NO ES UN ESPEJISMO, NO: THE UNFINISHED SYMPATHY HAN DADO FORMA A UNO DE LOS DEBUTS NACIONALES DEL PRESENTE EJERCICIO A BASE DE CITAR CON ACIERTO, PERO SIN SONROJO, A LOS GRANDES REFERENTES DEL ROCK SUBTERRÁNEO ESTADOUNIDENSE. EL SUYO ES UN DISCO HOMÓNIMO E IMPERFECTO, PERO ABSOLUTAMENTE PROMETEDOR. ESCUCHARLO CON CARIÑO ES EMPEZAR A HACERLES JUSTICIA.

Tras escuchar “The Unfinished Sympathy”, el disco, servidor prevé un rastreo largo y serpenteante por los recovecos del ignoto underground barcelonés, pero el pasado del cuarteto (Pablo, Guillem, Oriol, nuestro Éric Fuentes) parece poder resumirse en unas líneas. Pocas, si nos atenemos a la insultante seguridad con que las canciones del grupo sortean los envites del boquiabierto láser. (Pablo) “Nos unimos a principios de 2000 con ganas de tocar y divertirnos y, tras unos meses de ensayo, decidimos grabar una maqueta que fue directamente a las manos de B-Core”. Y ese divertimento, en realidad, escondía algunas horas de vuelo por los locales de ensayo de la Ciudad Condal e incluso algunas escaramuzas de juventud sin poso core. Nada de arrepentimientos, aunque uno intuye que el presente les es más grato que el pasado, por muy cercano que éste pueda estar. (Éric) “La cuestión es que no debería contemplarse como un cambio de orientación musical. Yo hacía determinadas cosas como músico igual que lo hacía Pablo con su banda y Oriol y Guillem con las suyas. Los cuatro confluimos en un mismo punto, y además con inquietudes diferentes: para unos se trataba de hacer algo original, para otros algo más ortodoxo… el caso es que nos encontramos haciendo unas canciones que nos acabaron gustando a todos. Así que el hecho de que yo me dedicara una temporada a hacer de cantautor no tiene nada que ver con este grupo, puesto que son dos mundos completamente separados. No es cuestión de continuidad, sino de complementariedad”.

“Lo que sí hay de autobiográfico en las letras es el estado anímico que desprenden”

Pero, tras sucesivas escuchas, es de bien nacidos desear continuidad en esta nueva y complementaria aventura. Principalmente porque The Unfinished Sympathy -el grupo, esta vez- resulta ser una de las principales apuestas de futuro para el rock de nuestro país. Analizando su presente nos topamos con algunos peros (esa inevitable tendencia a mimetizar lo escuchado, lo enaltecido, lo idolatrado: el indie-rock estadounidense planea por cada surco del disco. De su primer y envidiable disco), aunque no resulta difícil vadearlos. Uno cita evidencias, que no son sino debilidades (Samiam, The Get Up Kids, Jawbreaker); pero ellos no beligeran. Conocen bien el suelo que pisan. (Éric) “Hombre… conozco bien las discografías completas de estas tres bandas y no sé que decirte… No creo que sonemos como ellos; creo que tenemos más que ver con unos Joshua menos oscuros o con unos Errortype:Eleven con una aproximación vocal no tan de tonalidades mayores. La verdad es que no nos preocupa demasiado, sinceramente; quizás a partir de ahora un poco más, porque escuchando tu propio disco te das más cuenta de quién eres y de quién quieres ser, pero desde un principio no nos hemos obsesionado nunca por ser diferentes al resto del mundo”. Puede que esa sea una de las claves: que muchos artistas conciben sus canciones, sus discos, como vía complementaria de conocimiento y aprendizaje. Y es la existencia de esas canciones las que proporciona posteriormente ese conocimiento. La nitidez del imaginario que proponen los textos de Éric -trufados de alusiones al mar y sus vaivenes: La Muerte en buena parte de la tradición literaria cristiana- puede llevarnos a engaño. Su narrativa, anglófila, concisa, elegante y conceptual, nos tienta enseguida a trastocar el indefinido por el sustantivo con nombre y apellidos. Pero las cosas no van por ahí. (Éric) “En absoluto, ya que son puro ejercicio de imaginación. Ninguna de las relaciones de pareja que retratan las letras ha ocurrido o tiene algo que ver con la realidad. Me gusta inventarme historias de amores y desamores y jugar a recrearlas en la letra de una canción (…). Lo que sí hay de autobiográfico en las letras es el estado anímico que desprenden, y que tienen mucho que ver con el mío en el momento de escribirlas”. Y, digo yo, también con el momento que vive una escena, la del post-hardcore nacional, tan emergente que amenaza con trascender de veras. Aunque hay lugar para los lugares comunes. Los estudios Mr. Pri y su comandante en jefe, Xavi Navarro, pueden ser algunos de ellos: (Pablo) “Al ser nuestra primera grabación en estudio pienso que fue bueno dejarse aconsejar. B-Core nos recomendó a Xavi y acertó. Nos hemos entendido perfectamente tanto en el trabajo como en lo personal. El nos ha respetado mucho y todas sus ideas han sido bien recibidas y así reflejadas en el disco. He oído otros trabajos de Xavi y no me suenan igual, ahí está su calidad: sacarle jugo propio a todos los grupos”; la imaginería elegante y, en ocasiones, algo redicha de la escuela emo yanqui, otro más: (Éric) “Yo no lo veo tanto como escuela emo; tiene mucho que ver con las portadas de Jade Tree, que las hace Jason Gnewikow de The Promise Ring. Una portada típica emo es, para mí, una en que sale una foto de algún vehículo viejo o de un paisaje vespertino…”. Objeciones, en cualquier caso, que menguan sin remedio ante la escucha de un disco tan esperanzador y válido en sí mismo como éste. ¿Simpatía ilimitada?… ¡pues cómo no!