Con “Destino” (Inferno Records), los vigueses estrenan sello, insisten en el rock sin prejuicios y apuntalan la madurez que ensayaron en “Intro”. El rap metal ya no es suficiente para encasillarlos. Han cambiado la potencia por la intensidad en las guitarras. Menos fraseo y más melodía en píldoras de tres minutos. Ahora, Kannon es la etiqueta.

Su tercer trabajo, “Intro” (Zero, 04), fue su primer disco. A su manera. Atrás quedaban dos entregas de género, “Denuevonunca” (00) e “Imagina” (02), potentes pero abrazadas todavía al nu metal y al rap metal. Por eso “Destino”, el cuarto en la discografía de Kannon, es un segundo paso. Como dice Uka, el bajista, “la evolución total hacia el rock, en crudo, sin apenas arreglos”. El título ya los delata. Vuelve a ser corto, contundente y abierto, pero esta vez mira de frente. “Estábamos destinados a llegar aquí”, confiesa Cody MC (Vicente; cantante). “Lo supimos al grabar el anterior”. Llegaron con veintitrés temas al estudio, seleccionaron los que podían cerrar un “disco redondo” y se quedaron con los once cortes que componen su trabajo más corto, poco más de media hora.

“Hemos cambiado la caña por la intensidad”

“Esta vez fue más fácil. Teníamos claro lo que buscábamos. Por eso, en parte, todas las canciones rondan los tres minutos, suficiente para lo que hacemos ahora: hemos cambiado la caña por la intensidad”. Lo dice Uka, y debe saberlo bien, porque la sección rítmica ha retrocedido a un segundo plano. Son las guitarras y las melodías las que sostienen, por ejemplo, “Soledad”, “Ser mayor” o “Sobran detalles”. En eso, lo reconocen, la incorporación de Anxo Bautista ha sido clave. “Es natural”, explica el bajista, “que él haya aportado su rollo old school a la composición, su manera de tocar la guitarra”. Claro que el grupo también ha crecido a horcajadas sobre la voz. Menos fraseo, más melodía, mucho esfuerzo. “Lo mío era el rap”, dice Vicente. “No sabía cantar, lo reconozco. Poco a poco he ido conociendo mi garganta, sabiendo hasta dónde podría llevar la melodía. Y el resultado, que está ahí, me ha aportado cosas que el rap nunca me habría dado”. El universo sigue gravitando sobre el mismo eje, también el de Kannon, pero las letras han aprendido a mentir. “Hablar sobre mis sentimientos es lo único que sé hacer. Pero ahora, aunque pueda parecer lo contrario, no todo es real”. Áspero, al natural, “Destino” parece un disco pensado para el directo. Vicente no está de acuerdo pero acaba asintiendo. “Cuando un tema nos gusta, nos miramos y nos damos cuenta de que los cinco estamos pensando en un escenario, porque ahí es donde mejor funcionamos”, explica. “Hemos crecido como instrumentistas”, matiza Uka, “pero seguimos sin ser unos virtuosos. A cambio, conectamos muy bien con el público. Vicente sabe cómo meterse a la gente en el bolsillo”. Y eso que la gente, esa gente, no es la misma que al principio. Desde “Intro”, el público de Kannon se ha ensanchado. Pero ahí siguen los que han crecido con ellos, un poco por encima del auténtico caladero de los vigueses. Sus incondicionales acaban de sacarse el carné de conducir. Son esos, bromea Uka, “a los que a veces hay que colar por la puerta de atrás porque no pueden entrar en locales donde se sirva alcohol”. La hora de las etiquetas se ha acabado. Por sus oídos pasa de todo, desde salsa hasta electrónica, exagerando, claro. Son porosos y se sonríen. Telonearon a Offspring ante veinticinco mil vigueses, en el auditorio más emblemático de su ciudad, el de Castrelos, y acaban de tocar con Korn en Madrid y Bilbao. Ahora, puestos a pedir, compartirían cartel con Green Day, la única referencia en la que coinciden todos. Se curtieron cuando Limp Bizkit, Incubus y Deftones eran más grandes que ahora. Reivindican sus orígenes pero son, a sus veintiséis años, veteranos del vecindario. Ahora que los grupos mueven sus primeros balbuceos a través de la red, se revelan como la última generación que distribuía sus maquetas en un cassete mal grabado en el local de ensayo. “No tuvimos Internet, pero tuvimos a Pablo Iglesias”, dice Uka, lapidario. Y lo tienen. Productor y protector antes del primer contrato, es ahora el responsable de Inferno Records, el refugio a salvo del aguacero que acabó con Zero Records. “Todavía nos quedaba un disco más con ellos, y todo iba bien, pero la piratería está forzando a las firmas pequeñas a venderse o cerrar. Y eso es lo que le pasó a Zero. De la noche a la mañana, de repente, nos anuncian que se acabó. Hubo mucha incertidumbre. Fue nuestro peor momento”. Al final escampó. Y el resultado es un disco con once cortes, un making off del trabajo en estudio, vídeos, fotos, recuerdos de su mejor Festimad y un showcase en DVD con todos los temas nuevos grabados en directo. La carga eléctrica es la misma, el voltaje de Kannon está intacto, pero la corriente ha vuelto la mirada hacia el rock clásico, sin prejuicios.