Apenas había terminado la celebradísima gira de presentación de su debut, “¿Quién nos salvará?”, cuando el nutrido combo burgalés se metió otra vez en el estudio, así, casi sin sacarla como quien dice, para grabar su nuevo trabajo “La primavera del invierno” (Mús Records/Gran Sol, 15).

La Maravillosa Orquesta del Alcohol es un grupo de tradiciones. Quizás por ello hayan vuelto a grabar su nuevo disco al mismo caserón de los estudios Gárate (Andoain) en el que grabaron su anterior referencia. Ahora bien, con nuevo productor, Santi García (Standstill, The New Raemon, Toundra) y colaboradores como Gorka Urbizu (Berri Txarrak) y María Rodés. El cantante David Ruiz y los suyos ya han estado presentándolo en acústico por siete ciudades españolas, y ahora llega el turno de los grandes escenarios, empezando por el San San Festival. Por cierto, buen título para ponérselo un poco difícil a las descargas ilegales. Si uno pone La MODA junto a las palabras “primavera” e “invierno” en google, lo primero que aparece son, obviamente, webs de revistas fashion… “Cuando llegamos al estudio nueve canciones estaban ya cerradas”, cuenta David mientras se toma un refresco (¿un refresco? ¡eh! qué pasa con el nombre del grupo!) en un bareto de Malasaña, demostrando que para más inri llevaron los deberes casi terminados. “La última, que es la que cierra el disco, la hicimos allí. Es curioso, la última canción del disco anterior también la escribimos en Gárate”. El lugar, además de estar ubicado en un placentero remanso de paz “sin cobertura, sin móviles, que inspira mucho para pensar en cómo interpretar las letras de las canciones”, ofrece unas condiciones de grabación estupendas. “Sí, yo no sé mucho de eso, pero los técnicos nos decían que la sala es perfecta, grande y alta, con un rebote muy especial que hace baterías muy amplias. Además creo que tienen una mesa que sólo la tienen otros dos estudios en toda España”, dice David. Mientras, yo me pregunto cómo puede uno componer un disco estando de gira, sobre todo en una tan especialmente ajetreada como la de “¿Quién nos salvará?”, con casi cien conciertos en un año. Y resulta ser una pregunta que incluso a él le cuesta responder. “Pues no sé macho, es que empezaron a salir las canciones, como solas. En otros grupos las cosas no funcionan así, pero nosotros nos dejamos llevar cuando sale. Nos pusimos a tope, tocando lo viejo en directo viernes, sábado y domingo y ensayando lo nuevo el resto de la semana. Notábamos que estábamos en forma, había que aprovecharlo”. De todos modos, no hay caminos de rosas cuando de grabar un disco se trata. “Cierto, hubo mucho curro y ha sido muy duro. Un viernes te subes a Galicia a tocar, para el sábado bajarte a no sé dónde… y el lunes a las ocho de la mañana le vuelves a ver el jeto a los ocho tíos con los que has pasado todo el fin de semana recorriendo miles de kilómetros. Menos mal que se mantiene el buen rollo entre nosotros (risas). Que también hay momentos malos ¿eh? Pero eso es como la familia, tío, que hasta de lo malo sales más unido”.

Tanto tocar ha hecho que, a pesar de que no sean unos músicos que buscan el virtuosismo, sí hayan escalado un peldaño en cuanto a técnica. “Sí hemos notado que, joder, que hemos dado mucha caña y que hemos mejorado. Hemos notado que ahora podemos llegar a más sitios, sin ser Steve Vai, pero sí encontrando nuevas formas de expresarnos, que antes ni habíamos imaginado. De hecho, Santi (García, el productor) fue a vernos al festival Cruïlla porque además iba de técnico de Nueva Vulcano, y cuando nos vio nos dijo: ‘Joder chavales, del primer disco a lo que acabo de ver hay una diferencia de la hostia. Habéis pegado un subidón muy serio, hay mucha más garra eso hay que reflejarlo como sea en el nuevo’. Eso ya lo decidiréis los periodistas y la gente que lo escuche, pero yo creo que lo hemos conseguido”. Obligatoriamente aquí vuelve a salir la cuestión del productor, en particular la cuestión de por qué no acabaron la faena con Diego Galán, que produjo su debut y en esta ocasión sólo participó en los primeros tramos del proceso. “Es una persona con la que nos entendemos muy bien, como un miembro más del grupo. Nos ha enseñado mucho y hemos aprendido mogollón con él, pero yo quería que el sonido esta vez… eh… porque Diego no es productor, Diego es músico y es arreglista. Ha escrito e interpretado los arreglos de cuerda del disco, pero no es un productor. Yo quería un tío que cogiera el disco y lo hiciese sonar de una manera personal. Yo he escuchado lo que ha hecho Santi con The New Raemon, con Toundra, con Nothink, con María Rodés, y todos esos trabajos son diferentes y todos tienen algo muy personal. Por eso contamos con él”.

La M.O.D.A. no querían repetir es “la fórmula” del disco anterior o de sus dos Ep’s (“No Easy Road” y “The Shape Of Folk To Come”, de 2011 y 2012), aunque tampoco querían abandonar sus señas de identidad. “Es algo muy jodido, es hilar muy fino. En eso es en lo que nos hemos dejado la salud”, bromea David. “Si haces las cosas sin pensar en las expectativas que puedan poner los demás, ganas libertad, pero lo malo es que los críticos más cabrones somos nosotros mismos. Es una sensación rara. Si hubiéramos querido repetir un ‘Nómadas’, un ‘Los hijos de Johnny Cash’, hubiera sido muy fácil. Venga chavales, un banjo por aquí, un bombo por allá, y listo. Pero yo he querido ofrecer algo diferente. Si he hecho estos fraseos en este disco es por eso. Luego la gente lo despachará en media hora y ni se dará cuenta, pero, joder, detrás hay un curro real de escribir en castellano. Y oye, es fácil acabar sonando o a Extremoduro o a La Polla Records o a El Canto del Loco, o incluso a la versión española de no sé qué grupo extranjero. La gente lo ve así. Y salirte de ahí y conseguir que no le recuerdes a nadie…. He trabajado con cada sílaba, cortar, pegar… no sé quién dijo una vez que no se consideraba artista, sino artesano. Y yo me siento identificado con eso. Cada vez tengo más herramientas para acercarme a lo que busco, pero a la vez también tengo más presión de mí mismo, más exigencia, y sinceramente, no me vale quedarme en la zona de confort. No voy a meterme a hacer techno industrial, eso está claro, pero no me molaría hacer un disco nuevo y darme cuenta de que es clavado al anterior”.

Esos niveles de exigencia en La Maravillosa Orquesta del Alcohol no se quedan ahí, en el aspecto creativo, sino que llegan hasta las entrañas del funcionamiento de la máquina. “Nos hemos autoeditado para tener el máximo control. Somos como un equipo de amiguetes que ha montado un equipo de fútbol para pasarlo bien, pero que de repente se ve ganando un partido tras otro. No vamos a aceptar que venga ahora un entrenador a decirnos cómo tenemos que hacer las cosas. Y ha habido ofertas, eh. Y tentadoras, porque la mitad de nosotros no tiene curro y la otra mitad tiene cuatro duros. La autogestión también es para nosotros una muestra de honradez. Por ejemplo, ¿cómo vamos a tener la cara de organizar un crowdfunding si hemos estado ganando dinero con la gira?… Yo respeto que lo pueda hacer otra gente, pero en este grupo pensamos que hay que ser responsables de lo nuestro. Para eso también somos como una familia. Claro que molaría pedirle el dinero a los fans y así poder vivir un poco más desahogados, pero nosotros creemos que el grupo es nuestra propia responsabilidad, y de nadie más. Nuestro dinero lo invertimos en nosotros”.