Entrevistar a Josele Santiago siempre es grato. El madrileño es un excelente conversador. No porque su discurso sea fluido, de hecho, lo es menos que sus canciones, sino porque Josele piensa cada respuesta, la recapacita, la analiza y después te la da. Te entrega casi sin saberlo un montón de reflexiones de esas que calan. Eso sí, Santiago se presentó esta vez mucho más suelto que en nuestro anterior encuentro, cuando apenas iniciaba su carrera en solitario. Ahora, esta ya se ha asentado y además Los Enemigos han recuperado el vuelo. Quizá por ello habla con la seguridad del que siente que está haciéndolo bien. “Transilvania” (Autoeditado/Altafonte, 17), su último disco, es otra prueba más de ello.

Para empezar tengo que preguntarte como compaginas tu vida con Los Enemigos y tus discos en solitario.
Pues lo llevo bien, de momento. Es un poco complicado cuando empiezan los ensayos, que será ahora, pero es un lujo, la verdad. No recuerdo a mucha gente que pueda permitirse algo así. Para mí son dos vehículos distintos de expresarme y está muy bien porque el repertorio de Los Enemigos es una pena que estuviera ahí olvidado.

Te acabas de venir a vivir al centro de Barcelona.
Sí, estaba viviendo en Castelldefels y hace un par de años me vine a la ciudad. La verdad es que es un sitio en el que me encanta vivir.

Me ha chocado el título de “Transilvania” para el disco.
En seguida te viene a la mente el Conde Drácula, los castillos tétricos, la gente supersticiosa, el miedo… Es algo que me encajaba para las letras. Un paisaje abrupto en el que la gente está algo descolocada y temerosa… La prosa de la vida se parece un poco a esto. Hay un miedo generalizado a no se sabe qué, pero estamos todos dentro. Abrir una hipoteca es algo parecido a que te venga el Conde Drácula. Yo busco imágenes y es un título muy chulo. Además, después me enteré que etimológicamente significa más allá de la selva, y me parece que ilustra muy bien lo que quiero decir.

Tus canciones están cargadas de imágenes, efectivamente.
Me gusta ser muy cinematográfico, evocar cosas con mis letras de manera más o menos inmediata.

El primer single fue “El bosque”, que a mí me parece una canción muy rock. Quizá de las más rockeras del disco.
Yo creo que todo el disco es rockero. Hemos estado de acuerdo en casi todo, Raúl (Refree) y yo. Él es un tío muy abierto que puede producir tanto flamenco como a Lee Ranaldo. Me apetecía jugar con sintetizadores, por ejemplo, algo que no había hecho con Los Enemigos y sabía que él era algo que dominaba.

Ahí está el ejemplo de “Saeta”, un tema muy arriesgado.
Puede ser, pero en realidad es la clásica canción rock de estrofa, estribillo, estrofa… Lo que pasa es que hablaba de un tema complicado como es los curas pederastas y con ese trabajo instrumental quisimos incidir en lo turbio del tema. Pero al final todo son canciones que superaran la prueba de la guitarra acústica. A mí me gusta que sea así. No me gusta pensar en estilos cuando escribo, intento huir de ellos.

A mí me da la impresión de que el disco tiene dos partes, una más clásica y otra más arriesgada en la que la mano de Raúl es más evidente.
Tampoco te creas que Raúl ha estado todo el día ahí cambiando cosas por sistema. Ha sido muy generoso con su tiempo y hemos grabado muchas versiones de todo. Eso nos ha permitido escoger. En “Saeta” es evidente que su mano está más presente pero sus aportaciones me parecieron fantásticas. Ese tratamiento tan radical le venía de puta madre. Yo busco gente que me haga sonar actual, que es lo que me interesa.

Te metes siempre en temas espinosos en tus letras, sobre todo al describir personajes. Ya hemos hablado de curas pederastas, hay un Guardia Civil en otro tema….
Es que Chuck Berry ya se murió. Yo hablo de las cosas que veo a mi alrededor y que me llaman la atención. Está muy bien lo de hacer música para divertirse, pero también lo está el hacerlo para señalar que algo está pasando, que ahí hay algo a destacar. Me encanta una frase de El Cabrero que decía “quien vea un mundo perfecto que le siga cantando a los faroles de la feria de Sevilla”.

Me encanta que hayas citado al Cabrero…
Es un tío que admiro una barbaridad. Yo no entiendo mucho de flamenco, pero es que no se puede ser más auténtico ni más coherente.

¿Hasta qué punto conocer a Xarim Aresté y trabajar con Very Pomelo ha influido en tu música?
Esencial. Yo andaba por ahí con ganas de tener una banda con la que ensayar y un día su guitarrista, Edgar, me llevó al estudio a tocar con ellos. Fue una maravilla. Además, es que tienen mucho talento. Xarim es un genio y un guitarrista estratosférico. Se ha convertido para mí en una especie de hermano. Son gente muy abierta pero también fieles a una tradición. Fue muy regenerador para mí y ayudaron a que no perdiera la ilusión, cosa que ha pasado con muchos músicos de mi generación. En muchas canciones de “Transilvania” es evidente la influencia de haber trabajado con Very Pomelo.