En menos de cinco años, el joven productor de Montreal ha conseguido reescribir la historia del house moderno y postularse entre los artistas de música electrónica más punteros a nivel internacional. Tras varios EPs publicados, un puñado de remixes y colaboraciones con nombres como The XX, Tinashe o los mismísimos Radiohead, Jacques Greene regresa con su primera puesta de largo, Feel Inifinite (LuckyMe, 2017); un trabajo exacto en cada una de sus piezas en el que el canadiense vuelve a demostrar su solvencia a la hora de crear rompepistas, pero también su faceta más introspectiva y cinemática. Hablamos con él.


 En la nota de prensa explicas que tu intención con este disco no es otra que celebrar “todo lo que sentimos, hacemos y experimentamos. Lo bello, lo bueno y lo malo”. Concrétanos un poco.
Conocí los clubs a los 19 años. Bailar esa música rodeado de gente fue para mí una especie de liberación personal. Me fascinaba cómo el contexto de club podía hacerle a uno sentirse uno mismo. Por eso, cuando hago música procuro siempre remitirme a ese sentimiento liberador.

En tu caso, ¿de qué elementos te sirves para humanizar la música de club?
Mi método es bastante intuitivo, de ahí que mi música siempre haya estado en continuo proceso de construcción. Me gusta mucho el techno, pero en lo que hago me gusta que haya un toque humano, que te conduzca a una especie de complicidad sentimental. De ahí que introduzca tantos samples de voces. Mi intención no es crear únicamente música de baile, no quiero limitarme a eso. Aunque un tema parta de una base dance, me gusta tirar hacia otros terrenos.

Supongo que esa es la razón por la que has decidido introducir temas de corte más ambient como Dundas Collapse o Cycles.
Exacto. Lo bueno de un largo es que te permite jugar un poco las cartas a tu manera y ceder más espacio a la experimentación. Es como en una película; cuánta más duración, más puedes permitirte el lujo de meter esa escena de minutos antes de pasar a la secuencia de acción.

¿Te preocupa mucho cómo puntúe la crítica este debut?
Sí, por supuesto. Pero me digo, ¡demasiado tarde, el disco sale a medianoche! (Risas). Aun así me considero una persona echada para “alante”. Hace un tiempo tomé la decisión de dejar mi trabajo para dedicarme exclusivamente a la música. Sabía que era una locura pero había algo dentro de mí que me empujaba a hacerlo. Cuando hago música reacciono de la misma manera. Supongo que habrá críticas negativas, pero personalmente estoy contento con el resultado y sé que al menos he sido honesto conmigo mismo.

¿Cuáles han sido tus referentes para este trabajo?
He revisado muchas de las cosas que publiqué antes. Quería que mi primer disco fuera una suerte de celebración de lo que había hecho hasta ahora. Me siento orgulloso de haber conseguido llegar al sonido que quería. También he oído muchos discos que me han marcado en mi vida. Vivimos un momento en el que el concepto ‘álbum’ ha perdido importancia, sobre todo en la música electrónica. La gente anda siempre buscando el single o el EP. Yo he crecido con el disco.

He vuelto a oír el Silent Shout de The Knife, el Geogaddi de Boards of Canada o incluso el Antichrist Superstar de Marylin Manson. El de Manson es el típico disco que con solo mirar la portada ya sabes cómo va a sonar. Incluso si no te gusta, creo que es bastante respetable que alguien consiga llevar a cabo un proyecto tan redondo de principio a fin. Aunque mi disco no es tan conceptual, sí creo que vive en sus propias reglas, un poco como ocurre con los de The Knife.

“Mi método es bastante intuitivo, de ahí que mi música siempre haya estado en continuo proceso de construcción”

Vayamos al título. ¿Qué significa para ti ser infinito en el contexto de la música?
Es una alusión al sentimiento de comunicación y de unión con los demás. Creo que la música electrónica tiene esa parte de comunidad que invita a vivir experiencias únicas. No importa tanto el dj o el promotor de la fiesta, sino el ambiente en la pista de baile. Ya sea chavales que vienen de barrios ricos o gente de la periferia. Solo el club es capaz de reunir a gente tan dispar y hacer que todos bailen como si fueran una sola masa, disipando las fronteras entre las individualidades. Eso es para mí sentirse infinito. Hay algo de espiritual en todo esto. Digamos que para que todos nos entendamos hace falta un poco de fiesta por medio.

¿Cómo se ha desarrollado la composición y grabación de tu primer álbum como productor? ¿Ha sido un proceso largo?
Por entonces vivía en Nueva York. Había decidido aparcar un poco lo de pinchar porque durante un periodo no había parado. Hacía tiempo que había preparado un primer disco, pero no estaba contento con el resultado. Me sonaba forzado, poco natural. Supongo que porque fue algo que mi agente me había pedido. Finalmente, hace dos veranos empecé a trabajar en este disco. Todo fue saliendo de manera natural, así que en un año y algo ya lo tenía todo escrito. Es un lado que me gusta mucho de algunos discos clave de la historia del rock, como el Low de David Bowie o los primeros discos de Iggy Pop, en los que uno está menos preocupado por hallar la perfección que por capturar un momento concreto de tu vida.

Cuando escuchamos detenidamente los diferentes cortes del disco, se intuyen varios arreglos de sintes analógicos, o bien que emulan a la perfección estos sonidos. ¿Es numérico todo lo que suena?
Hay mucho analógico. Tengo un enorme sistema modular, un Roland 303, un 606, un 202… Todo lo que suena analógico en el disco viene de máquinas analógicas.

No es muy común que alguien viniendo del mundo del remix como tú opte por publicar un álbum sin apenas colaboraciones. ¿Fue una decisión deliberada?
Sí, completamente. A veces me deprime cuando escucho el disco de un artista que me gusta mucho y, o es superdiferente de lo que había hecho hasta el momento, o hay un featuring en cada una de las doce canciones del álbum. Un disco con tantísimas colaboraciones acaba perdiendo su identidad.

También está el marketing…
Sí, por supuesto. Sobre todo tiene que ver con una cuestión de marketing. Yo lo comprendo y lo respeto, pero no quería eso para mi primer disco. Solo tenemos una oportunidad en la vida de hacer algo por primera vez y quería que mi debut sonara únicamente a mí. Por eso supongo que estoy orgulloso de él.

No creo que el primer disco de alguien sea el momento de inventar la rueda ni de hacer la gran campaña viral, sino el momento de plasmar el mundo y el ADN del autor. Luego, ya se verá qué pasa.

En tu cuenta de Skype veo que en realidad te llamas Philippe. ¿Por qué Jacques?
Philippe es mi nombre real. Jacques Greene es un nombre muy típico del Québec. Mi último trabajo en Montreal antes de dedicarme a la música a tiempo completo estaba cerca de Saint Jaques y la avenida Greene. Quería un nombre que fuese real y que no sonara demasiado a pseudónimo. En realidad, me lo puse para enviar mis primeras demos a mis amigos y tener un feedback honesto (Risas).

En Feel Infinite hay varios pasajes que recuerdan al score de películas. ¿Es una rama en la que te interesaría probar?
Sueño con hacer bandas sonoras. Es algo que siempre he querido hacer.

¿Qué cineastas tendrían tu Sí a ciegas?
A nivel estético me encantan las películas de Tom Ford. A single man me parece una obra de arte. También me gusta mucho el cine de Terrence Malick, con esos planos larguísimos y esas historias un poco vacías. Creo que sería muy interesante trabajar para ese tipo de pelis. Aunque tengo que decir que hace poco vi Knight of cups y me pareció bastante regulera…

A pesar de que el grueso del disco camina por estilos como el house garage o el R&B, hay momentos en los que nos topamos con elementos y dinámicas del lado de la french touch, especialmente en el primer single Real Time. ¿Se podría traducir esto como una vía que te permite conservar tu identidad francófona?
Sí, supongo que tiene que ver porque es algo en lo que pienso mucho. Mi madre siempre me pregunta, “¿qué hay de quebequés en lo que haces?”. En el sonido no sé si se intuye mucho mis orígenes. Ten en cuenta que crecí con la cultura popular americana. Cuando era muy pequeño escuchaba algunos grupos canadienses pero casi todo lo que oía de adolescente era cosas tipo Nirvana, Aphex Twin… Hay un lado muy internacional en mi background cultural, pero mi actitud de querer explorar otros estilos hace que esté siempre entre varios mundos a la vez. Supongo que es algo que viene de ese lado rebelde e inconformista que tenemos los de Quebec, donde estamos constantemente rodeados de la cultura americana o inglesa.

Hablando de nuevo de cine, diría que Denis Villeneuve o Xavier Dolan son buenos ejemplos de quebequenses que siempre han ido en sus películas más allá de lo establecido y que representan en cierto modo ese espíritu outsider que tenemos los de aquí. Sería maravilloso poder trabajar con ellos.

Para terminar, no me quiero despedir sin saber qué piensas tú como quebequés de la poutine (especie de sopa con patatas fritas, queso cheddar y salsa de carne muy común en Quebec, poco amistosa a la vista).
¡Me encanta! Eso sí, si quieres comer una buena poutine tienes que huir de los sitios de moda. Mi lugar preferido es Chez Claudette. Un clásico en Montréal perfecto para ir después de varias copas o después de pillarse una buena (Risas).