NOMBRES SECRETOS, CORTINAS, COSAS QUE PERDIMOS EN LA QUEMA, CANCIONES PARA UN PILOTO MUERTO, POSIBILIDADES DE ESPERANZA, LARGAS DIVISIONES, NAVIDADES TEÑIDAS DE BLANCO… EL MICROCOSMOS DE LOW NOS AFERRA CON FUERZA A LA TRISTEZA COMO VÍA EXPIATORIA.

Náufragos de la cadencia, los norteamericanos Low han forjado a lo largo de casi una década un recorrido musical en pendiente. Herederos involuntarios del sabotaje rítmico de Codeine y la épica desarraigada de Red House Painters, este trío de Minnesota ha sabido cercenar alientos y bombeos gracias a un discurso donde la belleza y el rigor melancólico siempre han sido lo más importante. “Things We Lost In Fire”, su sexto y nuevo disco, busca en la ´inmediatez pop´ su fuente de identidad. Alan Sparhawk, tercer miembro en discordia de la banda (Zak Sally y Mimi Parker completan la alineación), trata de explicar los detalles del disco y del grupo a través del hilo telefónico. “Creo que cada disco es distinto, en cada disco intentamos hacer cosas diferentes. Y unas veces tenemos más éxito que otras… no sé, para mí es difícil elegir un disco, decir cuál es mi favorito. Este disco es donde estamos ahora, es lo que tratamos de hacer en este momento”. Y han hecho un ejercicio desgarrador sobre la apacible normalidad del ser humano.

“De todas maneras, nuestra aproximación a la lentitud es muy diferente de la de Codeine”

Para ello se han rodeado de numerosos colaboradores que se han encargado de redondear y enriquecer su discurso. “Durante años hemos experimentado con cosas simples y ahora nos sentimos muy cómodos añadiendo cosas y elementos a nuestra música. Ahora ya sabemos exactamente qué es lo queremos en cada ocasión, en cada momento. Y si queremos una parte con cuerdas, sabemos perfectamente cómo la queremos”. En todo caso, no cabe duda que su nueva obra sugiere choques melódicos hasta ahora desconocidos en su línea expresiva. Echamos un rápido vistazo a “Sunflower” o “Dinosaur Act” y rápidamente nos damos cuenta de ese chispazo de accesibilidad (siempre dentro de los estrechos márgenes aperturistas de una formación como Low) del que hablamos. “No creo que fuera nuestra intención sonar más accesibles. Simplemente intentamos escribir buenas canciones y dejar que fueran las propias canciones las que hicieran lo que tenían que hacer… no nos preocupa si ahora puedan sonar más o menos accesibles. En cierto modo queríamos que fuera más agresivo que antes. En el pasado hubo numerosas ocasiones en las que ralentizamos las canciones y las calmábamos porque nos daba miedo ir más allá de lo que significaba Low, de lo que estábamos haciendo. Esta vez hemos decidido dejarnos llevar y el resultado nos gusta mucho”. Y todo ello sin olvidar que es Steve Albini, el hombre que obtiene petróleo… bueno, keroseno, de las baterías, la furia impenitente del estudio, quien ha ´grabado´ (¿eufemismo o verdad como un templo?) el álbum. Una relación estrecha entre grupo y ´grabador´ que parece fructífera y enérgica. “Él entiende lo que intentamos hacer. Cuando le explicamos qué es lo queremos o adónde queremos ir, Steve trata de llegar a ello cuanto antes. No nos gusta invertir mucho tiempo buscando y haciendo las cosas… y en ese sentido, Steve Albini trabaja deprisa y bien”. En una época que ha empezado a entender la importancia de la tristeza y la aflicción en los pentagramas como salvoconducto emocional, la música de Low se siente esencial, importantísima. Si en un principio fueron Codeine y Seam los encargados de dejar legado y huella, de trascender, en una palabra, ahora son Low quienes recogen pleitesía y admiración por parte de esas nuevas bandas que ya nacen abatidas por dentro y por fuera. “Es muy extraño. Está claro que hay muchas más bandas tranquilas y lentas ahora que hace seis o ocho años. Es bonito pensar que hayamos podido influir en la gente. Es algo muy halagador. Con respecto a las comparaciones con Codeine, debo decirte que al principio nos molestaba porque nosotros intentábamos hacer algo muy distinto de lo que hacían Codeine. Son comparaciones que entiendo porque en esa época no había muchas bandas lentas; de todas maneras, nuestra aproximación a la lentitud es muy diferente de la suya”. En todo caso, la profunda desdicha, la infelicidad inalterable que respiran cada una de las canciones escritas por Low, sigue tocada por la mano del genio y la hondura propias de las referencias únicas y casi inalcanzables. “No sé si tristeza es la palabra. Seriedad, humildad, verdad, ser directos, ser calmados y silenciosos… sí, quizás sea eso último. No sé, intentamos contar nuestra verdad con calma”.