Tan solo un año después de publicar su EP debut, La Niña Hilo indaga entre nuevos ritmos y voces presentando su segundo trabajo “A la espera”, un álbum en el que ha calado la electrónica y confirma la evolución del grupo navarro.

“Es evidente que hoy somos más electrónicos que ayer. Puede verse como una evolución, realmente nos sentimos muy cómodos creando bases de ritmos, estrujando los sintes de nuestro estudio e impregnando de ritmo a las canciones”. Canciones que fueron evolucionando desde los directos donde los ritmos electrónicos eran clave, lo cual “hizo esencial incluirlo en la grabación”. Grabado entre Montreal Studios y los estudios del grupo, al igual que su EP “Prologo”, este álbum “A la espera” ha sido fruto de un extenso trabajo “dándole vueltas a las canciones durante meses”, tras cuyo proceso han compartido las tareas de mezcla y producción. En ambos trabajos contaron con la colaboración del productor Hans Krüger, pero ha sido sobre todo en este primer largo donde la experiencia les ha ayudado a definir aún más su estilo, “con Hans nosotros teníamos claro lo que queríamos y él sabía cómo darle un punto extra”. Como ya ocurrió en su día con los guipuzcoanos Delorean, y de la mano del mismo productor, en un giro hacia un aspecto más bailable de su música, La Niña Hilo avanza hacia aquellos terrenos, “las influencias electrónicas fluían por sí solas”.

Se encuentran en sus referencias a inmensas voces como P.J. Harvey o Nina Hagen de enorme carisma con las que conectan y se identifican, “espejos que me encanta ponerme delante”, como explica Laura Recarte, cantante de la banda que formó junto al guitarrista César Bueno para dar salida a su nuevo proyecto tras la disolución de Matti. “De las ganas de cambiar de registro de César y de mi curiosidad nacieron nuevas ideas”. Si bien aquellas musas son modelos de inspiración, no cesan en su búsqueda. Sobre las bases de ritmos explora registros de voz, instrumento esencial, “tratando de evitar la linealidad”, y “en busca de su propia identidad”. Y la encuentran de manera inesperada, como bien podrían definirse si fuesen una palabra: “serendipia” o hallazgo afortunado. Construyendo música para la diversión, ellos serían de “terciopelo y color neón”, sobre “ópera y sintetizadores”, y en una visión se imaginan a “estorninos volando en manada cuando se apaga el día”. Porque ellos recuerdan que “si no miras el cielo difícilmente verás las estrellas”, y se sobreponen de los avatares con canciones como “Bus Stand Up”. 30 segundos antes comienza “Sit”: “nos recuerda que hay que estar preparado para no estar preparado”.

Cada actuación supone una puesta de escena y en estos procesos también hallan su inspiración. Laura, como diseñadora de moda, vincula patrones y dibujos con letras de temas. “Mientras “tejía” la letra de “State of Glory” tenía siempre en mi cabeza un dibujo que hice en acuarela hace un tiempo”. Letras en inglés, acorde con su estilo, que “se lleva a casa, al trabajo, a la bicicleta…” y que surgen desde el principio antes de incluso armar sus canciones.

Felices de haber teloneado a Vive La Fête, estarían encantados de poder hacerlo para Björk, pero más allá de diosas e influencias, seguirán experimentando y apostando por la calidad para abrirse y ampliar horizontes. Ya lo hicieron en Japón y en Nueva York (desde su aportación para Dingus) y aunque el proyecto “ha recibido muy buen feedback”, la esperanza persiste en consolidar su atención nacional.