Esta maldita desconfianza de las discográficas que no te permite escuchar el disco nuevo hasta el último momento aunque tengas que hacer la entrevista. Y el avión que llega a Londres. Y Nick Cave que no ha inventado nada con “Nocturama” (Mute/Everlasting, 03). ¿Qué habrá de nuevo en los discos de Dylan, Cohen o Waits en los últimos años? ¿Importa algo?

Hace un frío terrible en Londres, de los fríos que cansan. Cave canta sólo para mí. Londres es la ciudad más solitaria del mundo para el recién llegado. Cave parece más enamorado que otras veces, como un diablo enamorado, con toda su oscura seguridad. El taxi me lleva a un barrio en el que el lujo es un retrato de un sueño. Y dentro de un rato entraré en un hotel y diré Nick, qué tal, como si no hubiera marcado mi vida y la tuya. Pero el taxista indio no sabe muy bien dónde va y me deja en la entrada del callejón de los milagros, donde las mujeres nunca envejecen y los hombres son inteligentes. ¿Qué hay de nuevo en “Nocturama”? No puede ser el amor de la tarántula-Cave. Es la electricidad recuperada. O los Bad Seeds. Y que el hijo de Cave ya ha crecido, y la fiera ya no está tan tierna.

“Yo quiero crear y quiero hacerlo todo el tiempo. No quiero estar sentado con el dedo en el culo esperando la inspiración”

Desde un café como de película parisina de los cincuenta me mira una chica debajo de su boina de amor tierno y desde sus ojos de mar profundo. Me he perdido. Pero no importa, en treinta minutos encontraré a Nick Cave encerrado en un hotel de cuento imaginario de James Ivory. Cave está casi escondido entre grandes libros de fotos de arquitectura. Nick, imagen. Y el pelo teñido de mucho negro ocultando los claros. Pero vaya disco te ha salido, con el violín de Warren Ellis de protagonista y los Blockheads de Ian Dury sumados a “The Good Son” (90), y “The Boatman´s Call” (1997), y “Let Love In” (1994), y hasta su poquito de “Tender Prey” (1988), pero agitado con experiencia. ¿Me tiro a tus pies o te entrevisto? El frío atroz se ha quedado fuera. La niña de Mute dice que me lleva llamando al móvil media hora para decirme que adelantamos la entrevista.

Hastío y frustración

Cave dice que después de cada disco atraviesa un periodo de hastío: “Después de ´No More Shall We Part”(2001) pasamos mucho tiempo de gira y muchas de aquellas canciones se transformaron en algo vivo, y alcanzaron su potencial completo. Pero quería hacer algo más, y me senté a escribir ´Nocturama´, y ahí comenzó ese periodo de no-puedo-hacer-nada, que esta vez duró demasiado, tres o cuatro semanas. Por lo que tuve que buscar ayuda en un amigo de Ginebra que siempre me echa una mano entre los discos. Era demasiado, porque iba a la oficina y le decía a todo el mundo que era el final. Pero ya no puedo recordar más”. No importa. A“Me lo pasé fenomenal escribiendo las nuevas canciones y ahora mismo estoy muy en contacto con ese sentimiento, porque he publicado un disco cuando ya tengo otro nuevo escrito. La idea de no parar necesariamente después de ´Nocturama´ para hacer promoción e ir de gira está bien. Lo que quiero es trabajar constantemente durante tres años… para contener ese sentimiento de frustración o de falta de fuerza”. Silencio. “Siempre que termine una canción, me esperará la hoja en blanco, por eso no voy a parar”. “Nocturama” se ha grabado aún más rápido que “No More Shall We Part”: “Y para ello me inspiro todo el rato en el Dylan de ´John Wesley Harding´, que grabó y mezcló el disco en dos horas. Eso me parece excitante”. ¿Cómo explicamos la transición de estos dos discos, entonces? “Cuando estoy en el estudio escribiendo una canción, siempre tengo la sensación de que es lo mejor que he hecho nunca. Es un mecanismo de seguridad de los artistas, porque si no, no vas a tener la confianza suficiente para conseguirlo. Pero tan pronto se termina la mezcla, me desprendo de ella, y ni siquiera la escucho, porque entonces se transforma en un disco, y ya no es mi jodida obra maestra”.

Sufrimiento y matemáticas

Nick Cave tiene una buena colección de obras maestras desde su primer álbum de 1984, e incluso desde antes con The Birthday Party. Por lo menos hasta que llegó su cura de desintoxicación a finales de los ochenta. Desde entonces hay un gran número de admiradores de Cave que no le perdonan que haya dejado de sufrir. Pero es que han pasado ya doce años desde “The Good Son”, y tal vez sería momento de verlo de otra manera: “¿Qué coño es el sufrimiento? Es el lujo de la gente que no hace nada, es el lujo del ídolo, para la gente que no tiene nada mejor que hacer que sentarse a sufrir. Yo me levanto a las ocho todas las mañanas, me meto en la oficina, y trabajo todo el día, y no me preocupa que me sienta como una mierda o que me dé cuenta de que estoy en el sitio más maravilloso del mundo. Disocio esas cosas de mi trabajo. No voy al estudio a echar fuera mi sufrimiento o mi alegría. Voy porque es algo fundamental en mi vida. Si no trabajo, tengo la increíble certeza de que soy mediocre de cara al mundo. Voy a sobrevivir, pero no para sentarme y sufrir”. Pero hay gente a la que le parece cínico saber que vayas a la oficina de nueve a cinco para crearles discos llenos de sensaciones. “Hago lo que es necesario. Si piensan que es mejor tirarse en una habitación con una jodida aguja y esperar durante tres meses para escribir un verso genial y decir que eso es el arte y el sufrimiento verdaderos, deja que lo piensen y que les den por el culo. Yo quiero crear y quiero hacerlo todo el tiempo. No quiero estar sentado con el dedo en el culo esperando la inspiración. Tal vez piensen que no es sincero, pero sólo la gente que no es artista puede decir eso. Todo artista sabe que si quiere crear y vivir de ello, hay que hacerlo así”. Sí, pero las matemáticas parecen contrarias al romanticismo. “Pues mi mente es completamente matemática y tengo una fórmula para componer y para contar historias”.

De la piel para dentro…

La que no puede ser matemática es la sensación casi obscena de desnudarse delante del público. “Ahí descubro otras cosas. Mira, me encanta mi manera de escribir letras y me implico mucho. Son lo suficientemente interesantes como para revelarme cosas misteriosas cuando las canto en un escenario, y muchas veces ocurre, pero no son una obscenidad ni una terapia, sino que trato de que la gente llore y ría”. Y la gente llora y ríe, aunque las historias retraten un mundo personal en el que lo que hay fuera de la ventana cada vez está más lejos. “Sí porque no quiero unirme a nada en absoluto, porque lo que espero del mundo es algo verdadero y auténtico, y no lo encuentro ni en un nivel político, ni público, porque está intrínsecamente corrupto. Lo que trato es de tener un lugar al que ir y en el que crear un mundo alternativo”. Por no decir torre de marfil, ¿imaginación o fantasía? “Las dos cosas. Es muy difícil en estos momentos no escribir sobre lo que está ocurriendo. Están pasando cosas aterradoras, y siempre trato de mostrar mis sentimientos sobre ello, pero no quiero que este mundo se introduzca en este sitio que es sagrado para mí. Todo lo que necesito es una habitación y cerrar la puerta y encontrarme”. Silencio. Miro por la ventana. “No, calla, no necesito estar en el campo, ni que haya pájaros cantando, ni mirar la puesta de sol”. Silencio, le miro a los ojos. Sonríe. “Me distraería”. Bueno, puede que además haya muchas diferencias entre el Cave que está trabajando en su oficina, y el que está contando las horas para volver con su familia. “No entiendo”.

Vuelta al ruido

Una de las cosas que sorprende a la gente de tu disco según lo escuchan,
es que hayas vuelto a grabar canciones muy ruidosas que no estaban en
los últimos discos. “Reuní un puñado de canciones y no sabia cómo
iban a ser, pero lo que tenía claro es que cada vez estaba dejando menos
espacio a los Bad Seeds para moverse, y son una gran banda, así que eso
no debería pasar. Únicamente junté las estructuras de acordes de las
canciones, se las di y no las volví a mirar. Incluso el concepto estaba
mucho menos pensado que normalmente”
. Pues sorprende que termine el
disco con “Baby I´m On Fire”, una orgía canalla de quince minutos. “Era
una canción de calentamiento que solíamos tocar en el estudio donde
tocaba todo el mundo. Está escrita fuera de la oficina y le empezamos a
añadir elementos, pero teníamos que parar de alguna manera, porque en
cualquier momento, como ahora, puedo estar pensando en otra estrofa de
la canción y podría estar así toda la vida”
. Tal vez me mira
esperando a que le pregunte cómo sería esa nueva estrofa, pero me da
miedo. A lo mejor era verdad que Cave estaba inventando otra historia
viendo mis torpezas. Mejor no preguntar.

Dame un poquito más

Se asoma la niña de Mute. “La entrevista se ha acabado”. Nick le
dice que no, que necesita más tiempo para estar conmigo. Yo no me doy
cuenta, si no me habría desmoronado. O quizás no. Mejor buscar una
última pregunta curiosa, llamativa, tonta… Me gustaría que explicaras
al público español cómo puede transformarse la roca de Gibraltar (“Rock
Of Gibraltar”) en una figura lírica, más que nada porque seguramente
nosotros la vemos desde un punto de vista diferente. “No me había
dado cuenta. No tengo ningún punto de vista sobre el problema. Es una
canción de amor que tiene esta gran roca en medio. Había leído hace poco
en la prensa que había un problema y que la gran mayoría de la
población se sentía traicionada de alguna manera, por lo que me parecía
un buen enlace porque la roca de Gibraltar no es tan sólida como
pensábamos, porque además es completamente hueca. ¿No habré ofendido a
los españoles?”
. No, en absoluto. Fuera caía aguanieve y el móvil
funcionaba perfectamente.