HABÍA QUE BUSCARLE A MARILYN MANSON LAS VUELTAS, LA CARNE Y EL CARTÓN. Y HAY CARTÓN. A ESPUERTAS. PERO TAMBIÉN HAY CARNE Y HUMANIDAD, Y SINCERIDAD, DETRÁS DE UN ESPECTÁCULO MONTADO SÓLO PARA EL DISFRUTE DE LOS AMANTES DEL ESPECTÁCULO Y DEL ROCK PESADO QUE SE DEJA ADORNAR CON LETRAS GÓTICAS Y SANTERÍA HINCHABLE. PORQUE BRIAN WARNER HA VUELTO A ESPAÑA PARA PONER EL PILOTO AUTOMÁTICO Y CONTAR QUE “HOLY WOOD (IN THE SHADOW OF THE VALLEY OF DEATH)” (INTERSCOPE/POLYDOR, 00) ES LO MEJOR DE SU CARRERA, LO MÁS MALIGNO Y SU DISCO CON MÁS CUENTO A LAS ESPALDAS.

Cuento sobre tres mártires-mesías-celebridades que son cuatro: Jesucristo, Kennedy, John Lennon… y Brian Warner, que acaba de meterse en la banda sonora de la segunda parte “The Blair Witch Project” (reinterpretando el tema central de “M.A.S.H.”) y de hacer una película con Alexandro Jodorowski, el de “El Topo”, para ilustrar las tribulaciones de este primer episodio de la trilogía que es “Holy Wood”, tras el que vendrían “Mechanical Animals” y “Antichrist Superstar”. Por eso ahora el personaje se llama Adam, como el primer hombre, y por eso comienza haciendo como que se sacrifica mucho en una portada en la que aparece crucificado, pero sin cruz, sin la madera sagrada que lo sujete, la Holy Wood (ay, otra trampita), a punto de caer con toda su maldad de tebeo gótico sobre nosotros. Pero aditamentos aparte, últimamente en sus entrevistas de lo que menos se habla es de música. Y si se parte de la base de que tampoco es una gran genialidad lo de haber descubierto que la prensa -menos los congregados, claro-, la gran industria y la política son los demonios de nuestros días, igual es que en el montaje de Manson falla algo y que su maquillaje hace aguas.

“Cuando creo personajes como Antichrist Superstar, Omega o Adam termino viviendo los papeles. Se puede decir que no me estás hablando a mí, sino a alguien que he creado yo”

O no. Brian tiene miedo de las traducciones y cada una de las palabras que farfulla, están sopesadas con cuidado, a pesar de que no pare de cruzar sus larguísimos dedos y de frotarse esas manos de piel transparente. Igual debieran de publicarse sus declaraciones en inglés y con subtítulos. Pero eso es una fantasía y Brian lo sabe, así que reduce las aventuras léxicas de las publicaciones americanas al mínimo y sorbe de su copa haciendo ruido, y trata de transmitir todo el encanto que puede transmitir sonriendo alguien que se empeña en mirarte a través de dos ojos que hacen como que son distintos. “Marilyn Manson es un nombre con el que di vida a todas las cosas que me daban miedo cuando era niño, así que no creo que me haya transformado en una persona diferente, porque MM es como me gano la vida, pero también describe cómo me siento. Y cuando creo personajes como Antichrist Superstar, Omega o Adam en este caso, he terminado viviendo los papeles, y se puede decir que no me estás hablando a mí, sino que le estás hablando a alguien que he creado yo, pero no interpretando un papel. Es sólo que si quiero algo, me transformo en ello, y esa es la manera en la que vivo mi vida, porque vivo en un mundo de fantasía, porque estoy aburrido con el mundo real”. Pues no será aquí donde se le culpe de la matanza de Columbine, pero lo que sí es cierto es que no acaba de casar esa arenga continua al oyente sobre el peso de la muerte, las drogas, la violencia y ese abandono posterior a la hora de las toallitas desmaquilladoras, que nunca llevaron a cabo sus ídolos Bowie, Cooper, Reznor o el mismo Lennon, al que ahora versionean. Incluso hay periodistas que buscaban la energía de su doctrina y se encontraban con una cortesía tan contradictoria, como poco conveniente, incluso para la casa discográfica. “No trato de ser anormal, y si a algún periodista no le ha gustado, puedes mandármelo otra vez y le daré un puñetazo en la cara. Digo lo que pienso, y si eso les disgusta, no sé qué esperan de mí”. Fácil. La provocación y la crudeza de sus discos. “Creo que es una tomadura de pelo responder a alguien tratando de provocar. He trabajado mucho creando imágenes y música, así que cuando doy explicaciones trato de ser muy razonable, y le doy a la gente lo que ellos me dan a mí. Si la gente es educada, yo lo soy con ellos”. Bien. A medias. Porque esa corrección no es tan necesaria cuando los hermanos Gallagher viven a golpe de rudeza, además de congeniar poco con la bestia que guarda en alguna parte. Pero tampoco se trata exactamente de provocarle, ni de preguntar por enésima vez sobre si es o no el chico aquél de “Aquellos Maravillosos Años” -la mayor curiosidad de una gran parte del público español-, sino de dejarle hablar sobre su vida, porque “Holy Wood” pretende ser un reflejo de su desencanto vital. “Cuando escribí “Antichrist Superstar”, salió de un sueño en el que me veía como soy hoy y trataba de llegar adonde he llegado, por lo que tenía que seguir una transición completa y continuar con “Mechanical Animals”. Y ahora había que volver al principio, y pensar de dónde nace todo. Y la historia que relaciona los tres discos se parece mucho a la mía. Trata sobre alguien que es muy ingenuo e idealista, un chico que quiere formar parte de este mundo tan grande y perfecto, y no le aceptan. Cuando formas parte del mundo, te das cuenta de que todos tratan de que manifiestes tu ira, y tu ira se transforma en revolución porque piensas que puedes cambiarlo todo. Y este disco trata sobre esta parte de la historia, de la revolución. Pero la revolución no cambia el mundo, sino que el mundo cambia la revolución y la convierte en otro producto más, que es sobre lo que cantaba en “Mechanical Animals”, donde puedes tomar la decisión de destruirte a ti mismo o destruir todo lo que has creado. Eso lleva al final de mi transformación en “Antichrist Superstar”. Pero el tiempo se agota y, entre el revuelo de los autógrafos, Brian me coge la mano. “¿Quieres que sea yo de verdad?”. Sí. Y sonríe como un niño. Adiós Brian.