Sidonie continúan con su gira de presentación de “Sierra y Canadá”, así que aprovechamos un momento de parón en su gira para preguntarle a su principal compositor Marc Ros por los seis discos que más le han marcado en su vida.

Kaleidoscope “Tangerine Dream” (1967)

Compite con “Rubber Soul” (1965) de The Beatles y “Pet Sounds” (1966) de The Beach Boys por ser el disco que más veces me ha hecho llorar. Los fallos en la producción y los errores de ejecución no empañan la infinita belleza de las melodías de este disco que recomiendo a todos los gourmets del pop. Las letras de Peter Daltrey están al nivel del imaginario poético de un Lennon o de un Barrett. Imprescindible.

David Bowie “Diamond Dogs” (1974)

Siempre me bloqueo cuando me preguntan cuál es mi disco favorito de Bowie y en esta sección podría incluir otros y no necesariamente de la primera mitad de los setenta, su época dorada. No tengo criterio cuando hablo de él, disfruto de lo excelso y de lo mediocre. Ahora me apetece citar “Diamond Dogs” por que su voz está en su mejor momento, por tener unas letras deslumbrantes deudoras de la obra de Burroughs, Gysin, Orwell y la cocaína, porque tiene un hit como “Rebel Rebel” y porque el diseño de Guy Peellaert es magnífico.


The Divine Comedy “Casanova
” (1996)

Es un clásico de los noventa que muchos cronistas olvidan cuando hablan del brit pop ¿será porque es un disco que no lo debe nada a The Stone Roses (a diferencia de todos los grupos de su generación) y todo a Scott Walker? ¿Porque habla de la decadencia de fin de siglo, del dandismo y de la película “Alfie” (1966) en lugar de describir el hedonismo de la clase trabajadora durante el gobierno de John Major? A mí me gusta justamente por eso, por ser una rareza atemporal y por estar interpretado con una elegancia asombrosa, especialmente cuando hablamos de la voz de Neil Hannon que sigue siendo mi cantante vivo favorito.

The Beach Boys “The Smile Sessions” (2011)

La felicidad completa. Gracias Capitol Records por haber sacado este artefacto de seis horas maravillosas. ¡Ha valido la pena esperar cuarenta y cuatro años! De todas maneras es lo mínimo que podíais hacer después de compincharos con Mike Love y torturar a nuestro querido Brian Wilson convenciéndolo de que era un disco demasiado extraño. Esto es la Capilla Sixtina del pop, fragmentos de cielo encerrados en “sinfonías de bolsillo” que no me canso de escuchar. Lo mejor que un ser humano le puede dar a otro. Gracias Brian.


Queen “A Night At The Opera”
(1975)

Queen es el primer grupo del que fui fan. Yo era un adolescente cuando este disco cayó en mis manos y pensaba que no había nada más sublime en el universo. Aun lo pienso cuando pongo mi vinilo firmando por Brian May y Roger Taylor. Sí, hay otras cosas sublimes, el trasero de Agnetha de ABBA, un atardecer en Cadaqués… ¿Pero esto? Las harmonías vocales, el contraste entre las diferentes composiciones de los cuatro componentes, la voz de Freddie en “Love Of My Life”, los “galileos”, la guitarra de Brian que aquí sonaba a Hendrix y allí a sección de de vientos de una jazz band de los veinte… Exceso, desmesura, ballet y la filosofía del “more is more” como también pregonaba Jeff Lynne en los discos de la ELO. Sublime.

The Human League “Dare!” (1981)

Hace dos años me obsesioné de tal manera con este disco que no puedo asegurar que lo haya disfrutado. No lo ponía para que me proporcionara placer, al contrario, me pasaba toda la escucha anotando cosas nerviosamente que después aplicaba a mis canciones con sentimiento de culpa. He aprendido tantas cosas de este disco como del primero de The Velvet Underground, “Forever Changes” de Love o “Piper At The Gates Of Dawn” de Syd’s Pink Floyd. Como nuestro disco ya está en la calle voy a ver si me puedo relajar, admitir el pillaje y disfrutarlo.