Un año de internamiento en Jaén, un montón de cables, cante jondo y exploración en las tradiciones con latitud al sur del sur. Esos son los elementos de los que Le Parody se sirvió para componer “Hondo” (Warner Music / New Hispanik / PONK, 2015), una clase magistral de folclore y rave que vale tanto para tablaos modernos como para afters psicotrópicas.

Escapándosele el duende por los cables, Sole Parody llega (casi) puntual a nuestro encuentro en la Glorieta de Bilbao. No es un día especialmente fácil: hace sólo unas horas se ha publicado “Hondo”, uno de los mejores discos nacionales del año, y ella decidió tener apagado su teléfono. Normal: dentro de un par de horas ofrecerá un showcase en Madrid y un par de días después se irá a México a tocar sus nuevas canciones para, una vez pasado el trajín pero no el jet lag, hacer la presentación oficial en Madrid. Sole ata su bicicleta a una de las vallas de la glorieta y nos metemos en el Lizarrán a hablar cómo es eso de hacer discos apátridas, tan folclóricos como raveros, revolucionariamente post-tradicionales, tan bakalas como jondos.

Desde “Cásala (sound track)” (Autoeditado, 2012) a “Hondo” (Warner Music / New Hispanik / PONK, 2015) han pasado unos tres años. ¿Estabas buscando que algo haga un click para que haya una motivación, un concepto nuevo; o tenías claro cómo se movía el proyecto?
Lo único que tenía claro es que no fuera igual que el anterior. No por una voluntad forzada, simplemente porque me había montado un sistema de hacer canciones, que si bien es verdad que es muy personal y no hubiera pasado nada si lo hubiera repetido, pero quería hacer algo distinto. También se dio que a medida que fui tocando “Cásala” en directo fui aprendiendo un montón de cosas: empecé a experimentar más con la voz, aprendí mucho de electrónica, comencé a interesarme mucho en el tema del sampleo, y a partir de ahí empezó a fraguarse la idea de hacer un disco que fuera entero de samples. El gancho definitivo fue tras ver la película “Latcho Drom” (Tony Gatlif, 1993), que cuenta el recorrido de los gitanos que van desde la India a España a través de la música, y me abrió los ojos y un camino para samplear cosas que vayan de Marruecos e Irán hasta la tradición española, el flamenco.

“En algunas cosas los españoles somos más africanos que europeos”.

Querías hacer tu propia Reconquista… (Risas)
¡No!, da palo verlo así. Pero sí que creo que es una raíz muy importante, y me apetecía buscar en los orígenes, en la génesis de lo que hoy forma parte de nuestra tradición. Muchas veces parece como si lo que viniera al sur del sur es algo con lo que la gente no quiere relacionarse, como queriendo quitarse de África y quedarse con las conexiones europeas, y yo no lo veo así. Estuve un año en Jaén y me parece que está bastante claro que en algunas cosas, sobre todo en nuestras tradiciones más profundas, somos más africanos que europeos.

“Cásala” lo concebías como la BSO de una película imaginaria. ¿Cómo hay que concebir “Hondo”?
Creo que tiene un concepto, pero de manera más natural. “Cásala” una recopilación de canciones las cuales, al final, acabé dándome cuenta que podían contar una historia en forma de película sin imágenes. Pero en “Hondo” pensé en el disco en sí: iba haciendo las canciones en capas, todas a la vez, construyéndolas en paralelo, con una concepción muy arquitectónica, y creo que tiene mayor cohesión que “Cásala”.

Dices que has estado un año en Jaén, y al fin y al cabo “Hondo” tiene mucho de Andalucía. ¿Qué es lo que encontraste en tu tierra que creías que se te había perdido?
(Piensa un rato) Descubrí mucho más nuestra parte oriental; o lo no-occidental. Es algo que no me había parado a pensar y que estoy haciendo ahora mismo en voz alta, pero hubo un momento en el que me sentía huérfana de raíces, y que lo que se supone que es nuestro es una imitación de lo anglosajón, que nos llega de manera súper filtrada, con un filtro totalmente occidental. A mí la cultura me configura, sea con música, películas, arte; y si te llega sólo la mitad, te estás perdiendo la otra mitad: hay una mitad que no nos llega, o nos llega deformada o filtrada a través de la otra mitad, y de pronto me empecé a sentir muy identificada con cierta filosofía y maneras de vivir que no son occidentales. Y eso quizás cuando viví en Madrid, antes de irme ese año a Jaén, no lo notaba tanto o lo tenía un poco perdido porque no está tan patente como en Andalucía, que es algo que está por todas partes: hay un bien vivir que lo recogemos de los moros, directamente.

Es un disco donde todos esos folclores orientales están presentes, pero casi como una panorámica de las músicas de muchos países. ¿Buscabas hacer un disco apátrida?
Sí, totalmente. Me parece muy guay la idea de “apátrida” que traes, porque es así. No fue nada intencionado, pero sí que hay estructuras anglosajonas porque al final he mamado de ello, pero también cosas moras, españolas, latinoamericanas… Creo que es un disco que baila muchos ritmos y muchas danzas tradicionales a la vez.

¿Cómo trabajaste ese equilibrio para que sea un disco más folclórico y más electrónico a la vez?
Tenía muy claro que quería que sea más electrónico porque quería probar cuestiones más técnicas; pero también fue una época en la que estuve aprendiendo cante jondo y en la que trabajé mucho el canto experimental con Fátima Miranda, y la parte de la voz me pedía mogollón de folclore: ya no podía cantar pop. Entonces tenía ambas ideas: hacer algo folclórico pero electrónico, quitando el ukelele y casi todos los elementos acústicos. No sabía muy bien cómo iba a quedar y creo que es el principio de una música de baile con muchas vertientes folclóricas, y seguramente haya mucho más por explorar de lo que yo consigo hacer en el disco.

La etiqueta “folktrónica” parece bastante justa y resume bastante bien lo que estás haciendo. ¿Tú te identificas con esa etiqueta o pretendes mantenerte todavía fuera de escenas o círculos que compartan esa etiqueta?
Al principio sí que intentaba rehuir de etiquetas. No quería que hubiese single ni imagen que lo identifique con nada en concreto, y quizás era un poco adolescente: “no quiero que se me encasille en nada, quiero seguir estando sola” (risas). Pero con el tiempo te vas dando cuenta de la parte práctica de las cosas, y las etiquetas son peligrosas pero también sirve como elemento indicativo. Yo creo que la idea de folktrónica es bastante justa. En estos años me han puesto etiquetas muy locas: desde pop lolailo a una Grimes flamenquilla (risas).

¿Y crees que con “Hondo” se te va a meter en el saco de alguna escena con la que igual hasta ahora no habías tenido mucha relación?
La verdad que no tengo ni idea. Lo único que echo de menos y que secretamente espero que ocurra es que se forme una escena con este tipo de música. Llevo mucho tiempo esperando a ver qué hace gente como Soleá Morente, por ejemplo. Ojalá que pase algo como lo que sucedió en Sevilla en los años 70 con Smash, Triana, Veneno y ese tipo de grupos de “flamenco progresivo”. Hay veces que me siento un poco sola, y echo de menos que haya más ruido con este tipo de propuestas, no tanto por mí, sino porque creo que da mayor pluralidad a un tipo de música híbrida, que unifica escenas, tradiciones y tendencias.

Hay algunas voces femeninas, igual… Rocío Márquez, Sílvia Perez Cruz, De la Puríssima, incluso La Bien Querida, de alguna manera… Como una especie de “riot flamenco”…
¡Hostia, qué guapo! (risas) Puede ser, sí. Algunas igual están más orientadas a la renovación del folclore, pero a mí me gustaría que se radicalizara un poco más, poder hacer incluso algo así como techno flamenco.

“He roto esa barrera de autocensura de identificarme con las cosas como mujer, que a veces desde algunos círculos del activismo feminista se cuestiona”.

Eres activista feminista declarada, y una de las cosas que se te achacó en “Cásala” es que la gente no encontraba ese compromiso en las letras. En “Hondo” hay canciones como “Quise ser” o “Dejadla sola” que sí son muy explícitas en este tema. ¿Lo buscaste aposta esta vez?
Totalmente. Fíjate que para ese tipo de cosas, entre otras muchas, sirven las reseñas, las críticas y las entrevistas: yo leo todo con mucho detalle, porque igual sí que después de “Cásala” me despertaron esa sensación de que si bien había hecho un disco que en mi cabeza es muy político, también era muy críptico, y la lectura que se podía hacer de las letras podían variar mucho según quién la escuche. Quizás “Cásala” era más metafórico y en “Hondo” me la juego más, es más explícito en algunos temas: tenía palabras claves que quería meter, como “mujer”. Aunque al principio mi idea es que fuese un disco sin género, ni femenino ni masculino, al final soy una mujer y me identifico con las cosas como mujer y tenía cosas que decir al respecto. Quizás he roto esa barrera de autocensura de identificarme con las cosas como mujer, que a veces desde algunos círculos del activismo feminista se cuestiona.

De alguna manera, “Cásala” nació en las acampadas del 15-M; pero es en “Hondo” donde hay un componente político, al menos de política de género, más explícito. ¿Cómo es esto?
Pues que soy muy lenta para todo (risas): emocionalmente, creativamente o asimilando las cosas; soy lenta para todo. En su momento, a la vez que iba a cinco manifestaciones a la semana o teniendo asambleas feministas cada dos días, yo hacía música; y vivía tantas cosas a la vez que creo que no me dio tiempo a asimilar todo lo que hacía y todo lo que yo era. Creo que es una cuestión de procesamiento, porque en cuando decidí parar, distanciarme de las cosas activamente pero sintiéndolas de la misma manera o más, es cuando pude expresarlas como quería.

Eres una bandera de la autogestión. Ahora, a falta de uno, tienes tres sellos: New Hispanik, PONK y Warner, que es una multinacional. ¿Cómo vas a gestionar todo eso, sobre todo desde el punto de vista de la filosofía que siempre has llevado con el proyecto?
Ahora es todavía todo más autogestionado, porque no sólo tengo que gestionarme a mí sino también los tres sellos. Para mí la historia venía de la necesidad de delegar un poco, porque me vi muy débil y sin fuerzas para poder poner en marcha el mecanismo yo sola otra vez. Lo que sí siempre lucho y seguiré haciendo es la independencia creativa: ahora mismo me encuentro en un proceso de búsqueda de equilibrio entre intentar buscar más visibilidad para que sea más sostenible el proyecto y mantener la independencia creativa, y creo que lo he logrado, porque con el sello grande (Warner) firmamos sólo por este disco y es un contrato sólo de licencia, que es el de menos responsabilidad por ambas partes: ellos sólo se tienen que encargar de distribuirlo. Es algo que quería probar. En el mundo de la autogestión muchas veces hay un purismo que acaba ahogándote, y no debería ser así; debería ser mucho más abierto y permitir que se te ayude. Yo encontré la ayuda de esta manera. Sé que no hay pocas contradicciones con esto, como no poder poner el precio libre o no poder colgarlo en mi propio Soundcloud, pero lo he aceptado para poder estar un poco más relajada haciendo lo que creo que tengo que hacer: música.

Hace unos días subiste un post en tu página, y había como una sensación no sé si de arrepentimiento pero sí de indefinición, sin saber si te gusta del todo la situación en la que te encuentras… ¿Vas a piratearte tú el disco y hacer un ejercicio de desobediencia civil?
Uy, no sé si igual debería revisar el tono. Es complicado. No sé cómo habrá sido recibido en Warner. Es algo que me preocupa, porque yo pirateo música, y sé que un disco “pequeño” no es tan fácil encontrarlo en los torrents, y sobre todo si está, quizás lo esté en mala calidad, y me preocupa que la gente lo escuche de cualquier manera porque es un disco que me costó muchísimo el trabajo de producción, las frecuencias… Y me preocupa mucho la idea de que la gente escuche el disco de una manera que no es la más justa para nadie. La gente que quiera contactarme para pedirme lo que sea, sabrá dónde encontrarme, voy a estar del otro lado, en el mail, en las redes… Y en ese post era un alegato de la comunicación libre, abierta y directa más que una confesión de mis dudas, que siguen estando ahí.

Nunca se sabe qué es lo que puede pasar: imagínate que “Hondo” es un boom y se abren muchísimos canales. ¿Sientes que estás preparada para trascender, a formar parte de la escena a una escala mayor?
La verdad es que no creo que pase nada especialmente grande. Igual crece un poquito pero no tengo previsión de que lo pete mucho. Es música muy freaky. Tengo muy clara la separación entre cuándo termina mi parte del disco y cuándo empieza la de la persona que lo está escuchando. No creo que nunca me afecte al nivel de que me paren por la calle, por ejemplo…

¿Y estarías preparada, en caso de que la cosa crezca a cierto nivel, para dejar de tocar en sitios como Vaciador 34, La Faena II, el Espacio Naranjo…?
Creo que se puede combinar el underground con el músico profesional que vive de ello, que se lo conoce y tiene visibilidad en ciertos circuitos. Si es necesario me busco un álter ego, ¿te imaginas? (risas) Todos esos sitios y círculos que mencionas son parte de mí, y seguramente Hondo no existiría si yo no hubiera y siguiera teniendo contacto con todo ello, y pretendo que así siga siendo: seguir abriendo puertas pero sin rechazar las cosas que forman parte de mí. Para mí el hecho de que haya salido el disco hoy es el final de él, mi responsabilidad ahora mismo está en otro lado.

¿Y qué hay en ese ‘otro lado’?
Tocar un montón (espero que tocar con banda, que es como está concebido el disco y que los promotores no rateen el caché y así la gente pueda ver el show de “Hondo” como está concebido de verdad), vivir bien, descansar y poder llegar a mi gran meta: el techno-flamenco.