sido una experiencia divertidísima, surrealista, y guardo increíbles recuerdos de todo aquello. No volvería a repetir porque aquello resultó irrepetible. Era un Woodstock constante.

Por último me gustaría saber ¿cómo es tu relación actual con un tema como “La lista de la compra”?
La lista de la compra y yo somos buenos amigos.