Enfrentados a su segundo trabajo, los californianos Avi Buffalo, en realidad la criatura musical casi en solitario de Avi Zahner-Isenberg, publican “At Best Cuckold” (Sub Pop/Popstock!, 14), una completa e inspirada tesis de pop y folk de inspiración clásica con la que se confirma la precoz madurez de su líder: pequeño genio.

Avi Zahner-Isenberg publicó su deslumbrante disco de debut recién salido del instituto y se vio inmerso de repente en una imprevista espiral que lo llevó a ser uno de los músicos más cotizados de su generación casi de la noche a la mañana. “Recuerdo las giras interminables”, comenta él. Antes de la edición de “Avi Buffalo” (10), Zahner-Isenberg tenía sus propios planes: estudiar música y convertirse en músico de sesión (algo que, de hecho, ha logrado). “Pero cuando empecé a componer estas canciones comprendí que había otro modo de ser un músico profesional, que podía lograrlo interpretando mis propias canciones”. Incluso ahora, cuatro años después de la edición de ese primer disco, el músico californiano resulta insultantemente joven y, encima, “At Best Cuckold” sugiere una madurez directamente incoherente con su partida de nacimiento (está a punto de cumplir veinticuatro años) y eso se debe en parte a que se vio obligado a quemar etapas rápidamente si quería mantener la cordura a lo largo del proceso de creación de su segundo álbum, una personal reformulación de las esencias del pop clásico, de Neil Young a Fleetwood Mac. “Creo que el disco refleja perfectamente, y no por casualidad, lo que han sido para mí estos cuatro años, incluso desde antes de que nuestro debut fuera publicado, al fin y al cabo alguna de las canciones de ‘At Best Cuckold’ son de la época en que terminamos de grabarlo. Ha habido mudanzas, giras, relaciones sentimentales, más giras… Incluso el hecho de tener que hacer un nuevo disco está reflejado aquí”. Expuesto así, podría haber titulado el álbum “Los avatares del joven genio pop”. Porque Avi Zahner-Isenberg definitivamente lo es o se le parece bastante: un tipo menudo tan lleno de talento que se basta solo para grabar y que apenas llama a sus compañeros de banda o a productores externos cuando lo cree necesario, una práctica que también implica sus riesgos. “Supone una responsabilidad extra, pero creo que también es la mejor forma de trabajar cuando sabes realmente lo que quieres”, explica. Y lo que quería era un trabajo “más colorista, pero en un sentido oscuro. Es un disco con un montón de capas de sonido y a la vez un álbum más relajado que el primero, más tranquilo. En ese sentido se parece a las canciones que estuve grabando en casa antes de publicar nuestro debut, más pausadas y tranquilas. Quería que el disco tuviera ese tono, pero que también tuviera un sonido de más calidad, grabarlo mejor. Trabajamos un montón con cada pista, tanto en casa como en diferentes estudios, tanto en digital como en analógico. Experimentamos bastante en todos los sentidos”. El resultado es un álbum que debes ir pelando poco a poco, también a la hora de interpretar el significado de unos temas en diferentes grados de gris, algo de lo que él es plenamente consciente. “Exige varias escuchas. No fue algo premeditado, pero el disco refleja una historia coherente si lo escuchas de principio a fin y eso me gusta. Siempre le he dado mucha importancia a mis letras y creo que en esta ocasión tienen más protagonismo”.

En todo caso, el proceso de grabación ha sido tan laborioso que Avi Zahner-Isenberg estuvo a punto de perder la cabeza y la salud, hasta ponerse definitivamente enfermo. “Justo después de terminar el disco mi cuerpo me dijo basta. Había estado trabajando en él durante cinco años y de repente me puse enfermo, justo cuando comprendí que ya no dependía de mí, que ya no estaba en mis manos. Ha sido un proceso estresante, la verdad. Pero ahora me siento muy feliz: estamos tocando de nuevo, interpretando estas canciones, y todo es muy emocionante. Cada concierto es diferente, tanto para el público como para nosotros, porque a pesar de que hemos estado ensayando duro hemos querido dejar algo de espacio para la improvisación y eso hace de cada noche algo especial”. Y es ahí cuando su voz adopta un tono completamente distinto. Zahner-Isenberg asume que los sacrificios y los meses encerrado en casa de sus padres haciendo overdubs han servido para algo y que tiene entre manos precisamente el disco que quería y la oportunidad de lanzarse a la carretera con su banda. “Todavía estoy redescubriendo posibilidades para las canciones, pero espero que para cuando pasemos por España las hayamos mejorado respecto al disco. Estamos en ello”.