Han pasado siete años desde el anterior movimiento discográfico de Los Planetas, pero ahí siguen los andaluces. “Zona temporalmente autónoma” (El Ejército Rojo/El Volcán, 17) nos devuelve a una de las grandes leyendas del pop de guitarras nacional.

Opina Juan Rodríguez que Enrique Morente murió en el mejor momento de su carrera. En el ya lejano 2010, J preparaba una serie de experimentos con el cantaor y Juan Habichuela Nieto, incluida una versión de “Un hombre solo”, de Décima Víctima, que quedó a medio maquetar. Por entonces, el álbum “Una ópera egipcia” sugirió la culminación de la trayectoria de Los Planetas. La banda andaluza abrió el tarro de las esencias del flamenco antiguo en “La leyenda del espacio”, trabajo tildado de revolucionario, hace una década. Una vuelta a las raíces en plena globalización. Pero la muerte de El Ronco provoca un volantazo; Los Planetas se ven aparcados –o transformados– para reivindicar la herencia morentina a través de Los Evangelistas, colectivo que delinea, con Antonio Arias, el nacimiento artístico de Soleá Morente.

“Con esto demostramos que el rock’n’roll es un palo flamenco. Y lo hacemos sin que la gente lo note”.

J anda reformando una casa que se ha comprado en el Albaicín. Aunque ahora es padre, no pierde el hilo de los saraos. Llega satisfecho del doblete de Niño de Elche y Rosalía con Raül Refree en la capital nazarí. Quedamos junto al bar del batería de Los Planetas. Eric Jiménez, por cierto, ha protagonizado varios amagos de salida en los últimos tiempos. “Siempre está así. Atiende muchos proyectos. A veces ensayamos con cajas de ritmos”, explica el califa indie, contento por el Nobel a Bob Dylan. “Implica reconocer que el rock es cultura, tío”, advierte. “Zona temporalmente autónoma” es el noveno disco de los granadinos. Supone, además, el regreso de la marca tras siete años, al margen del epé “Dobles fatigas” en 2015. El elepé doble, que se publicará el 24 de marzo vía El Ejército Rojo –el sello de J– y El Volcán –la oficina de su manager de toda la vida, Javier Liñán–, incide en una teoría palmaria a lo largo de sesenta y cinco minutos y catorce canciones: el pop deriva del flamenco. “La guitarra española se inventa en Andalucía. A partir de ahí, la música popular experimenta un cambio drástico”, reflexiona el líder de Los Planetas. “El músico ya puede acompañar sus canciones por sí solo. El rock’n’roll mantiene la afinación que se estableció aquí para el flamenco. Andalucía resultó una importante influencia en el mundo tras el descubrimiento de América. La guitarra se expande por todos los territorios, viaja al norte de Europa. El folk irlandés influye luego en el folk americano. Y de ahí al rock’n’roll. Pero es siempre la misma guitarra, afinada de la misma forma”.
El primer cantaor del que existen referencias documentales se apodaba ‘El Planeta’. En las ilustraciones figura de pie con la guitarra en la mano. Espíritu olímpico, el single anticipado –el tema se avanzó en los conciertos de 2015–, recobra el pellizco del pop planetero con esas guitarras jangle de Florent, en una onda muy “Just Like Heaven” de The Cure, y el rescate en la letra de unos tangos clásicos de Granada. “Con esto demostramos que el rock’n’roll es un palo flamenco. Y lo hacemos sin que la gente lo note. El público cree que es pop normal, pero son canciones que están en la cultura andaluza desde siglos atrás. Lo único que variamos es la armonía. La diferencia entre el flamenco y las músicas populares europeas está en un acorde”. Según J, la remesa actual se digerirá mejor que “La leyenda del espacio”. “Aquel disco fue puro descubrimiento. Nos metimos en el sentimiento más jondo y oscuro. Aquellas emociones eran demasiado profundas. Eso no es popular en este periodo. Y la gente no tiene tiempo para investigar. Este álbum es más asequible. Se entenderá mejor”.

El primer vinilo de “Zona temporalmente autónoma” habla de la dificultad del amor en el capitalismo. “La idea posesiva del amor es una imposición del sistema”, comenta. El segundo plantea alternativas afectivas en otra organización económica. En su apertura, “Gitana”, J –como les sucedió antes a The Beatles, David Bowie o Genesis P. Orridge– se inspira en el poema de Aleister Crowley, el alpinista y ocultista británico, amén de poeta decadente, pornógrafo y pionero en el consumo de drogas alteradoras de la conciencia. “Crowley es uno de los mayores poetas de la historia. Escribe ‘Gitana’ cuando viene a Granada a principios del siglo XX. Conoce a una chica y eso marca un punto de inflexión en su visión mística y esotérica. De nuevo, lo de fuera conecta con nuestra cultura”, razona J. En el cierre, “Guitarra roja” –más cerca del cantor libertario argentino Martín Castro que de la máquina de matar fascistas de Woody Guthrie–, brota el anhelo anarquista. J piensa que Los Planetas son una suerte de comando anticapitalista infiltrado en el seno del mercado discográfico para subvertir sus reglas. “El capitalismo está acabado. Lo hemos hundido con los ocho discos anteriores de Los Planetas. El modelo capitalista está dando sus últimos coletazos con Trump, Le Pen y Mariano Rajoy, ejemplos de cómo el sistema intenta mantenerse a la desesperada. Es como la caída del Imperio Romano: Donald Trump es el Nerón de nuestro tiempo. Es el que va a incendiar Roma”.

Conviene aclarar lo del título, extraído del ensayo de Hakim Bey. “El indie fue la única cultura de resistencia en los noventa. Es un movimiento que se organiza fuera del circuito establecido por las multinacionales. Por supuesto, es como una ‘zona temporalmente autónoma’: en cuanto el poder detecta su existencia, la absorbe. Ocurrió en Inglaterra con los sellos Rough Trade, Factory o Creation. Lo curioso es que España haya sido el único país del mundo en el que el indie se ha consolidado. En el resto de los países la escena alternativa sigue siendo marginal, mientras que aquí ha ocupado el espacio del mainstream”.
El gen anarquista de los gitanos que desafían la ley surge en “Libertad para el solitario”, otra pieza pop muy de Florent, donde J recupera un fandango habitual de Morente con guiño a Agujetas. “Esa zona temporalmente autónoma de la cerrada comunidad gitana es la que ha permitido la transmisión del flamenco, a pesar de la persecución del pueblo gitano”. ¿Y el trap? “Es contracultura y está vivo. El hip hop es rock’n’roll. Pero el rock tiene que evolucionar con el cambio tecnológico, que es como nació de la mano del vinilo, la guitarra eléctrica y el amplificador. De lo contrario, se convertirá en una música muerta, como el jazz”.