Desde el día 10 de marzo, una segunda década de actividad creadora se suma al contador cronológico de Remate. Sus fieles seguidores acumulan motivos de sobra para frotarse las manos y rascarse los bolsillos. A su nuevo disco, Nelson es perfecto, se suman nueva discográfica (la creada por el propio artista), la imprescindible presentación y gira de promoción en diversos formatos y lugares, una nueva incursión en el papel – esta vez a modo de ficción novelada-, y hasta la participación en un documental de estilo road movie (y titulado Gigantes). Por todo ello, Mondosonoro pregunta al siempre imprevisible Remate.

 -El título de tu nuevo álbum me obliga a empezar con ésta: ¿Quién es Nelson?
Mi hijo de año y medio.

-Llama la atención una frase de promoción que dice algo así como “La segunda década de Remate comienza YA”. ¿Es como si quisieras marcar un punto de inflexión o es que estoy demasiado contaminado de falsa retórica política?
El punto de inflexión es, la verdad, en cada disco. Siento siempre una acción-reacción con el capítulo anterior, y el ante-anterior lo veo como pasado absoluto, y anterior a eso la Edad Media, y antes aún, los dinosaurios. Pero además ahora han pasado dos años desde mi último disco como Remate, lo saco en mi propio sello, empiezo mi segunda década y ese 10 me ha hecho reflexionar, repasar y perfeccionar muchas cosas en lo artístico y dirigir el marco en que se publica mi música… Eso, un punto de inflexión, es una manera acertada de decirlo. Siempre.

-Al contrario que él, que Nelson, tú prefieres transitar los caminos imperfectos, más difíciles. No te gustan las autopistas… ¿Qué buscas en los márgenes del mundo musical, qué te hace caer hacia dichos caminos?
No los busco en absoluto, ni siquiera creo que los transite. Aunque es cierto que el primer plano de la música es en su mayoría grotesco, hay muchos otros planos aparte de ese súper primer plano y no tienen que estar en los márgenes de nada. De hecho, son muchos más que El Primer Plano. Como las hormigas en la película Bichos.

-Yo me refiero a que, al igual que Caperucita, abandonas el camino despejado para adentrarte en el bosque… ¿A qué otros planos te refieres tú?
Me refiero a que hablamos de underground y de márgenes y de experimental y términos así “extremos” con mucha ligereza.  Está el “primer plano” de la música, ése que es popular hasta y sobre todo para los que no escuchan música. Y luego está todo lo demás, muchos estratos. Y yo estoy tan lejos de los “auténticos” como del Play Back. Me parece tan deprimente la radiofórmula como los naturalistas.

-La virtud aristotélica, a medio camino entre dos extremos malos…
No sé. I wish.

-Yo creo que desde ese lado outsider, desde aquellos amores con erratas de Superluv (2011), has ido evolucionando hacia cierta mesura, claridad, orden…, armonía. En tus canciones cada vez hay mayor equilibrio entre las letras y la música, la palabra y la melodía. ¿En qué medida afecta el trabajo en equipo, con la banda, para lograr dicho equilibrio?
En la composición estoy solo y nada ni nadie me interfiere. Y en la grabación, en esta concretamente, compartí todo el material previamente con Carlos Toronado, el productor del disco, y ahí sí afinamos cosas y simplificamos, limamos, reconvertimos algunos pasajes algo menos directos en mucho más directos, limpios, transparentes. Yo tenía la obsesión de que en este disco todo sucediera prístinamente, con una cierta apariencia de quietud, de casi silencio, de fotografía aunque sea una película. De cierta naturaleza. Aunque es una naturaleza inventada, y esa apariencia de “no pasa nada” es engañosa. Al final, si las cosas las hemos hecho bien y con buena suerte, la intención se convierte en un hecho y las canciones suceden como si “no pasase nada”. Esa es mi meta.

-Ya no encuentro referencias facilonas para asociar la música de Remate. Antes se te podía asociar a los weird folks, a Daniel Johnston y compañía… Tengo que irme a Chile, a gente como Diego Lorenzini, para buscarte compañeros de viaje. Aunque él sigue en estado lo-fi. Ahora, Remate suena a Remate. ¿Has llegado a encontrar ya tu estilo propio?
Desde Superluv (2011), y gracias a todos y todo lo anterior y a sus aciertos-errores-aciertos-errores-aciertos, sé cual es mi camino, abrí un claro en el bosque donde sólo había musgo -que no es poco-, pero estoy al principio del atajo aún.

-El disco parece el más embriagador de todos los que has hecho. ¿Quién lo produce esta vez? Háblanos del proceso de creación de estos siete temas.
Alguna respuesta anterior habla de esto. Además: son siete conversaciones, monólogos, con Nelson. Hablo de la vida y la muerte, y lo del medio. De las expectativas. De lo que dice la gente, de lo que te puedes encontrar…, ante todo el disco es una brújula para desorientarse, esa es la clave.

-Volviendo a aquel equilibrio de una pregunta anterior, ¿dejas a la música el papel onírico, alucinado, y empleas las letras como anclajes a la realidad? No sabía que este disco giraba en torno a tu hijo, pero sentí estas canciones como nanas siderales…
Muchas gracias. Yo lo veo todo alejado del realismo puro y eso a veces puede ser revelador.

-¿En qué lugar situarías tu música, la música que hacéis los creadores realmente independientes, dentro del panorama social y cultural de nuestros tiempos?
Es mucho más sencillo de lo que planteas y de lo que puede parecer a veces: se trata de hacer canciones que tiendan a infinito, primero; pero casi daría igual si se trata de una película, de un libro o de un cuadro: represento lo que percibo en la realidad, incluidas a su vez todas las representaciones de la realidad de otros: matrioskismo puro, con elipsis subjetivas, memoria selectiva y los colores que me apetece.

-Dime la verdad. ¿Qué te pasa con las discográficas?
No me pasa nada con las discográficas, me gustan mucho, sobre todo la mía.

-Háblanos de tu flamante Relámpago, tu sello. ¿Qué planes tienes con él?Lo flamante esperamos que sea lo que publiquemos, empezando por este disco. Nos importa el contenido, y su empaquetado también, pero no celebraremos cenas de empresa.

-En breve también aparecerán textos tuyos en formato libro. ¿Nos avanzas algo?
Avanzo que sí, se trata de un libro, ese artefacto. Y es ficción. Más allá de eso, nada me permiten decir. Soy un esclavo de la editorial.

-Tu gusto por los Beatles te ha llevado a participar en un documental, Gigantes, de Javier Arinero ¿Qué puedes contar de ello?
Me encantan los Beatles, y Los Carpenters. Pero no va por ahí el documental. Hace un par de años tenía un concierto en el Festival de Cine de Huesca y me pidieron si me podía recibir un fan especial, un niño. Y si podían grabarlo. Y así fue, y ahora tienen la peli lista.

-¿Planeas algún tipo de concierto especial, lugares como el Museo Cerralbo? ¿Cómo sería la gira perfecta de Nelson?
Daré conciertos solo y conciertos con banda. Lo especial lo llevaremos nosotros, si el marco es alucinante, mejor. Pero si no, es nuestra labor que lo parezca.