Sorkun ha abordado un debút en el que se abrazan el stoner, la electrónica y el pop sin complejo alguno. Con los ojos puestos en la actitud de bandas como Björk, Turbonegro, Atari Teenage Riot o Queens Of The Stone Age, la guipuzcoana ha firmado un disco visceral, cargado de poesía y desgarro. “Onna” (Metak, 03) es el principio de algo grande.

La voz de Sorkun se ha paseado por distintos proyectos a lo largo de estos últimos siete años. Si bien su grupo de toda la vida ha sido Kashbad, también ha contribuido con sus portentosas cuerdas vocales en discos de Fermín Muguruza, Joxe Ripiau, Flitter o Ekon. Su proyecto en solitario lleva el título de “Onna”. “Significa mujer en japonés y da la casualidad de que es ‘bueno’ o ‘buena’ en euskera. El nombre surgió en Japón cuando estuve de gira con Fermín Muguruza. En las habitaciones de los hoteles las mujeres estábamos separadas de los hombres por una cuestión cultural. Allí tuvimos mucha relación entre nosotras comentando los idiomas y cómo se escribían los nombres en japonés y en euskera. Onna me encantó como símbolo”. El inicio de este nuevo periplo tiene bastante que ver con las inquietudes artísticas de esta vasca, que reparte su vida a caballo entre San Sebastián y Vitoria.

“Onna significa mujer en japonés y da la casualidad de que es ‘bueno’ o ‘buena’ en euskera “

“Empecé a escribir en euskera, cosa que nunca había hecho. Lo hice sin intención de que fueran canciones. Para la composición primero elegí gente con la que quería trabajar desde hace mucho tiempo como el guitarrista de Dut: Xabi Strubell, Kashbad o Beñat, que es un músico de Gasteiz que tiene su grupo. También hay colaboraciones de Fermín Muguruza, Lander Garra o Eugenio Muñoz. Home, el batería, toca en Sharon Stoner. Kanda, guitarra, y Atxus, bajista, son de Neubat. Iker, el que lleva las máquinas, es de Atomoog, un grupo de hip-hop y electrónica”. El stand-by de Kashbad llega con la búsqueda de nuevos aires creativos. “Llevábamos cinco o seis años con una disciplina bastante seria. Poco a poco me apetecía hacer otras cosas. Me salió la gira de Fermín Muguruza y decidimos decirnos un hasta luego. Eso sí, mantenemos el local y la relación”. Aún así hay cierta continuidad y un claro influjo de su grupo nodriza. “Es donde he mamado el rock y donde elegí la música que quería hacer. Lo que pasa que en este disco he escrito y he compuesto con gente muy diferente. Además hemos introducido la electrónica que con Kashbad nunca llegamos a usar. Aunque teníamos ganas, costaba mucho hacerlo”. Las comparaciones siempre han acompañado a Sorkun a lo largo de su andadura. “Al principio con Kashbad era con Jingo de Lunch. Después con The Breeders. Ahora me han dicho lo de Björk, que lo he oído mucho. También me ha pasado con Patti Smith. Sobre todo por ‘66’, una canción que hago en inglés”. Sus letras destilan poesía, como las de sus paisanos Zea Mays. “He escrito desde un punto de vista muy personal. Hay muchas letras que tratan sobre la mujer o personajes que son mujeres. ‘Lurra’ (Tierra) habla de una comparación entre la mujer y la tierra: Euskalherria, que es una tierra muy húmeda, con mucho monte y mar. Es la madre tierra”.