“En la espiral” (Universal, 17) es el sexto disco de los andaluces Lori Meyers, además de un resumen de lo que han sido hasta el momento. Y aquí les tenemos para explicarnos qué han estado haciendo durante los últimos cinco años.

El piso de Alejandro Méndez, en el centro de Granada, es un fortín de guitarras, teclados, libros y cacharrería analógica. En el salón beben cerveza Noni y Alfredo, los otros fundadores activos de Lori Meyers. La banda de Loja cumplirá veinte años en 2018. Empezaron jóvenes y ahora se consideran “viejóvenes”. Suena el jazz afrocaribeño de Art Blakey mientras España tirita de frío siberiano. “Mantenemos la esencia de los sesenta, que está en las armonías, las voces y las melodías”, apunta Alejandro ante la previsible avalancha de comentarios sobre la fiebre de sintetizadores del grupo. En la espiral, el sexto álbum de su carrera, condensa lo progresivo y la adrenalina pop a lo largo de trece canciones. Un disco extenso, sí, pero es que Lori Meyers nunca habían tardado casi un lustro en publicar.

“Lo que pasa es que no soy buen escritor. Tengo amigos que me aconsejan bien, que me han facilitado las mejores influencias”. (Noni)

Han creado un coloso. Los granadinos reconocen que llegaron al punto de pedir cita para verse. Ahora preparan una gira en la que viajan con un equipo de veinte personas. Escenografía, más luces, efectos en 3D. Un concepto del espectáculo que les iguala con Nine Inch Nails. “En realidad hemos sido más productivos”, señala Alfredo, el batería. “Cada cual le saca más partido a su instrumento porque invertimos muchas horas. Pero para conseguirlo necesitamos parar un tiempo”. La experiencia con productores como Mac McCaughan, Thom Monahan, Ken Coomer o Sebastian Krys les ha dado seguridad para grabarse a sí mismos en su local de la Vega metropolitana, con el redondeo de Ricky Falkner y la mezcla de Phil Vinall –Radiohead, Pulp, Placebo, Elastica, Zoé–, que alquiló un estudio en Londres durante el Brexit para rematar el trabajo. “Esa noche por fin pude dormir”, confiesa Noni. “Los propios Arcade Fire se graban los discos. Luego disponen de un mezclador. La mezcla es importante”, reflexiona el vocalista.

Noni se ha comprado una guitarra Rickenbacker, la del rock ácido de los Byrds, pero no se ha quitado del vicio de los ‘sintes’. “Nos lo hemos tomado con calma porque hacen falta meses sólo para probar las combinaciones de sonidos, las posibilidades de texturas. Nos gusta tanto la música y somos tan apasionados de los instrumentos que siempre acabamos experimentando”. El cantante habla de la tozudez creativa de Tomás Bohórquez, el organista de Módulos. Menciona rarezas de Talk Talk y la ELO. No escurre que le ha dado por Mike Oldfield, Supertramp y Pink Floyd. Admira los teclados de Teo Cardalda y Tino Casal en los ochenta. Un tema como Organizaciones peligrosas, con ese bajo negroide tan Daft Punk, evoca a Metronomy. “No soy muy fan de Metronomy, pero leí en una entrevista que utilizan el CS-80, el teclado polifónico de Blade Runner de Vangelis”, añade Noni. “Incluso las guitarras se utilizan ya más para buscar sonidos que para sonar como guitarras, como ocurre con Tame Impala, agrega Alejandro. “Pero nosotros sonamos a grupo de rock. En directo siguen golpeando la batería, el bajo y las guitarras. Y hemos recuperado esa tercera voz en los coros que perdimos después de Hostal Pimodán”.

La perspectiva del treintañero aparece en títulos como “1981”. “No se trata de nostalgia. Siempre existe un amor que no va a volver. Y no pasa nada”. Antonio Arias, un padre espiritual para los Lori, interviene en “Vértigo I”, el atmosférico y desasosegante arranque de “En la espiral”. “Antonio tiene una varita y sabe hacer magia. Me dio la clave para conectar Vértigo I con el cierre, Vértigo II, una pieza de la que AnniAnni B Sweet, su pareja, que colabora en tres canciones– dice que hablo de la marihuana y mi madre dice que hablo de Anni”. Asegura Noni que la edad le ha aportado tiempo para leer y complementarse como artista. “Lo que pasa es que no soy buen escritor. Tengo amigos que me aconsejan bien, que me han facilitado las mejores influencias. Me atormenta fallar al expresarme. Estas letras son más meditativas”. Lori Meyers también reeditan su discografía en vinilo. “Ha sido una de nuestras exigencias para firmar con Universal. Eso demuestra las ganas que teníamos. Era imperdonable que un álbum como “Viaje de estudios” no estuviera disponible en formato grande”. La portada de “En la espiral”, llamada a su vez a convertirse en icónica, es obra del alemán Pierre Schmidt, alias Drømsjel, diseñador de Weezer. “Hemos alcanzado el nivel óptimo como banda”, concluyen Lori Meyers desde su círculo vicioso.