Estos catalanes llevan tiempo siendo uno de los exponentes más sólidos y punzantes de un terreno casi virgen en nuestro país, ese en el que el indie está a salvo de sus pecados de dogmatismo y en el cual el mercadeo masivo todavía no ha hincado sus garras de una manera impetuosa. Sólido y punzante, así suena “We Push You Pull” (Subterfuge).

“We Push You Pull” es el título del cuarto disco del cuarteto catalán, y primero en una recién comenzada aventura que implica a personas diferentes. “Un grupo no cambia de discográfica, sencillamente añade el equipo y recursos de una segunda discográfica al conjunto de personas que trabajan para que un grupo funcione. Subterfuge entra en escena de cara a los futuros discos, ya que nuestros tres primeros siguen en manos de BCore y es Bcore quien sigue trabajando con ellos. Digamos que si algún día llegamos a tener, por ejemplo, seis discos, los tres primeros serán de BCore y los tres siguientes de Subterfuge. Simplemente se amplía tu equipo de trabajo”. Un cambio que seguramente a muchos no pille por sorpresa. El grupo ha vuelto a trabajar con Santi en la Costa Brava. Ya saben, ambiente relajado, amistad, marujeo en las propias palabras del grupo y un sonido que vira ligeramente a unas formas más perfiladas, quizá más amables en un sentido global, lo que haga a algunos volver la mirada décadas atrás. Adolescencia y pasado mandan.

“Hay que estar en permanente estado de alerta y de renovación para seducir al público”

“Nos pasamos nuestra adolescencia emulando a nuestros grupos de guitarras favoritos y fuimos profundizando en el género hasta conseguir expresarnos perfectamente con nuestras guitarras y baterías. Una vez superada nuestra post-adolescencia nos sentimos capaces de superar las limitaciones de las guitarras, de incorporar nuevos sonidos y, en definitiva, acercarnos a los grupos de los primeros ochenta que tanto marcaron nuestros tiernos oídos cuando éramos niños y alucinábamos viendo a los Goonies o Indiana Jones”. Queda claro. No es fácil de todas maneras, y he ahí una de sus grandes virtudes, la digestión objetiva de “We Push You Pull”después del fervor en que “Rock For Food” convirtió las esperanzas de “An Investment In Logistics”. Todos ellos pequeños pasos, cada vez más diferentes entre sí, y perfectamente ensamblados unos con otros, diferentes dentro de su esencia. “’Rock For Food’ es un disco de Parchís comparado con éste. Y que conste que Parchís eran flipantes. Nosotros tenemos una enorme incapacidad para hacer una valoración objetiva de las similitudes entre el nuevo material y el antiguo. Para mi ‘First Girl I Kissed Is Dead’ se parece a ‘Slept With The Dead Girl’ de nuestro primer disco, ‘Little Scratches’ a ‘Prayers For Time’ y ‘Teletransport Please’ a ‘Rock For Food’ por ejemplo”. Lo que es indudable es que The Unfinished Sympathy saben hacer del rock un elástico que no se rompe por más que sea tocado y retocado. Sus canciones son siempre un poco las mismas y siempre nos saben diferentes. “Desde hace un tiempo, tenemos la sensación de que el mainstream va un paso por delante respecto al ‘indie’. Esa actitud que tantos buenos frutos dio en los noventa se ha quedado encerrada en su propio dogmatismo, y hoy día es cualquier cosa menos innovación. La gran industria, en los países donde ésta es fuerte y rica, siempre ha sido lo bastante inteligente para saber que hay que estar en permanente estado de alerta y de renovación para seducir al público y a veces el conformismo y el aposentamiento se encuentran dónde no deberían estar: en el mundillo ‘indie’. Las discográficas saben que Justin Timberlake es un tío bueno al que hay que nutrir con música moderna para que funcione, porque a la que saque un single que huela a refrito no se va a comer un rosco. En cambio muchos artistas independientes consideran tan importante su discurso, tan auténtico, tan personal, tan interesante para el resto de la humanidad que cambiarlo les representa una pérdida de identidad y les da miedo. La identidad la da el talento y el trabajo, no el conservadurismo a ultranza que, paradójicamente, tanto impera en lo que tendría que ser la meca del progresismo: el ‘indie’. Nuestro objetivo es tener un sueldo decente tocando la música que nos gusta. Igual que el de un informático es ganarse la vida trabajando con ordenadores o el de un jardinero cuidando flores. Después de este objetivo, nadie de nosotros tiene vocación de tener coches de lujo ni un chalet en Miami”.